<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174</id><updated>2012-02-01T19:59:49.343+02:00</updated><title type='text'>La Taberna Errante</title><subtitle type='html'>se permite fumar</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>37</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-7674327380076945334</id><published>2011-03-25T19:01:00.001+02:00</published><updated>2011-03-25T19:27:16.190+02:00</updated><title type='text'>La carta del Señor Valcubierta</title><content type='html'>Hace pocos días me topé con un viejo amigo, el señor Valcubierta. Era media tarde y el sol, enmascarado con un halo misterioso, estaba ya tendiéndose sobre el oeste. Hastiado de todo el día, el astro llenaba el horizonte de infinitas y maravillosas sombras bermellones, rojas, azules y violetas. Y bajo aquel matiz mágico, Valcubierta caminaba alegremente, alejándose calle arriba, enfundado en un largo abrigo negro que resaltaba su extrema delgadez y cuya sombra, enigmática entre tanto contorno alegórico, semejaba un árbol seco y retorcido. Yo, que acababa de salir del bar y de estar con unos amigos, aceleré el paso para alcanzarle y charlar con él. Hacía mucho tiempo que no le veía y me apetecía saludarle y preguntarle cómo le iban las cosas. &lt;br /&gt;¡Valcubierta!, le llamé desde unos diez metros de distancia.&lt;br /&gt;Mi amigo se detuvo de golpe e, inmóvil como una lápida, permaneció un instante así, dándome la espalda. Luego, cuando mi mano estuvo ya a punto de tocarle el hombro, se volvió enérgicamente hacia mí. Su rostro estaba pálido como la arena erosionada y parecía un muerto. Además llevaba unas extrañas gafas oscuras, parecidas a las de un soldador, y en cuanto me vio lanzó una sonrisa eufórica y tétrica y me dio la mano. Por un momento pensé que aquél no era el mismo Valcubierta que yo conocía y en mi rostro se manifestó una terrible confusión.&lt;br /&gt;¿Qué te ocurre?, le pregunté. ¿Estás enfermo?&lt;br /&gt;¿Enfermo?, Jamás he estado mejor, llevo tiempo sin comer, sólo es eso, dijo lleno de satisfacción.&lt;br /&gt;Pues tienes mal aspecto, parece que bajo tu piel no corra la sangre, le contradije sinceramente. Estás muy delgado. ¿Y esas gafas?&lt;br /&gt;Amigo mío, no te vas a creer lo que me sucedió hace... Bueno. He estado fuera. Pero no puedo contártelo ahora. Tengo muchas cosas por hacer. Cosas de vital necesidad, contestó liberando de nuevo aquella macabra y brillante sonrisa. ¿Querrás venir mañana a media noche a mi casa? Prometo contarte todo. Ahora vivo en el Plaza de las almas, en el número 7. &lt;br /&gt;Está bien, contesté desconcertado. &lt;br /&gt;Valcubierta se despidió cortésmente, abrió su boca y me ofreció de nuevo la extraña y espeluznante sonrisa. Yo regresé a casa, preocupado por la salud de mi amigo y preguntándome qué era aquello que le había sucedido y que yo no iba a creerme. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel día en cuanto terminé de cenar me acosté. Me encontraba muy cansado; había sido un día duro de trabajo y me sentía consumido. Ni siquiera leí un capítulo del libro que llevo en danza. No tenía fuerzas ni para pasar las páginas. Y, en cambio, por más que lo intenté, no pude conciliar el sueño como acostumbro. Extrañamente apenas pude dormir una hora. Me llené de insólitos sueños donde, en todos, Valcubierta era una especie de enorme sustancia sin alma que atravesaba paredes y tenía sorprendentes poderes y veía el futuro y todas esas cosas inconcebibles fuera de los sueños. Por culpa de todo esto pronto me levanté de la cama y fui a dedicarme a mis quehaceres. Estaba en una de esas épocas en las que el volumen de trabajo acaba recluyéndome por completo y, francamente, tenía mucho que hacer. Así pues pasé el resto de la noche encerrado en el despacho, a la luz de un triste flexo y trabajando aun cuando me hallaba lleno de insólitos pensamientos que perturbaban mi concentración. Al final, cuando llegó la mañana, desayuné con poco apetito y después de darme una reconfortante ducha, ya con la luz del día aliviando mi zozobra, continué con mis negocios. Y así pasé el día. Encerrado en casa, gestionando todos los asuntos y, a la vez, ansioso también porque llegara la noche. Valcubierta me tenía muy intrigado y su rostro blanquecino no se me iba de la cabeza. Por culpa de esto casi todos los negocios los cerré con demasiada precipitación y algunos, para mi disgusto, un poco a la ligera. Mi mente se desentendía de los contratos y de las cláusulas y centraba sus preocupaciones en Valcubierta. Francamente, estaba deseando con ferviente pasión que llegara la medianoche para poder ir a visitar a mi amigo y descubrir aquello que tenía que contarme. Era tal la curiosidad que se había apoderado de mí que cada diez minutos miraba el reloj en un claro signo de impaciencia. Si bien, poco antes de las once de la noche, cuando estaba preparándome y vistiéndome para ir a casa del señor Valcubierta, llamaron a la puerta. Apenas un golpe, fuerte y seco. Sobresaltado bajé de mi habitación, fui a la puerta y cuando abrí, allí no había nadie. Únicamente un sobre blanco lacrado con un exótico sello color carmesí, que alguien había dejado bien apoyado en el quicio de la puerta. Iba dirigido a mi nombre y el remitente era E. C. Valcubierta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estimado amigo, empezaba la carta.&lt;br /&gt;He recapacitado y creo que lo mejor es que no vengas a visitarme. No sé cómo reaccionarás cuando sepas mi historia. Y tengo la sospecha de que si estás frente a mí vas a asustarte. Además, me sería muy complicado ayudarte a entenderlo. Por otra parte sé que ayer te alarmaste por mi aspecto. Y lo agradezco. Estos pequeños gestos demuestran la profunda amistad que nos profesamos. Pero no te preocupes por nada, jamás me he sentido tan bien. Jamás. Qué bonita palabra. En fin querido amigo, para que veas hasta qué punto me encuentro bien, quiero que conozcas toda la historia. Te prometí que te contaría todo y así lo voy a hacer.&lt;br /&gt;Pero antes, una advertencia. Sé que más de una vez, mientras lees esta carta, te detendrás sorprendido por lo que digo. Pero no hagas caso a tu lógica, querido amigo, y sí a la sinceridad de mis palabras. Y sí, no le des vueltas a esa observación que ahora mismo te merodea pesadamente y que te dice que no estoy en mi sano juicio. Todo te sorprenderá.&lt;br /&gt;Tal como te dije ayer, he estado fuera. Concretamente en Asia. (Consiénteme, por el bien de todos, que omita el lugar exacto). Allí pasé varias semanas, involucrado en negocios. Apenas salía del hotel, siempre ajetreado con el teléfono. Y como podrás imaginar, apenas hice amistades. Sin embargo el día del eclipse conocí a alguien que, a la postre, ha cambiado mi vida para siempre.&lt;br /&gt;¿Recuerdas el día del eclipse? Un eclipse solar. Sólo visible en determinadas partes del planeta. Un eclipse de ésos que pasan, dicen, cada nosecuantos miles de años. Yo sí lo recuerdo. Perfectamente. Todavía soy capaz de desenterrar mis recuerdos con exactitud y definir hasta el último de los detalles. Es curioso cómo algunos recuerdos nos ilustran eternamente y otros se desvanecen al instante, perdidos en el vacío de nuestra conciencia. En fin, querido amigo, el tiempo atosiga. El tuyo seguro, y algo menos el mío. Así que, sin más preámbulos, allá va mi historia.&lt;br /&gt;Era un día maravilloso, a mí así me lo parecía, espléndido y claro como un destello, pero pronto la luz del sol fue alejándose de la superficie, como una ola retrocediendo silenciosa tras haber roto en la orilla. El mediodía, de esta manera, se veía forzado hacia un desconocido y nuevo mundo, arrastrando consigo cualquier sensación de claridad y color. Ciertamente parecía que, a simple vista, se estuviese haciendo de noche puesto que una especie de mancha oscura ensombrecía estricta e ininterrumpidamente todo el terreno. Al contacto de aquella enorme sombra movediza, toda existencia – natural o innatural- se iba convirtiendo de inmediato en un conjunto de siluetas oscuras y siniestras. También el paisaje se ocultaba bajo aquel matiz lóbrego y tenebroso a un ritmo calculado, exacto, como si algún artilugio horrible y preciso lo estuviese cubriendo con una malla púrpura. Mis ojos tardaron bastante en acostumbrarse a aquella luz extraña y especial. Lo hicieron poco a poco, esforzándose igual que si se resistieran a una iluminación filtrada de añil oscuro.  Y, ay querido amigo, si no llega a ser por el viento, que agitaba suavemente las copas de los árboles del parque donde me encontraba sentado, hubiera jurado solemnemente que el mismo universo se había detenido un instante para contemplar el eclipse solar. Por supuesto, el hecho, ya lo relativizaras o no, era admirable. Al menos, y así lo pensé en aquel momento, objetivamente hablando, claro está.&lt;br /&gt;Recuerdo que los días previos al eclipse, los especialistas en el tema, unos viejos de bata blanca, demasiado sabiondos en mi opinión, estuvieron aconsejando a la población no mirar fijamente el eclipse. Tal vez te acuerdes. A través de la televisión, prensa y radio, nos asustaban a diario de las posibles consecuencias. Los rayos del sol podían dañar de manera irreversible nuestros ojos y las secuelas podían ser nefastas; hasta se podía dar el caso de ceguera y daños cerebrales si la exposición era demasiado continua, decían de manera enfática y seria. Ja, ja, menudos tramoyistas del empirismo. Ejem, disculpa mi impertinencia, querido amigo. Al parecer, si utilizabas unas gafas especiales podías mirarlo sin ningún tipo de temor. Eso sí, sólo debías hacerlo con esas gafas especiales, no debías intentarlo con otras gafas. Únicamente aquellos cristales filtraban los rayos adecuadamente. Por lo que pude comprobar más tarde también eran bastante caras. Cosas de la oferta y la demanda, supongo. En cualquier caso, estimado amigo, la advertencia hizo efecto y el resultado fue, como creo que recordarás, que todo el mundo se alarmó locamente y corrió a comprar esas gafas especiales como si fueran alimentos de primera necesidad. En algunas tiendas cercanas a mi hotel las existencias se agotaron en apenas unas horas; y los propietarios se vieron obligados a hacer pedidos extras. Hasta el mercado negro hizo su agosto, como no podía ser de otro modo, naturalmente, no sólo los gobiernos relamen el plato del mercantilismo. En fin querido amigo. Yo, en lugar de preocuparme en ir a comprar unas gafas de ésas, me relajé y no lo hice. No hubo ninguna razón extraordinaria para no hacerlo. ¿Qué razón podía haber? Enfrascado en mis negocios era lógico que se me olvidara. Como casi siempre me sucede. Así de simple. Ya sabes que soy un experto en olvidar este tipo de cosas. Claro que quería observar el eclipse con la debida protección, qué diablos. Y claro que quería comprar ese tipo de gafas para que mis ojos no sufrieran quemaduras ni mi cerebro se volviera violeta. Por supuesto. Pero cuando me decidí, no encontré. En las farmacias y centros homologados – y te aseguro que visité todos-  no quedaba ni una. Ni siquiera en el mercado negro, al que también, impropiamente, recurrí. Se habían acabado las existencias, me dijeron, y, aunque hubiese querido pagar el peso de todas las gafas especiales en oro y plata, no hubiese conseguido ni una patilla. Era demasiado tarde para agenciarse unas. Así pues, a primera hora de la mañana de aquel siniestro día salí a la calle a hacer algunas compras, y al ver a tanta gente con aquellas gafas especiales, me sentí absurdo, casi como un apestado. Todo el mundo, ya estuviera caminando, haciendo la compra, cocinando o encerrado en un estropeado ascensor, portaba las dichosas gafas aun cuando el fenómeno todavía no había comenzado. Y juro por la inmortalidad de los grandes misterios que incluso vi un perro vistiendo aquellos oscuros lentes. De veras. No sé si el perro sabía lo que iba a acontecer, pero es indudable que sus dueños querían curarse en salud, por si acaso al perro le diera por mirar hacia el sol. Supongo, no sé. Yo, como ya te he dicho, ese día no llevaba gafas especiales pero sí debía curarme en salud. Para ello, afortunadamente, sólo debía hacer una cosa: dedicar todos mis esfuerzos en evitar mirar el eclipse. Bueno, da igual, pensé. No me importaba perdérmelo. También soy un experto en descuidar este tipo de eventos, tan milenarios. Y qué remedio, querido amigo. En fin. Llegado el día, antes de las 11:30 –los puristas habían anunciado que la oscuridad empezaría a extenderse a aquella hora- me dirigí a un parque que había cerca de mi hotel, caminando con la cabeza gacha, sin mirar al cielo y soportando todo el peso de la invisible oscuridad sobre mi cabeza. Casi toda la población se había dirigido a las afueras de la ciudad porque en las noticias dijeron que allí, a campo abierto, era donde mejor se podía contemplar el eclipse. Y así fue, todas las calles empezaron a vaciarse completamente. De gente y de coches. Ya sabes que me gusta la agitación de la sociedad, pero en aquel momento me sentía muy bien estando solo, extraordinariamente bien. De modo que cuando llegué al parque busqué un banco orientado al norte y allí me senté. Desde aquel lugar las frondosas ramas de los árboles ofrecían buen amparo y mejor protección. De esta manera evitaba, en la medida de lo posible, la presencia cruel del eclipse, cuya arqueada sombra merodeaba sobre mí igual que un hambriento buitre. &lt;br /&gt;Como ya te he dicho, yo había ido al parque con la intención de pasar el tiempo allí, tranquilamente esperando a que el acontecimiento concluyese. Recluido en mi Ipod, escuchaba plácidamente a &lt;em&gt;Howlin´ Wolf&lt;/em&gt;, y, te repito, mi intención no era otra que aguardar a que regresara la luz del día y volver luego a mi hotel. Eché una mirada a derecha e izquierda y el parque, al igual que las calles, estaba desértico y desolado. No se veía ni un alma por ningún lado y pensé que quizás este sería un buen momento para atracar un banco. Aunque algo me decía que los bancos no habían mostrado mucho interés en el eclipse. Para ellos, ya sabes amigo mío, el interés es de otro tipo. En cualquier caso, el día continuaba con su peregrinación, y en apenas unos minutos el cielo ya había extendido una tonalidad azulina sobre el suelo del parque. La hojarasca que yacía esparcida por el suelo, de cuando en cuando, se movía al son del viento sin un rumbo concreto. Los remolinos que se creaban, igual ascendían en una especie de pirueta acrobática, igual se arrastraban por el suelo empujados por una suerte de arrebato invisible y furioso. Y desde donde yo me encontraba sentado, los edificios de alrededor, debido al reflejo en sus cristales, parecían estar en llamas. Pero nada hacía indicar que estuviesen ardiendo. Ni humo ni olor. Como si el propio eclipse anunciara un Apocalipsis sin consecuencias, algo irreal o caprichoso. Y es que en verdad el momento en sí muy bien podría haber sido considerado una extraña ilusión. Todo estaba prácticamente desértico, prácticamente a oscuras y sólo algunos cristales reflejando la viveza del fuego. Si no era para considerarlo una ilusión al menos sí para considerarlo muy extraño, ¿no crees? En cualquier caso, querido amigo, no pensé en ello en aquel momento. Yo estaba tranquilo, con las piernas cruzadas, la cabeza llena de contradicciones en torno a algunos negocios y atendiendo a las notas del &lt;em&gt;Spoonful &lt;/em&gt;sin levantar en exceso la mirada. Pero en esas, de repente, un gato anaranjado cruzó ante mí corriendo, desesperado. Un gato peludo, seguramente raza Maine Coon. Un magnífico ejemplar. Parecía asustado y lo seguí con la mirada. Llevaba el rabo curvado y erizado, como el de las ardillas. Y de un salto, alcanzó el tronco de la única acacia del parque. El animal trepó hacia una de las ramas intermedias con la agilidad de una lagartija y se quedó allí. &lt;br /&gt;Supongo que tú, querido amigo, como cualquiera, considerarías esto como una simple anécdota, un suceso sin importancia, algo que día a día e inevitablemente pasa en un territorio salvaje como Asia. Pero en mi caso no podía aceptarlo así. En mi caso existía una incuestionable razón por la cual tomar el suceso como excepcional. Y es que durante todas las noches de mi instancia en aquella ciudad, un sueño me estuvo perturbando incansablemente. Una pesadilla terrible donde un enorme y peludo gato anaranjado me perseguía y me mataba. ¿Cómo iba a pasar por alto entonces este detalle, querido amigo, si era ahora cuando mi pesadilla se me representaba tal cual me había atosigado cruelmente todas las noches?&lt;br /&gt;El gato, como he descrito antes, se había quedado erizado en la rama, bufando y mostrando su enfado al suelo. Y en principio parecía que no hubiera nadie ni nada en el suelo. Tierra solamente. Pero el gato bufaba con la ira  propia del animal desesperado y aterrado. &lt;br /&gt;Yo estaba tan sobrecogido y estupefacto que apagué el Ipod, me levanté del banco, y con las manos en los bolsillos -y, por supuesto, sin levantar la mirada al cielo-, me encaminé hacia el árbol, percibiendo la presencia del gato, que cuanto más me acercaba a él, más fuerte eran sus maullidos. Intenté, mientras avanzaba, relajarme pensando en cosas bonitas. En cualquier cosa, diablos. Pero me fue imposible. La pesadilla se me reproducía de manera vívida y más terrible que en su propio contexto. De todos modos yo continué acercándome, atraído por la excitación del peligro, como si me arrimara al borde de una azotea del último piso de un rascacielos. Y cuando apenas hube llegado a unos metros del tronco, me detuve. Alcé un poco la vista y vi que los ojos del gato brillaban como pequeñas llamas. Un rojo intenso, infernal, semejante a fuegos fatuos. Observé también que el gato mantenía la mirada fija en algún lugar próximo adonde yo estaba quieto. Tal vez un poco más hacia mi izquierda. No más de tres metros, presentí. Pero ahí, tampoco había nada. Al menos yo no veía nada. El pavimento ajedrezado del parque. Sólo eso. Tal vez demasiado sucio. Es posible. Pero nada más. No creí que aquel gato temiera la suciedad de las ciudades. &lt;br /&gt;Eché entonces una ojeada alrededor, girando la cabeza despacio. Y aunque estaba casi todo fosco por la irradiación del eclipse, casi con absoluta seguridad en un radio de veinte metros tampoco había algo de lo que un felino pudiera espantarse. Decidí entonces ponerme en el campo de visión del gato. Donde supuestamente debía de estar ese algo que asustaba tanto al animal. Me encontraba algo nervioso, lo reconozco, y un poco despavorido, es verdad. Pero aun así, me giré, di un par de pasos y un segundo después me quedé estático en el lugar donde yo suponía que el gato miraba. Sin moverme, como la propia acacia, mantuve las manos en mis bolsillos y, por supuesto, no levanté en ningún momento la vista hacia el cielo, y mucho menos hacia los ojos de aquel demonio felino. Durante un instante, atraído por un extraño efecto óptico, me ensimismé mirando el tronco de la acacia, estriado como un barranco seco. Y en ese preciso momento, incrustados en las profundidades de esa hondonada del tronco, el extraño efecto óptico tomó forma y cuerpo, y entonces vislumbré dos centelleos rojos en forma de estrella de cinco puntas y una sombra deforme y alargada que se movía con nerviosismo. Créeme, querido amigo, lo digo en serio. Se me aceleró el corazón y experimenté un escalofriante temblor. El sueño, o la pesadilla, no se parecían en nada a la cosa que yo estaba contemplando incrustada en la acacia. En mi sueño, el gato corría detrás de mí, no una sombra. Pero, como comprenderás, las coincidencias eran más que evidentes. Además, la trascendencia del asunto era lo realmente terrorífico. ¿De quién era aquella sombra? Así pues, como ya te he dicho amigo mío, experimenté un terror irreconocible. Me paralizó por completo y, casi en éxtasis, sentí que algo dentro de mí se había estimulado con potencia e ímpetu. Como si fuese un animal de instintos muy desarrollados, percibí cómo el gato había dejado de mirar a lo que estuviese mirando y empezaba a dirigir sus incendiarias pupilas sobre mí. Lo advertí enseguida, mi buen amigo, y me estremecí completamente, más que si me hubiesen deslizado el frío filo de una guadaña sobre mi cuello. Una sensación espantosa y demasiado real que me hizo tomar como cierto el más feroz de los enigmas. Sí. Me figuré que aquel gato era el fiel acólito de la muerte, cuya imagen sombría estaba oculta tras las rugosidades de la acacia. Aunque te parezca extraño, así lo creí. Lo pensé. Había llegado mi día, el sueño me había estado avisando de esto. Era natural imaginar que venían a por mí. También era una locura, lo sabía, pero aquella sombra deforme seguía moviéndose nerviosamente. Y aquellas estrellas rosáceas centelleaban refulgentes, como gotas de sangre. ¿Cómo no iba a pensar en ello? Aquel seglar con uñas que maullaba violentamente desde la rama de la acacia me había seducido burlonamente y me había arrastrado hacia él para situarme junto al árbol. Tuve que imaginar que la causa había sido porque muy cerca de allí existía una de esas misteriosas puertas por las que secretamente, según los iniciados esotéricos, se comunica nuestro mundo con el reino de los muertos. ¿Para qué sino me habían conducido hasta allí el eclipse, el infortunio, mi sueño y el gato? Sí, ya sé, amigo mío. Parecía irracional, naturalmente. Pero mi instinto decía que no debía tomarlo como tal. Ya sabes que nunca he sido supersticioso ni he tomado en serio las ciencias ocultas. Pero esta característica mía no me convertía automáticamente en un escéptico que despreciara todo. Diablos, no. Además, ¿no crees que algo de cierto deben tener los sucesos inverosímiles cuando a lo largo de la historia se han descrito continuamente y con suma precaución? Para mí estaba claro. El miedo me había dominado y todo giraba en torno a un plan diabólico: el gato, de un salto, se enzarzaría en mi cabeza y me destrozaría la cara a arañazos. La vieja e inseparable muerte, tras avisarme somnolientamente, modificaba sus costumbres y mandaba, justo un día de eclipse, a un fanático secuaz para atraparme a arañazos. Todo esto fue lo que pensé, resignado. Y un escalofrío me recorrió el cuerpo de arriba a abajo y de abajo a arriba. Encogí el cuerpo, agaché la mirada para contrarrestar el temblor, y sorprendentemente, en el suelo, donde antes no había visto nada, ahora tenía ante mí una apertura por la cual sobresalía una cabeza. Allí estaba la puerta que me iba a trasladar a otro mundo. La vi, mi viejo amigo. Ahí estaba. Y también la cabeza, pequeña, sonriente, con ojos grandes y azules que me miraban con inocencia. Parecía de plástico, o de goma, pero sus movimientos eran naturales, muy humanos. Rápidamente sacó un brazo, me agarró de los pies y me arrastró hacia el fondo de aquel agujero sin poder siquiera chillar. Durante un instante no sé qué pasó. Pero segundos después me vi cercado por un círculo de fuego y rodeado de extrañas criaturas pálidas que me miraban con un excepcional rictus, semejante a la desesperación. Me dio la impresión que estaban gritando aunque yo no fui capaz de oír nada. Aquel cerco de fuego me distanciaba de los gritos de los espectros y de todo cuanto había tras ellos. No puedes ni imaginar cómo bullía, llena de insólitas preguntas, mi cabeza. Y eso que enseguida intenté buscar una explicación y dar crédito a lo que acababa de ocurrir. Pero cualquier interpretación del suceso, francamente, parecía inabordable. Dime, amigo mío, ¿cómo explicar este misterio? Había pasado de estar tranquilamente sentado en el parque a, minutos después, verme en la misma periferia del infierno, acorralado por vigorosas llamas y rodeado de almas penitentes. ¿Era esto el final, mi final? ¿Una muerte lejos de mi tierra y mi gente? Así lo creí, completamente vencido por el maleficio. ¿Qué hubieras supuesto tú al experimentar un suceso irracional como este? ¿Habrías conseguido distinguir la racionalidad del propio suceso? Ay, querido amigo. No todas las preguntas tienen respuesta. Ni mucho menos, ya lo sabes, claro. Pero en fin. Asustado, como no podía ser de otro modo, me dejé caer en el suelo. Me hallaba en un estado de absoluto sometimiento y esperé a que el propio diablo apareciese de un momento a otro para arrancarme el alma. Cerré los ojos y oí una respiración, grave y dolorosa. Cuando los abrí de nuevo descubrí que algo se acercaba hacia donde yo me encontraba recluido. Y aunque al principio me entró verdadero pavor, pronto distinguí, entre la siniestra opacidad, las estrellas de cinco puntas sangrientas de la misma sombra alargada y deforme que había visto oculta en la angostura del tronco de la acacia. A la vez que aquel extraño ser se aproximaba al círculo de fuego, los espectros huían apresuradamente, despareciendo completamente, como si fueran llamaradas inclinadas por el viento. Yo me hallaba en un estado de absoluto terror. También asombrado, qué diablos. Vaya que sí. Pero de repente, la sombra me miró con aquellos furtivos ojos de sangre, y yo, entonces, sentí que una extraña felicidad dominaba todos mis pensamientos. Mi corazón aceleraba de alegría y la boca, inexplicablemente, empezó a salivarme. Segundos después sonó un gritó estrepitoso y una suerte de sabor amargo se deslizó por mi garganta y percibí cómo se apoderaba de mi cuerpo una sorprendente sensación de frío y vacío. Al instante descubrí que aquella anónima y deforme sombra había desaparecido. Ni siquiera brillaban en la oscuridad aquellos maléficos ojos sangrientos con forma de estrella de cinco puntas, ni tampoco aquellas criaturas pálidas se movían alrededor del cerco de fuego. Todo era contradictorio. Y a la postre, sin tiempo a analizar lo que me había pasado, noté cómo, a través de cada uno de los poros de mi piel, una neblina densa y pesada fluía evadiéndose y alejándose de mí, como el pausado humo blanco de una pipa. Y querido amigo, entonces, literalmente me desmallé.&lt;br /&gt;Cuando desperté, me vi sentado en el mismo banco del parque de antes. &lt;em&gt;Howlin´Wolf &lt;/em&gt;seguía aullando en mi Ipod y mi desconcierto era total. El eclipse todavía estaba en pleno apogeo; y el día, oscuro como una cueva. Tras un breve momento de incertidumbre, me levanté y, aun cuando me encontraba extrañamente agotado, eché a correr en dirección a mi hotel, aterrado y con un insólito presentimiento aturdiéndome. Llegué a mi habitación y, en cuanto cerré la puerta, fui derecho a la cama. Era mediodía y apenas llevaba despierto tres horas, pero estaba muerto de cansancio, como si hubiese estado obligado a andar sin detenerme durante toda una semana. En cuanto me acurruqué me quedé dormido. Y dormí acorralado por un sueño asombroso y demasiado real. En un enorme salón de una enorme mansión, que al parecer era de mi propiedad, había muchísima gente y todos participábamos de un banquete donde bebíamos sangre y hablábamos de nigromancia. Yo era el anfitrión y todos pedían mi opinión, casi con pleitesía. Diablos, era todo tan fantasmagórico, querido amigo. Cuando desperté del sueño la habitación estaba sumida en una terrible y fría oscuridad, el sol había desaparecido y era bien entrada la noche. Me puse en pie con una inusitada fortaleza y fui al servicio. Encendí la luz y me vi frente al espejo. Ay, querido amigo. Ahora viene lo asombroso del asunto. Mi boca estaba empapada de sangre seca, como un animal que hubiese comido salvajemente unas vísceras crudas. Mis pupilas habían adquirido la forma de estrella de cinco puntas y brillaban intensamente. ¿Qué me había sucedido? No lo sabía. Ni lo podía imaginar. Pero después de un buen rato sin saber qué hacer sentí un apetito preciso y concreto; pero innombrable, mi buen amigo. De modo que me vi obligado a salir al exterior y deambulé entonces por la ciudad, escondiéndome de los trasnochadores, guiándome por mi estimulado instinto y en busca de no sabía bien qué. Encontré, tiradas por el suelo, unas gafas como las que se necesitaban para contemplar el eclipse. Así que las cogí y oculté mis pupilas infernales tras aquellos oscuros lentes. Mi cabeza apenas razonaba. Pero mi apetito me impulsaba y en consecuencia no me detuve. Al rato mi instinto dio con la fuente de su atracción: la muñeca. Sí, querido amigo. Aquella extraña muñequilla que me había arrastrado hasta el insondable infierno. La misma. Sólo que ahora no era de goma. Ahora era una joven prostituta, delicada como una flor y correosa como el agua del río. Me costó, pero bebí hasta la última gota de su sangre y comí hasta el último ventrículo de su corazón. &lt;br /&gt;Sí, querido amigo. Así ocurrió. Tal como has leído. Después de esa noche permanecí en aquella ciudad casi un año. Desatendí por completo mis negocios, dejé el hotel, alquilé una vieja casa y me dediqué a dormir por el día y a vagar por la noche en busca de alimento. Cuando el número de víctimas fue lo suficientemente alto como para alarmar a las autoridades, creí conveniente desaparecer del país. Y regresé aquí, a mi tierra. Aunque permaneceré poco tiempo, mi viejo amigo. Mi instinto me llama y, si no desaparezco de aquí, pronto me veré obligado a buscar alimento. ¿Entiendes ahora, mi querido amigo, por qué era mejor que no vinieras a visitarme?&lt;br /&gt;Hazme el favor, si todavía cobijas aprecio por mi alma, olvídame y guárdame el secreto.&lt;br /&gt;Adiós.&lt;br /&gt;Su eterno amigo, E. C. Valcubierta&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dios sabe qué extraña tontería se apoderó de mí tras leer la carta del señor Valcubierta. Me figuré que sería el tono en que mi viejo amigo se había expresado. Porque sus palabras se representaban en mi mente igual que un lamento. Y aunque en un principio estuve a punto de romper la carta y olvidarme completamente de Valcubierta, al final, empujado por un impulso de curiosidad, cogí mi abrigo y pese a que ya era más de la medianoche, llegué a la Plaza del Almas en menos de diez minutos.&lt;br /&gt;Llamé al timbre y nadie contestó. Bordeé la casa y en la parte trasera encontré una puerta que abrí con facilidad. Deambulé por la casa de Valcubierta en busca de mi amigo, llamándole una y otra vez a pesar de que allí era evidente que no había nadie. Cuando me disponía a abandonar aquella misteriosa casa escuché unos fuertes maullidos que procedían del piso de arriba. Rápidamente subí al segundo piso y enseguida localicé la puerta por la cual, a través del quicio, se percibían los estridentes maullidos. Tomé aire, abrí la puerta y allí estaba Valcubierta, desollando un gato mientras otros muchos, ya despellejados, yacían sobre una mesa.&lt;br /&gt;El corazón  trepidó dejándome sin aliento. Y estaba punto de echar a correr como un loco asustado cuando mi viejo amigo se volvió hacia mí y me miró. Entonces lo creí, todo era verdad. Sus pupilas brillaban como un rubí de incontable valor y tenían la forma de estrella de cinco puntas. Valcubierta alzó el gato desollado y, sin dejar de mirarme, clavó su boca en el estómago del animal. Segundos después, mientras la sangre del animal chorreaba por la cara de mi viejo amigo, Valcubierta, con una excepcional fuerza en sus ojos, me pidió que me marchara. Él abandonaría la ciudad esa misma madrugada. Intenté entonces hablar pero fui incapaz de expulsar ni siquiera un gemido. Bajé lentamente por la escalera, todavía sobrecogido por lo que acababa de acontecer. Abrí la puerta trasera por la que había accedido antes y volví a mi casa sin poder quitarme de la cabeza las pupilas de Valcubierta.&lt;br /&gt;Ya no volví a ver nunca más a mi viejo amigo. Tampoco me he preocupado mucho por él, es verdad. Si bien, a veces, busco en el periódico extraños sucesos en extraños países. Sucesos que induzcan a imaginarme a Valcubierta deambulando por la noche en busca de alimento. Si todavía vive, claro está.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-7674327380076945334?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/7674327380076945334/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=7674327380076945334&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/7674327380076945334'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/7674327380076945334'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2011/03/la-carta-del-senor-valcubierta.html' title='La carta del Señor Valcubierta'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-2346033851836138117</id><published>2010-10-14T15:42:00.000+02:00</published><updated>2010-10-14T15:43:10.727+02:00</updated><title type='text'>SOÑANDO N.Y.</title><content type='html'>Ey chicos. &lt;br /&gt;Hoy he soñado con vosotros. &lt;br /&gt;Joder, hubiese querido morirme allí. &lt;br /&gt;Palmarla en el jodido sueño. De verdad.&lt;br /&gt;Estábamos en Nueva York. &lt;br /&gt;Sí, ya sé. No he ido a NY, pero mi mente ha diseñado la ciudad a su antojo, a su gusto, y por lo más puro, tíos, os juro que la ha creado perfecta.&lt;br /&gt;Estábamos en los años 40. &lt;br /&gt;Se ve que como el otro día estuve con Carmen hablando de Kerouac y de El Barco Ebrio… no sé, tal vez los ingredientes cayeron a la olla y VOILÁ. Algo ha tenido que influir.&lt;br /&gt;El caso es que era de noche. Estábamos en el Minton´s. En Harlem. Ya sabéis, el local donde todos los jazzmen tocaban. Dizzy, Bird, Coleman, Monk, esos jodidos pirados.&lt;br /&gt;El local estaba atestado. Lleno de negros, elegantes y empolainados, abrazados a blanquitas con sonrisas de cerámica. &lt;br /&gt;Carlos, tú hablabas con el barman, un negro alto de cara alargada que limpiaba los vasos mientras atendía a tus explicaciones con curiosidad. Algo acerca de que NY ya no era la misma. Estabas nostálgico y jugabas con el posavasos de tu copa. El negro asentía e intentaba esperanzarte. Tío, realmente parecías afectado, como si todas las injusticias del mundo revolotearan a tu alrededor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había un pequeño escenario de apenas un par de metros, dos por dos, no más, donde un grupo de negros estaba tocando súper alto. Tocaban bop. Pero era un bop indescifrable, nuevo. Los músicos le daban a sus escalas, todos a la vez, nada de solos donde cada uno muestra su virtuosismo. Así era la música y el público estaba loco, gritando, hechizados, y Jordi, tú, bailabas genial, como un excéntrico. La gente se había apartado formando un corrillo para que tú dieras rienda suelta a tu improvisada danza. Joder, cabrón, movías los brazos igual que un pájaro, aleteándolos como Pete Townshend, como si una jodida hélice se hubiera roto y a toda hostia fuera acelerándose en el centro de la pista. Te chillaban y aplaudían. Demonios, qué gusto daba verte bailar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio, en mi sueño, sólo estabais vosotros dos. &lt;br /&gt;Pero de detrás de unas cortinas por donde los músicos del grupo entraban y salían de sus camerinos apareciste tú, Pi. Fumando y charlando con un negro enorme con pinta de hijoputa, y tío, empezabas a ponerle al negro esa cara tan tuya de nometoquesloscojones, ya sabes, como cuando pretendes dejar las cosas extremadamente claras. Le dijiste algo, algo seco, y le señalaste con el dedo. Macho, le pusiste el cigarro casi a la altura de los ojos. &lt;br /&gt;El negro se metió la mano en el bolsillo de su chaleco y sacó un montón de billetes. Te los dio y te acercaste a uno de los músicos, al que parecía el líder del grupo, uno gordito de cara redonda. Le susurraste algo, le enseñaste la pasta y el músico sonrió. ¡Cabrón, eras el puto manager del grupo! El que se aseguraba de que cobraran el dinero. &lt;br /&gt;Te dirigiste a la barra donde estaba Carlos. Me llamasteis. Yo iba buscando a Mikel y me dijisteis que no me preocupara, que lo habíais visto con una tipa. Nos pedimos una copa y el camarero alto de cara alargada no nos cobró. El grupo hizo un descanso y Jordi se nos unió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al momento apareciste, Mikel. Llevabas los ojos desorbitados. Te abrochabas el cinturón del pantalón y la camisa todavía la llevabas desabotonada. Canturreabas algo a voz en grito. La tipa en cuestión tendría casi cincuenta años. Una mujercita muy guapa, una vedette, parecida a las actrices de las pelis de los años 30, de esas que tanto le gustan a Pi. Pelo ondulado y amarillo como la arena. Iba drogada y había olvidado engancharse las medias a los ligueros, ja, qué bueno, nos recordó a una colegiala con los calcetines bajados y los tres nos partimos el culo antes de que os reunierais con nosotros en la barra. &lt;br /&gt;Os pedisteis una copa, pero apenas podíais manteneros en pie, os chocabais, u os apoyabais mutuamente, no sé. Ella sacó de su bolsito un frasco lleno de pastillas. Se zampó una, y tú, Mikel, y tú, Jordi, otra. &lt;br /&gt;Pi, tú también pillaste una, pero te la guardaste. “para cuando termine el grupo”, soltaste casi con disgusto. &lt;br /&gt;Tú y yo pasamos, Carlos. Me dijiste que era bencedrina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tipa de repente empieza a descojonarse. Nadie sabía qué sucedía, pero tú, Mikel, también acompañabas su risa. Cielos, no recuerdo haber oído una risa tan viciosa en toda mi vida. Sí, tíos, parecía que estuvieran bailando claqué sobre un techo de hojalata. Así que, en consecuencia, a todos se nos contagió la escandalosa risotada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El grupo apareció de nuevo en el escenario y los músicos comenzaron a soplar como demonios. La música retumbaba por todo el local y el ambiente parecía estar cargado de electricidad, daba la sensación de que si tocabas algo te daría rampa. Frrrrrrrr.&lt;br /&gt;Al momento apareció un tío. Su cara era borrosa, solo para mí claro, porque vosotros lo conocíais. Era el que controlaba la droga del local. Un jodido camello de barra, ya sabéis, el típico marronero. &lt;br /&gt;El caso es que el tío empieza a insultar a la tipa, “puta, zorra, vieja”, por lo visto la vedette le debía pelas. Y tú, Mikel, de la risa tuviste un ataque de tos y le vomitaste en los zapatos, te limpiaste con la manga de tu camisa y empezaste a cantar de nuevo. Ja, ja, qué grande eres hijodeputa. &lt;br /&gt;Ya puedes imaginarte cómo se puso el capullo, te cogió por la pechera y sacó un cuchillo y te lo puso en el cuello, obligándote a chuparle sus jodidos zapatos. &lt;br /&gt;El tema estaba complicado, ¿Entendéis, no? El cabrón no se andaba con chiquitas. Iba a haber problemas, seguro. Y todos estábamos más o menos acojonados, menos tú, Mikel, que llevabas un pedo de miedo e ibas incontrolable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Sabes Carlos?, tú y Jordi intentasteis tranquilizar al macarra, no queríais movidas y os esforzabais en apaciguar los ánimos, en cambio, Pi y yo estábamos furiosos. Éramos los capullos que suspirábamos por jaleo. &lt;br /&gt;La tipa le dice al camello “eres un pichacorta impotente”. &lt;br /&gt;Os podéis imaginar, ya estaba el lío montado.&lt;br /&gt;El macarra le mete a la vedette un hostión de cojones y la tipa cae redondita al suelo. Es entonces cuando tú, Carlos, te pones muy serio y le sueltas al camello una monserga de cuidado, le hablas de la decadencia humana y de lo condenado que está este mundo, ja, qué bueno, cabrón, el tío pone una cara de no saber si está frente a un jodido loco o viendo a un profesor de Harvard.&lt;br /&gt;En ese momento de duda yo le digo al capullo que se largue y nos deje en paz. Se lo digo con mala hostia, casi chillándole. Y el tío me dice que quién coño era yo.&lt;br /&gt;“Tu Ángel”, le digo y le meto un puñetazo.&lt;br /&gt;Lo curioso es que es la primera vez que puedo pegar un puñetazo en un sueño. Ya sabéis, jamás había podido pegar a nadie en un sueño, siempre se me hacía imposible. Mi puño nunca llegaba a alcanzar la cara de ninguno de los gilipollas a los que hubiera deseado atizar en los sueños. Pero anoche sí, en el jodido NY de los 40 sí.&lt;br /&gt;En fin, el caso es que le metí un buen puñetazo y el hijoputa cayó hacia atrás sin soltar el cuchillo. Se levanta y saltas tú, Pi, te antepones entre nosotros y le sueltas al camello: ¿”Cuánto te debe esta zorra?”&lt;br /&gt;“1.000 pavos” dice el gilipollas. Con la boca llena de sangre.&lt;br /&gt;Pi, sacas un fajo de billetes y separas unos cuantos. Pero cuando vas a darle la pasta, el camello, el muy cabrón, saca una pipa y te pide todo el dinero.&lt;br /&gt;¡El muy hijoputa estaba apuntándote a la jodida cabeza! Tío, creo que tuviste que sentir el frío del cañón en tu propio sueño.&lt;br /&gt;Te pusiste más blanco de lo que eres y todo el puto local enmudeció salvo tú, Mikel, que seguías cantando.&lt;br /&gt;La situación se había complicado pero la realidad estaba más o menos clara, Pi. O le dabas la pasta o el jodido camello estamparía tus sesos en el espejo de detrás de la barra. Levantaste las manos, dijiste “tranqui, colega” sacaste el fajo de billetes y los pusiste sobre la barra.&lt;br /&gt;El cabrón, con la boca chorreando de sangre, alargó su brazo y cogió la pasta y despacio se alejó de donde estamos, todavía apuntándote. Agarró a la vedette del brazo. “para que me recuerdes” le dice el hijoputa y le mete un tiro en la mano.&lt;br /&gt;Es en ese momento cuando empiezan a oírse disparos. Procedían del escenario y todos volvemos la cabeza hacia allí. &lt;br /&gt;Ja, el líder del grupo, el gordito de la cara redonda ha sacado otra pipa y se ha liado a tiros con el camello. Qué bueno, el líder no va a dejar que se lleven la pasta del grupo, ja.&lt;br /&gt;Después de los disparos la gente grita y se tira al suelo. Yo volteo la barra y me escondo con el camarero alto de cara alargada, los dos detrás de la barra, agachados, mirándonos atónitos uno a otro mientras las botellas estallan y los cristales caen sobre nosotros. &lt;br /&gt;Levanto la vista y veo el enorme espejo y, reflejado en él, de todo lo que está ocurriendo, sólo distingo los fogonazos de las pistolas, cada vez más refulgentes, como si mil cámaras de fotos estuvieran captando el momento. Ah, y el ruido, también escucho el ruido de los disparos, Bang, Bang, Bang, Bang…Todo el tiempo hay bangs, no cesan, repetidos casi métricamente.&lt;br /&gt;Entonces noto que algo me separa de allí, algo demasiado enérgico que me succiona, me absorbe, me engulle, me aleja de la escena, como si me estuviera muriendo, ¿entendéis, no?, pienso que alguna bala perdida ha tenido que alcanzarme y mi alma se está esfumando de este jodido mundo. Echo una mirada a mi lado y el camarero alto de cara alargada ha desaparecido. Todo ha desaparecido. Ya no estáis. No hay nadie. Sólo oigo los disparos, Bang, Bang, Bang,… y los fogonazos en el espejo. &lt;br /&gt;Abro los ojos y contemplo la ventana de mi habitación, abierta de par en par, el sol mañanero la atraviesa con un brillo esclarecedor. ¿Qué coño es esto? Todavía oigo los disparos. Ahora suenan como un tac. Sí, es un tac. Tac, tac, tac… demonios, alguien está picando la pared en la obra de detrás de mi casa. Joder. Puta realidad. ¿Entendéis ahora por qué me hubiera gustado haber muerto en el sueño? Mierda.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-2346033851836138117?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/2346033851836138117/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=2346033851836138117&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/2346033851836138117'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/2346033851836138117'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2010/10/sonando-ny.html' title='SOÑANDO N.Y.'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-4856260308464712237</id><published>2009-12-02T18:47:00.000+02:00</published><updated>2009-12-02T18:48:13.327+02:00</updated><title type='text'>Manifiesto "En defensa de los derechos fundamentales en Internet"</title><content type='html'>Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.&lt;br /&gt;2.La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.&lt;br /&gt;3.La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.&lt;br /&gt;4.La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.&lt;br /&gt;5.Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.&lt;br /&gt;6.Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.&lt;br /&gt;7.Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.&lt;br /&gt;8.Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.&lt;br /&gt;9.Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.&lt;br /&gt;10.En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-4856260308464712237?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/4856260308464712237/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=4856260308464712237&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/4856260308464712237'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/4856260308464712237'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2009/12/manifiesto-en-defensa-de-los-derechos.html' title='Manifiesto &quot;En defensa de los derechos fundamentales en Internet&quot;'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-7173752566358517658</id><published>2009-07-15T18:00:00.003+02:00</published><updated>2010-10-11T15:32:48.302+02:00</updated><title type='text'>Ultratumba</title><content type='html'>TEXTO BORRADO POR EL AUTOR&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-7173752566358517658?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/7173752566358517658/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=7173752566358517658&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/7173752566358517658'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/7173752566358517658'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2009/07/ultratumba.html' title='Ultratumba'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-3303041218583141611</id><published>2009-07-03T18:46:00.002+02:00</published><updated>2009-07-03T18:50:44.409+02:00</updated><title type='text'>BUG OUT en VILLENA, 16/07/2009</title><content type='html'>Concierto inminente de esta nueva formación de rocanrol. Actuarán junto a WILD COMBO en lo que se ha denominado: &lt;em&gt;ROCK BAJO EL CAMPANARIO &lt;/em&gt;. A partir de las 21:00 horas. Lugar: Plaza de Santiago, Villena (Alicante). Entrada libre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/Sk42JUK-0YI/AAAAAAAAAJE/wX6p3xoUO7g/s1600-h/BUG+OUT+cadillac.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 253px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/Sk42JUK-0YI/AAAAAAAAAJE/wX6p3xoUO7g/s400/BUG+OUT+cadillac.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5354276540651590018" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-3303041218583141611?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/3303041218583141611/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=3303041218583141611&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/3303041218583141611'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/3303041218583141611'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2009/07/bug-out-en-villena-16072009.html' title='BUG OUT en VILLENA, 16/07/2009'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/Sk42JUK-0YI/AAAAAAAAAJE/wX6p3xoUO7g/s72-c/BUG+OUT+cadillac.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-8920888985073932146</id><published>2009-06-19T17:42:00.005+02:00</published><updated>2010-10-11T15:33:25.799+02:00</updated><title type='text'>Parece Mentira</title><content type='html'>TEXTO BORRADO POR EL AUTOR&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-8920888985073932146?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/8920888985073932146/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=8920888985073932146&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/8920888985073932146'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/8920888985073932146'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2009/06/parece-mentira.html' title='Parece Mentira'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-2875029931150251976</id><published>2008-07-15T17:36:00.006+02:00</published><updated>2008-07-15T18:58:30.261+02:00</updated><title type='text'>Tren de Invierno, 5</title><content type='html'>(Viene de Tren de Invierno, 4)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al minuto ya estábamos de nuevo en marcha y alejándonos de Albacete. &lt;br /&gt;En el interior del vagón los nuevos pasajeros ocupaban sus respectivos sitios con igual desenvoltura que los niños en una guardería. &lt;em&gt;Todos a la vez cuando cuente tres&lt;/em&gt;. Así lo hicieron todos salvo uno. Un hombre que para mí aparentaba más de setenta años. De ojos enormes, casi gigantescos, cuya mirada de loco, o de genio, le proporcionaba cierto aspecto despistado. Tenía el pelo muy blanco y muy cortito, al modo militar. Llevaba traje y corbata oscuros, exageradamente elegante, como si fuera de boda o entierro. &lt;br /&gt;Estaba plantado junto a la puerta del vagón y esperó a que el resto de pasajeros se sentara.&lt;br /&gt;En cuanto todos lo hicieron se dedicó a buscar su asiento, uno a uno. Así, como si no hubiera montado jamás en un tren o como si no supiera que después del uno viene el dos y a continuación el tres. Miraba su billete y después el número estampado sobre el compartimento. Billete, compartimento. Billete, compartimento. En un determinado momento vi que lo comprobaba dos veces antes de pasar al siguiente. &lt;br /&gt;Aunque me ponía nervioso me cayó simpático al instante, por sus maneras extrañas y divertidas, supongo. También porque me recordaba a alguien.&lt;br /&gt;Yo observaba todos los gestos que él hacía mientras buscaba su asiento. &lt;br /&gt;Pensé que podría haber sido un estupendo y magnífico revisor, sin ninguna duda mucho mejor que el &lt;em&gt;cara de rata&lt;/em&gt;. Seguro.&lt;br /&gt;Cuando alcanzó mi lugar, reparó varias veces en el número de su billete y en el del compartimento. Yo, sin mirarle, deseando que pasara de largo. Pero el hombre no se movió de ahí. Me notó nervioso y le contagié el nerviosismo. Mis ojos no sabían adónde mirar.&lt;br /&gt;Al momento el hombre me indicó, de forma muy educada, que yo ocupaba su sitio.&lt;br /&gt;¿Perdón, cómo dice?&lt;br /&gt;Está usted en mi asiento.&lt;br /&gt;No puede ser. Tengo el 10 ventanilla, le hice saber sacando del libro de Conrad mi billete.&lt;br /&gt;El hombre volvió a mirar el número del compartimento, después el de su billete y sin mirar el del mío insistió en lo mismo con igual tono que antes.&lt;br /&gt;Me levanté y le pedí que me dejara ver su billete. Él, amablemente pero algo inquieto, me lo ofreció. Llevaba el 10 pasillo. &lt;br /&gt;Claro, claro, el mío es el de la ventanilla, vaya, perdone, pero es que estoy sentado en el del pasillo, señalé dirigiendo mis palabras tanto al hombre como a la chica. Ésta extrañada sacó su billete.&lt;br /&gt;Pues llevo el 10 pasillo, dijo mostrándomelo.&lt;br /&gt;Era cierto.&lt;br /&gt;A ver, le pedí al señor que me dejara ver de nuevo su billete, por favor.&lt;br /&gt;Efectivamente, llevaba el 10 pasillo, pero ajá, ahí estaba el error. &lt;br /&gt;Se había confundido de vagón e intenté explicárselo varias veces pero el hombre se quedó allí quieto y parado, sin decir nada. Se ve que no me entendió, o no me hizo caso, o no sabía qué hacer. &lt;br /&gt;Me dio la impresión de que los nervios le estaban superando y  no quise reírme aun a pesar de que me parecía graciosa la escena. &lt;br /&gt;Tal vez a él la situación no le estuviera haciendo ni pizca de gracia porque al instante los ojos, inflamados, se le iban de un sitio a otro. Miraba hacia arriba, hacia abajo, hacia los lados, hacia su billete, hacia el mío, intentaba decirme algo pero no articulaba palabra alguna. No podía. El rostro se le estaba poniendo totalmente rojo y percibí que el pelo se le había erizado por la nuca. Como remate, el resto del vagón estaba pendiente de lo que sucedía y murmuraba estupideces. Yo, a punto de reventar a carcajadas.&lt;br /&gt;Fue entonces mi compañera la que se levantó con decisión y sin ningún tipo de necesidad cedió su asiento al hombre. &lt;br /&gt;Me sorprendió, y mucho, pero la verdad es que de esta manera consiguió descongestionar el microclima del vagón, que algo tenso se estaba poniendo. &lt;br /&gt;Ella, después de coger sus cosas y despedirse de mí con una sonrisa y un gesto que me parecieron muy sinceros, se marchó de allí dirigiéndose al otro coche. &lt;br /&gt;Estuve unos segundos preguntándome si se había marchado por no discutir con el hombre o porque yo no era la mejor de las compañías.&lt;br /&gt;Fuera una cosa u otra, no me importó. &lt;br /&gt;Yo me metí en el asiento de la ventanilla y el hombre se acomodó en el del pasillo. &lt;br /&gt;Una vez sentados tuve una, muy, muy extraña sensación. Me pareció notar que al hombre le había crecido el cabello, y además bastante. Pese a que al principio me quedé perplejo y algo desconcertado, decidí no tomármelo en serio, imaginé que sólo se trataba de eso, de una extraña sensación. &lt;br /&gt;Durante un largo rato apenas abrimos boca. Él no decía nada y yo tampoco, aunque le echaba miradas furtivas, así de refilón. &lt;br /&gt;De pronto me percaté, caí en la cuenta. Claro, ¡se parece a Peter Lorre! De perfil es igual. Exacto, a él me recordaba.&lt;br /&gt;Sonreí para mis adentros y dejé de echarle miradas. &lt;br /&gt;Al rato pasó el revisor y muy a mi pesar, me tocó explicarle, con pelos y señales, toda la movida de los asientos. Me echó tal mirada de asco que no tuve más remedio que ponerle yo una cara parecida. ¡Cómo si yo tuviera la culpa de su malestar o de que alguien se confunda de asiento!&lt;br /&gt;Pasé de comerme la cabeza en torno al &lt;em&gt;cara de rata &lt;/em&gt;y repartí mi tiempo en leer, dar una ojeada de vez en cuando a través de la ventanilla, pensar en la chica, escuchar música a través de los auriculares y preocuparme por mi entrevista de trabajo, porque era a eso a lo que iba a Madrid. &lt;br /&gt;Así estuve, entregado al letargo y al descanso, hasta que el hombre, ese extraño Peter Lorre se me quedó mirando durante unos segundos, que ciertamente me parecieron interminables, y se presentó diciéndome su nombre, Ernesto Búnar de Matamarga.&lt;br /&gt;¿Ein?&lt;br /&gt;Me ofreció la mano de manera cordial y mientras nos saludábamos mutuamente yo hice una de las mías, una charlotada de esas que a veces me da. Inventé mi nombre. Sí, así es. Le dije que me llamaba Hermógenes. &lt;br /&gt;¿En serio? &lt;br /&gt;Vaya coincidencia.&lt;br /&gt;Madre mía. En el clavo dí. &lt;br /&gt;El tipo me contó entusiasmado que el nombre del primer Búnar, su rebisabuelo, el que se casó con la Matamarga,…o yo qué sé, uno de ellos, había sido Hermógenes. &lt;br /&gt;Toma, por listillo. Lo que faltaba. Se me vino el día encima. Me imaginé todo el trayecto que quedaba hasta Madrid tragándome las historias de este pseudo-aristócrata manchego. Chisme por aquí, chisme por allá. Venga y venga. &lt;br /&gt;Pero no. Me equivoqué, y además totalmente, porque lo sorprendente fue que a partir de esta "coincidencia" me contó una de las historias más inconcebibles que jamás había escuchado.&lt;br /&gt;El hombre éste era el último varón Búnar de Matamarga. Una saga familiar que se remontaba a principios del siglo XVIII. &lt;br /&gt;Esto no era lo verdaderamente trascendente, obviamente.&lt;br /&gt;Según me contó, los Búnar de Matamarga padecían una extraña enfermedad congénita que se transmitía hereditariamente, como si fuera el color de ojos. Pero únicamente entre varones. Ah, y con una generación de por medio que quedaba a salvo de padecerla. &lt;br /&gt;Voy a explicarlo con el ejemplo que él me dio. &lt;br /&gt;El primer Búnar, el Hermógenes, aquel del siglo XVIII, tuvo esa enfermedad, pero su hijo no. En cambio su nieto sí la padeció. &lt;br /&gt;Esa era la fórmula en la que se reproducía o propagaba la enfermedad. Si la padecías, únicamente tu nieto la sufría, nunca tu hijo. Su familia era muy lista, me dijo, lo dedujo a partir del tercer enfermo. Normal en la genética, pensé. Pero me callé.&lt;br /&gt;Yo atendía con curiosidad, con mucha curiosidad. Fijándome en los gestos que hacía. Y en los ojos. Aquellos enormes ojos de mirada abandonada que lo convertían en Peter Lorre. &lt;br /&gt;A veces le tomaba en serio, y aunque suponía que exageraba o endulzaba la historia, lo cierto es que le presté la debida atención. Además, en ningún momento me entretuve en juzgar si lo que me contaba era verdad o pura invención. &lt;br /&gt;Simplemente me divertía escucharlo. &lt;br /&gt;Entrometido e indiscreto, le pregunté qué enfermedad era la causante de tal desventura familiar. Y con estas palabras lo hice, lo aseguro. Yo igualmente quería participar en la función.&lt;br /&gt;Mental, me respondió. &lt;br /&gt;Nos quedamos en silencio.&lt;br /&gt;La locura, repitió luego en voz baja, alargando la sílaba acentuada y abriendo de manera sobrenatural los ojos. &lt;br /&gt;Vaya, cómo no, la locura tenía que ser. Soy un experto en atraer chiflados.&lt;br /&gt;A partir de cierta edad nos persigue como si fuera una joven enamorada, mancillada y despechada, dijo asintiendo con la cabeza. &lt;br /&gt;Me gustó el símil y con una sonrisa en mi cara se lo reconocí.&lt;br /&gt;Nada de eso, Hermógenes. No es para reírse, me reprendió.&lt;br /&gt;Vaya con &lt;em&gt;mi&lt;/em&gt; nombrecito.&lt;br /&gt;No pretendía reírme, de verdad, Ernesto. Sólo le reconocía el mérito de la comparación, me excusé bienintencionadamente.&lt;br /&gt;Todo empieza con el dormir de los dedos.&lt;br /&gt;Puse cara de no comprender.&lt;br /&gt;Sí, sí. El primer síntoma, se te duermen los dedos. Las yemas concretamente. Te vas un día a la cama y a la mañana siguiente no eres capaz de sentir nada con los dedos de la mano, ni un hierro al rojo vivo.&lt;br /&gt;¿Se te duermen para siempre?, pregunté asombrado.&lt;br /&gt;No, va y viene, de vez en cuando, los primeros miércoles de cada mes, sobre todo.&lt;br /&gt;Vaya. Muy curioso, pensé, aunque no me lo creí. &lt;br /&gt;Sin embargo… Ernesto, bueno, yo creo que aunque notes que los dedos se te duermen varias veces,… bueno,… que,… eso no es suficiente para pensar que vas a perder el juicio. Es desproporcionado y lo de los dedos puede pasarle a cualquiera.&lt;br /&gt;No, no, no, dijo levantando el dedo índice. No es que lo creas, no es ninguna suposición. ¡Es una certidumbre, absoluta! Ha sucedido así siempre. Le ocurrió al abuelo Hermógenes, al tío Contestano,…&lt;br /&gt;¿Contestano? ¿Ha dicho usted contestano?&lt;br /&gt;Sí.&lt;br /&gt;Hum, qué interesante. Los Contestanos eran un pueblo íbero, asentados más o menos en lo que es ahora la provincia de Alicante,… qué casualidad,… y llegaban hasta Almansa. ¿Lo sabía?&lt;br /&gt;No.&lt;br /&gt;Igual tiene usted algún pariente…que…viene de… bueno… disculpe, no quería interrumpirle, es que hace poco leí un libro sobre este pueblo… y… además tengo un amigo que… ha restaurado algún asentamiento,… en fin,…eso,… que… me ha parecido curioso escuchar el nombre. &lt;br /&gt;Tuve que callarme y dejar que continuara. Su cara había adoptado una inquietante forma de calamar gigante que daba un mal rollo tremendo. Me asusté, en serio.&lt;br /&gt;Lo siguiente es el cabello.&lt;br /&gt;¡¿Qué?!&lt;br /&gt;Sí. Después de que se te duerman las yemas de los dedos de la mano te empieza a crecer el pelo de manera alarmante. Tienes que cortártelo todas las mañanas.&lt;br /&gt;¡Coño, era verdad lo del pelo! Sí. Le había crecido.&lt;br /&gt;Ahora no tenía dudas, lo de antes no había sido una extraña sensación. No, nada de eso. Tan verdad como la muerte que le había crecido, y aunque me costaba asumirlo, existía una prueba indiscutible que lo corroboraba. Qué diablos, mi propio juicio era la prueba. Yo mismo había reparado en ello. &lt;br /&gt;Para disimular intenté mostrar interés y curiosidad, aunque en realidad estaba flipando. ¿Y le crece mucho?&lt;br /&gt;No, lo normal. Aunque siempre llevo conmigo una máquina para afeitarme la cabeza.&lt;br /&gt;Ni por asomo quise averiguar qué significaba para él el término “normal”. &lt;br /&gt;Pero sabes, Hermógenes, lo del pelo no es lo peor.&lt;br /&gt;No, claro que no, a su edad más de uno querría ese problema. Y seguro que mucho más jóvenes también, dije quitando hierro al asunto.&lt;br /&gt;Lo peor son las matemáticas.&lt;br /&gt;Le miré a los ojos, parpadeé varias veces y levanté una ceja.&lt;br /&gt;Sí, eso dicen los especialistas. Que &lt;em&gt;lo&lt;/em&gt; nuestro se debe exclusivamente a una cuestión de ímpetu matemático.&lt;br /&gt;¿Ímpetu matemático?, pensé. ¿Qué es eso?&lt;br /&gt;Silencio. &lt;br /&gt;Anda, claro. Fugazmente me vino a la memoria la imagen del hombre buscando su asiento. Cuando identificaba los compartimentos uno a uno. &lt;br /&gt;Con que era eso, eh, no sabe contar. Lo que yo había pensado. Ja. Por eso miraba tan detenidamente su billete y después el número del compartimento. Necesitaba cerciorarse de que los números que veía en su billete, símbolos más o menos sencillos para él, coincidieran con los estampados en el compartimento. Claro. Ja, ja, el tipo no sabe sumar.&lt;br /&gt;Las matemáticas se pueden aprender, Ernesto, dije con voz pausada, casi sedante. No se preocupe por eso, a cualquier edad se puede, de verdad. A unos les cuesta más que a otros, pero eso, eso es lo normal. Además, si se analiza detenidamente, la matemática es una ciencia sencillísima. En su base, por supuesto. Alguien dijo que es muy parecida al arte. Y yo estoy de acuerdo. La complejidad en ambas disciplinas surge con los infinitos y posibles supuestos que existen, tantos como se quiera. No tendrá problemas. En serio. Se lo digo yo. Mire, las matemáticas se resumen, sintetizando un tanto a la ligera, en establecer relaciones cuantitativas. Así de simple. Cuánto es A más B, si B es igual a C, y C es dos veces A. Pues tres A. ¿Lo ve? Todo son operaciones. De sumas y restas, básicamente. Algunas son sencillas y otras tienen cierto grado de complejidad, claro. Pero a partir de axiomas y empleando la lógica se establece el supuesto orden matemático. Yo de usted no me preocuparía por eso… ¿Ernesto? &lt;br /&gt;Se había levantado sin decir nada y se había marchado. Y no me había percatado de si lo había hecho malhumorado o no. &lt;br /&gt;Me vi con la última palabra muerta en las puertas de mis labios, como cuando te cuelgan el teléfono.&lt;br /&gt;¿Qué pasa?&lt;br /&gt;Noté que la gente del vagón cuchicheaba, y me echaba miraditas. El sesentón mulato le dijo algo a su mujer al oído y luego ambos giraron la cabeza hacia mí para mirar inquisitorialmente. Me recordaron a los actores de una opereta.&lt;br /&gt;Me quedé pensando en lo que le había dicho. No había dicho nada malo. ¿Qué había de malo? ¿Tal vez fui demasiado directo? No. ¿Algo grosero? ¿Cínico?  No. No. &lt;br /&gt;Miré afuera, a través de la ventanilla. No quería notar las miradas de nadie. Intenté distraerme con el paisaje de afuera pero no fui capaz de ver absolutamente nada. Sólo pude distinguir mi reflejo en el cristal, como un adhesivo desgastado, casi traslúcido, un &lt;em&gt;otro yo &lt;/em&gt;que sin abrir la boca mantenía el aspecto de quien grita con desgarro. &lt;br /&gt;Empecé a sentirme mal y me cambió el semblante. Vi que mis pupilas se habían dilatado enormemente, convertidas ahora en dos huecos profundos y negros donde reconocí algo tembloroso y confuso, algo sin brillo. Era mi conciencia, la cual con un movimiento desigual y oscilante se aproximó hacia el cristal, poco a poco, como llamada por alguien o como si su única pretensión fuese salir por mis ojos sin hacer nada de ruido, igual que la lágrima de un fantasma.&lt;br /&gt;¿Qué había de malo en lo que había dicho? &lt;br /&gt;Humillante. Esa era la palabra que me repetía mi reflejo una y otra vez. Ha sido humillante. No tus palabras, sino tus gestos, tu actitud. El modo en que se lo decías. Con esa suavidad en la voz, embelesado contigo mismo…&lt;br /&gt;Pero…&lt;br /&gt;Sin apenas mirarle a los ojos. Abstraído. Porque, ¿se puede llamar hablar a eso? Pensabas en ti y para ti. ¿Y el ejemplo?, infantil a más no poder. Como si le hablaras a un niño, si te hubieras visto, era patético…&lt;br /&gt;Ey, ey. A la mierda, ya está bien, lo siento, ¿vale?, no era mi propósito. No pienso comerme la cabeza por eso. No. Me niego. Mi intención era buena y las buenas intenciones no deberían convertirse en malas por el simple motivo de no utilizar las palabras o los gestos adecuados. Si tengo que pedir disculpas lo haré. Pero sólo por no haber acertado en escoger las palabras idóneas, sólo por eso.&lt;br /&gt;Me quedé algo apesadumbrado, esperando a que Ernesto volviera, como así hizo a los pocos minutos.&lt;br /&gt;Se sentó con una sonrisa en la boca, amplia como una luna. Sus ojos me parecieron más redondos que nunca y yo sentía que me hacía cada vez más pequeño. &lt;br /&gt;Percibí que se había cortado el pelo por los pelitos que garabateaban sin orden sus orejas. &lt;br /&gt;Tienes sandunga, Hermógenes. Y buen chico, dijo casi riéndose. La gente debería tener más sentido del humor. Aunque parezcan inocentes, o ignorantes, mejor ver los dientes por risa que por rabia. Sé sumar, hombre. Y multiplicar, y dividir. En este tiempo, y más a mi edad, no puedes vivir sin saber sumar. Te engañarían antes de que pudieras dar dos pasos seguidos. Estamos rodeados de desalmados, Hermógenes. Mi padre decía que las ratas más peligrosas viven fuera de las alcantarillas. Hay que andar con paso seguro y el dinero junto a los cojones, con perdón. Dispensa por haberte hablado así, tan directo, te habré confundido. Pero yo repito lo que dicen los que saben. Problema de ímpetu matemático.&lt;br /&gt;Permanecí callado, realmente estaba impresionado con aquel hombre.&lt;br /&gt;Pero no tiene nada que ver con sumar o restar. Tiene que ver con tener la razón.&lt;br /&gt;No entendía nada. Creía ciertamente que el hombre estaba irremediablemente loco.&lt;br /&gt;Llega un momento en la vida de los varones Búnar de Matamarga, en algunos, no todos, ya lo sabes, que tenemos la razón en cualquier cosa que nos interesa e importa. Y nos impacientamos cuando alguien nos lleva la contraria. Pero en absoluto por cabezonería, simplemente porque tenemos la razón, la tenemos. A eso lo llaman  ímpetu matemático. Dicen que nosotros no vemos lo intermedio, &lt;em&gt;que no distinguimos los múltiples caminos que llevan a un destino&lt;/em&gt;. Nosotros sólo vemos el destino, vemos el final de la cuestión, nada más. Igual que el ordenador ése que juega al ajedrez. &lt;em&gt;Nuestra locura desestima lo prescindible e  innecesario&lt;/em&gt;. Lo de los dedos y el pelo es la prueba, ya te lo dije. Sabemos con absoluta certidumbre que forma parte de la enfermedad. Lo sabemos.&lt;br /&gt;Tienes toda la razón aunque el &lt;em&gt;Deep Blue &lt;/em&gt;perdió su partida, pensé yo para mis adentros y no quise decírselo. No quería probar su impaciencia y además, el tren estaba llegando a la estación de Atocha donde ambos nos bajamos una vez se hubo detenido del todo. &lt;br /&gt;Nos dirigimos hacia la calle, juntos y en silencio. Una vez fuera nos despedimos afectuosamente. Él tomó un taxi y yo decidí ir andando al hostal donde había reservado una habitación el día de antes. &lt;br /&gt;Anduve a lo largo del paseo del Prado recordando todo lo que me había pasado desde que había salido de casa. &lt;br /&gt;Cuando iba cruzar la calle, a la altura de la fuente de Neptuno, vi pasar a la chica, a la “china” como hubiese dicho el &lt;em&gt;cara de rata&lt;/em&gt;, en un taxi. Miraba al infinito mientras fumaba un cigarrillo sacando la mano fuera del coche a través de la ventanilla. Ella no se percató de mí pero yo seguí con la mirada el coche hasta que éste  se perdió enmarañado en el tráfico. Me pregunté si, mientras la trasladaban adonde fuere, iría pensando en las distintas caras del cubo de &lt;em&gt;Rubik&lt;/em&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-2875029931150251976?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/2875029931150251976/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=2875029931150251976&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/2875029931150251976'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/2875029931150251976'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2008/07/tren-de-invierno-5.html' title='Tren de Invierno, 5'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-9133194725553578772</id><published>2008-05-13T17:56:00.003+02:00</published><updated>2008-07-16T17:18:01.882+02:00</updated><title type='text'>Tren de Invierno, 4</title><content type='html'>(Viene de Tren de Invierno, 3)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El exterior es quien reconstruye el cubo. &lt;br /&gt;Me quedé callado durante un largo rato, reflexionando sobre aquello. &lt;br /&gt;Ella seguía mirando a la meseta, y era como si pretendiera no perder de vista un sitio determinado y concreto, aunque totalmente impreciso para mí, claro. &lt;br /&gt;Su cuerpo se hallaba junto al mío y sin embargo se notaba que su mente, como suele decirse, andaba por otra parte, demasiado lejos. &lt;br /&gt;¿Era ese el estado al que se refería? &lt;br /&gt;Posiblemente sí.&lt;br /&gt;Me preguntaba qué cosas puede llegar a cobijar la mente de una persona. Pero, responder a eso… uf,  imposible. &lt;br /&gt;Me aislé durante unos segundos y no pensé en nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miré el asiento que estaba delante y su cubrecabezas me recordó una vieja carta sin palabras y amarillenta. Sonreí rascándome la cabeza. &lt;br /&gt;Estiré las piernas hasta casi sacarlas al pasillo y me hubiera gustado estar en casa. &lt;br /&gt;Tomé aire y cerré los ojos.&lt;br /&gt;En mi cabeza nada quedaba de los confusos parecidos del rostro de la chica. La imagen estática de aquella parte de su ropa interior se escondía en mi memoria poco a poco, encandilada. También el olor a tabaco que antes la impregnaba parecía haberse alejado de allí dejando en su lugar una especie de sensación vacía donde únicamente la ausencia de vida podría haber sido capaz de sentirse cómoda. Junto a mí no había nadie. Cuerpos sin actividad, sentados, nada más. &lt;br /&gt;Como una vez alguien escribió: cuántas veces nos sentimos muertos siendo vivos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entretanto me vi ofuscado y pensando en aquella frase. El exterior es quien reconstruye el cubo. &lt;br /&gt;Una y otra vez. &lt;br /&gt;El exterior es quien reconstruye el cubo… es quien reconstruye el cubo. &lt;br /&gt;¿Es posible ser la obra caprichosa de cuanto nos rodea? ¿Existir exclusivamente como reflejo de algo o alguien? ¿Igual que si fuéramos personajes o escenarios de un mundo ficticio, o como rostros anónimos de alguna ilustración, ya sea pasada o futura? &lt;br /&gt;La situación invertida la tenía clara. Es decir: todo cuanto conocemos puede ser producto de nuestra imaginación. Por supuesto que sí.&lt;br /&gt;Hay cosas que no hemos creado, es cierto. Pero al menos sí las hemos nombrado, y esto es más que suficiente para considerarlas como parte de nosotros, me decía con toda certeza.&lt;br /&gt;Pero ¿al revés? &lt;br /&gt;¿Ser sólo pensamiento y no existencia? ¿Pensar sin existir? &lt;br /&gt;Parece poco probable. &lt;br /&gt;Significaría que todo ha estado, bueno, mejor dicho, que todo está de antemano hecho, algo así como un hado irresistible, como si formáramos parte de una concordancia, de una analogía, igual que las notas en un pentagrama. Sí, vaya, por ahí va el asunto, ahora lo veo un poco claro. Ser música y no sonido. Unos conforman melodías, otros constituyen la armonía, e incluso algunos son silencios. ¡Sujetos a un ritmo concreto!&lt;br /&gt;¡Es eso!  &lt;br /&gt;¡Claro, claro, como el cubo de Rubik! &lt;br /&gt;En un principio está completo, está acabado, con todas sus caras perfectas y del mismo color. Pero alguien o algo lo deshacen, para divertirse, entretenerse… o para probar la destreza de volver a reconstruirlo. &lt;br /&gt;Pero… y escapando así del laberinto pensativo en el que me hallaba encerrado, y que estaba aturrullando tanto mi cabeza que parecía que me iba a estallar de un momento a otro esparciendo, como una endeble metralla, todo el vagón de pensamientos e ideas, solté en voz alta.&lt;br /&gt;¿Y la complejidad de volver a reconstruirlo no depende de nosotros?&lt;br /&gt;¡¿Qué?!, me espetó la chica. &lt;br /&gt;A decir verdad, con mi pregunta la saqué de su ensimismamiento de una forma algo brusca. Como si la hubiera despertado de un profundo sueño saltando encima de ella. &lt;br /&gt;El resto de pasajeros me miró de forma censuradora.&lt;br /&gt;Me sentí un poco avergonzado.&lt;br /&gt;Digo que si la complejidad de volver a reconstruir el cubo de Rubik, ya sabes las diferentes caras, no depende de nosotros, repetí de un modo más delicado.&lt;br /&gt;No lo sé. Supongo que no. Que por más que nos esforcemos no va a depender de nosotros. Pero tampoco pienso demasiado en ello. Como te he dicho, eso sólo me pasa cuando miro a través del cristal y además, sólo cuando viajo en tren. Lo que me induce a pensar así debe de ser la sensación de permanecer inmóvil mientras estoy, de forma indivisible, alejándome de un todo y acercándome a otro todo. &lt;br /&gt;Ah, dije sencillamente, y nos quedamos en silencio. &lt;br /&gt;Le daba vueltas a lo de ser música y no sonidos porque me parecía buena la elucidación pero me acordé de un amigo que siempre me dice que “la filosofía ya está inventada y reinventada, no te comas la cabeza”, y entonces, dejé de pensar en ello. &lt;br /&gt;Enchufé los auriculares al hilo musical para así relajar mi enredada mente y olvidarme de todo aquel rompecabezas existencialista de antes. &lt;br /&gt;Pretendía dejar de lado la interpretación figurativa, y un tanto metafísica, de las caras del cubo de Rubik en el que había estado pensando más de la cuenta y supuse que la música actuaría de perfecto ungüento mental. &lt;br /&gt;Sintonicé el canal clásico mientras me acomodaba en el asiento y acompasaba mi respiración. &lt;br /&gt;La obra que sonaba a través del hilo musical la reconocí de inmediato. Sí, era &lt;em&gt;La noche transfigurada&lt;/em&gt; de Shönberg. Vaya casualidad, me dije, otro que no pensaba nada. &lt;br /&gt;Tomé aire de nuevo y lo solté como si con él pretendiera dejar escapar por la boca toda la esencia de mi alma. &lt;br /&gt;Agarré &lt;em&gt;La Línea de Sombra &lt;/em&gt;y leí. Leí de un tirón varios capítulos. No me detenía de cuando en cuando como suelo hacer para reflexionar sobre lo leído. No, seguí leyendo como quien sube o baja una escalera eterna. Mi intención no era descifrar los ingredientes que conforman la historia igual que un catador buscando en la boca los diferentes matices de lo ingerido. No, ni mucho menos. No juzgué en ningún momento la fluidez o claridad del estilo, no me detuve mi una sola vez para elogiar símiles, ni tampoco anduve atento a las metáforas de la vida que toda historia posee de manera intrínseca. Sólo quería leer, disfrutar de la lectura y ausentarme. &lt;br /&gt;De este modo y con la fidelidad de un viejo perro me entregué al libro, y estuve junto a sus personajes igual que un ser invisible que vive con ellos y sufre por ellos. Nadie sabe cuánto le debemos a las historias, constantemente repetía mi tío C., gracias a ellas nos convertimos en una especie de dios oculto cuyo único atributo divino o poderoso es observar impasible lo que acontece.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tren se detuvo en la estación de Albacete y el ajetreo de los nuevos pasajeros interrumpió mi lectura. Me desperecé disimuladamente entrecruzando los dedos y empujando las manos hacia el suelo, contuve en vano el indomable bostezo y una lágrima escapó involuntariamente de mi ojo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-9133194725553578772?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/9133194725553578772/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=9133194725553578772&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/9133194725553578772'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/9133194725553578772'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2008/05/tren-de-invierno-4.html' title='Tren de Invierno, 4'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-8917794554061223288</id><published>2008-05-06T16:17:00.002+02:00</published><updated>2008-05-09T12:26:41.955+02:00</updated><title type='text'>Tren de Invierno, 3</title><content type='html'>(Viene de Tren de Invierno, 2)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eché una meadita, me lavé las manos y una vez más, para despejarme definitivamente, volví a mojarme la cara. Me arreglé un poco el pelo a la vez que juzgaba mi aspecto y entablaba lo que alguien llamó “la inherente conversación de la imagen”. &lt;br /&gt;Salí del servicio dejando dentro, perdidos y encerrados en la irrealidad del espejo, mi reflejo y mis tonterías. &lt;br /&gt;Me dirigí de nuevo a mi asiento.&lt;br /&gt;La luz matinal, en aquel momento, comenzaba a entrar con vivo fulgor a través del cristal de las ventanillas. Lo hacía de forma oblicua, como si el viento hubiera conseguido, tras siglos de esfuerzo, doblegar los rayos de sol. &lt;br /&gt;Afuera, sobre la inhabitada meseta, se veían esparcidos pequeños bancos de niebla que parecían enormes crisálidas. Ello me hizo creer en la existencia de alguna gigantesca larva que se dedicara, ciertas mañanas, a transformarse en luz después de haber sido, durante toda la noche, indiferente oscuridad. &lt;br /&gt;Al dejarme llevar por las reglas de la imaginación, tan antojadizas y escurridizas ellas, se me sugirió la idea de que las montañas, en realidad, eran el cuerpo y la cabeza de esa supuesta larva. Pero claro, ya metamorfoseada en polilla.&lt;br /&gt;Llegué a mi sitio y la chica, esta vez sí, ocupaba su verdadero asiento. &lt;br /&gt;Parecía más recostada que sentada y sostenía un libro entre sus manos. &lt;br /&gt;La cabeza la tenía ligeramente ladeada y un largo mechón de pelo negro le caía de tal modo que parecía una sombra que tuviese la obligación de ocultarle el rostro. De ocultárselo para mí, claro. &lt;br /&gt;Fue al pensar en esto cuando volví a tener aquella sensación de antes, la de haber conocido esa cara. Tal vez en otro tiempo y seguramente en otro lugar. &lt;br /&gt;De repente, me di cuenta de que por encima de la cintura del vaquero, a la chica se le veían las bragas. Sólo un trozo, claro, pero me fue imposible evitar que se me quedara grabado en la cabeza igual que un recuerdo de esos fundamentales. El ángulo de visión de mi memoria, de forma perspicaz y prudente, se inclinó hasta reducirse a esa pequeña tira de tejido íntimo que ante mi conciencia, se distinguía igual que lo hacen los vivos colores sobre un fondo blanco o negro. &lt;br /&gt;El suave y pequeño trozo de tela, celoso de mí, se abrazaba con ímpetu a la blanca piel del vientre. Era de color rojo y por culpa de ciertos pensamientos que escaparon a mi voluntad, sentí que mi rostro tomaba ese mismo matiz. Por lo demás, nadie se percató.&lt;br /&gt;No me importa si prefieres el lado de la ventanilla, le dije en cuanto hizo el ademán de levantarse. &lt;br /&gt;Mis incontables pensamientos, ni que decir tiene, ya se habían suavizado. &lt;br /&gt;¿Sí?, ¿en serio no te importa? me contestó con agrado y corroborando lo que antes había pensado: era española o cuando menos hablaba perfectamente el español, pronunciando, incluso, las eses un tanto a la valenciana. &lt;br /&gt;Claro que no me importa, le hice saber. &lt;br /&gt;Se cambió de sitio y me dio el libro de Conrad. &lt;br /&gt;Dejé mi chaqueta en el anaquel y me senté.&lt;br /&gt;La verdad es que a mí también me trae sin cuidado un sitio que otro, dijo de forma etérea cuando se hubo sentado, pero me gusta a veces aliviar mis pensamientos mientras miro a través del cristal. &lt;br /&gt;¿Te alivia?, pregunté.&lt;br /&gt;Ajá, me relaja. Y me evado. Siento como si todo lo que se me va ocurriendo mientras observo lo que pasa afuera no tuviera nada que ver conmigo, como si fueran las ocurrencias de otro.&lt;br /&gt;Vaya. &lt;br /&gt;¿Como si lo que ves no fuera real y es tu imaginación quien hace que aparezca?, le pregunté probando a ver por dónde me salía, porque no acababa de comprender bien del todo lo que me explicaba y porque además me gustan todos esos rollos de doble personalidad. &lt;br /&gt;No exactamente, me dijo. ¿Conoces el cubo de Rubik? &lt;br /&gt;Sí, contesté. De pequeño creo que una vez conseguí completarlo. No sé si fue porque leí en algún sitio la serie de movimientos que debías reproducir una vez habías conseguido formar una de las caras, o tal vez porque me ayudaron a hacerlo. No lo sé, algo así sería, no lo recuerdo bien. ¿Acaso lo que se te va ocurriendo mientras miras tiene perspectiva geométrica?, ¿es poliédrico o cúbico? Hice estas preguntas pensando que eran las preguntas más absurdas que había hecho en mi vida.&lt;br /&gt;No, respondió de forma áspera. &lt;br /&gt;En efecto, las preguntas eran muy absurdas. &lt;br /&gt;No va por ahí. Quiero decir que cuando miro a través de la ventanilla del tren, siento como si…, a ver cómo te lo explico sin que me tomes por loca…, siento como si yo fuera una de las caras del cubo de Rubik, y mis pensamientos, las restantes caras. Cada cual tiene su propia función, yo una y los pensamientos otra,  pero dentro de un mismo objetivo, que es formar el cubo, ¿vale?... ¿me sigues? &lt;br /&gt;Yo asentía.&lt;br /&gt; Para que se logre el objetivo, continuó con su explicación, se necesita, obligatoriamente, que ambos movimientos sean distintos, diferentes. Pero manteniendo, irremediablemente, el objetivo, ¿me sigues? Yo tengo mi propio movimiento, que es, obviamente, distinto al movimiento de mis pensamientos. Aunque en esencia es el objetivo el que marca nuestros movimientos ¿vale?&lt;br /&gt;Menudo cacao, pensé. Pero disimulé el pensamiento. &lt;br /&gt;Hummm...., sí, creo que sí, pero hay algo que no tengo claro, algo que se me escapa. &lt;br /&gt;Fijé mis ojos en los suyos, rasgados y oscuros; al instante, fingiendo como si reflexionara, examiné toda su cara poniendo especial atención en su boca, muy pequeña y de labios muy finos. Tu rostro ya no me suena tanto, pensé. Luego eché una ojeada a través de la ventanilla. Me quedé unos segundos así, embobado. &lt;br /&gt;Cuando de nuevo volví la vista a su cara, pregunté: si tú eres una cara del cubo y tus pensamientos son las otras caras, entonces, ¿el exterior qué es?&lt;br /&gt;¿El exterior qué es? repitió mi pregunta a la vez que miraba afuera, seguramente, imaginé, buscando la respuesta adecuada. &lt;br /&gt;Con un movimiento delicado se echó hacia atrás el largo mechón de pelo y su perfil se me presentó con la timidez y la claridad de un sol madrugador. Lanzó un profundo suspiro y mirándome dijo:&lt;br /&gt; El exterior es quien reconstruye el cubo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-8917794554061223288?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/8917794554061223288/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=8917794554061223288&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/8917794554061223288'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/8917794554061223288'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2008/05/tren-de-invierno-3.html' title='Tren de Invierno, 3'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-355596212547567074</id><published>2008-04-16T12:09:00.009+02:00</published><updated>2008-05-06T16:18:47.513+02:00</updated><title type='text'>Tren de Invierno, 2</title><content type='html'>(Viene de Tren de Invierno, 1)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tren era un Altaria de los antiguos y por los bajos, a la máquina, se le veían bastantes manchas de aceite, como una barba de varios días mal afeitada. A la vez que frenaba acercándose al arcén, chirriaba de tal manera que si me hubieran dicho que su motor funcionaba con el abrir y cerrar de viejas y oxidadas bisagras, me habría parecido, ciertamente, posible. &lt;br /&gt;Una vez se hubo detenido busqué mi coche. El 8. &lt;br /&gt;Subí, dejé mi pequeña bolsa de viaje en el espacio destinado a las maletas y con la mirada busqué mi asiento, el “10 ventanilla”. En cuanto lo hube localizado me sorprendió ver que lo ocupaba una chica de rasgos orientales que dormía medio tapada con una chaqueta. En apariencia, en no muy cómoda situación. El cuello lo tenía totalmente torcido. Dudé en despertarla, pero la verdad es que me supo muy mal hacerlo. Así pues, tomé el asiento “10 pasillo” y dejé que la chica siguiera en su sueño. &lt;br /&gt;Me quité la chaqueta y el suéter y los puse sobre el asiento. Fui de nuevo adonde estaba mi bolsa y saqué un libro: &lt;em&gt;La Línea de Sombra &lt;/em&gt;de Joseph Conrad. Volví a mi asiento, puse la chaqueta y el suéter sobre el anaquel que hay encima de la ventanilla y con cuidado, para no despertar a la chica, me senté. &lt;br /&gt;Enchufé los auriculares al hilo musical y en el canal de éxitos y clásicos sonaba &lt;em&gt;Running On Empty &lt;/em&gt;de Jackson Browne. Agradable sorpresa. &lt;br /&gt;La calefacción estaba, para mi gusto, demasiado fuerte y el calor artificial se mezclaba con la respiración cansada de los pocos pasajeros. &lt;br /&gt;Ya asentado y tranquilo tomé aire; en él percibí el indescriptible e inconfundible olor de la corrupción humana. Seguí entregado a la canción, canturreándola en mi mente, hasta que terminó.&lt;br /&gt;Comencé a leer. Pero el calor y el movimiento del tren hacían que perdiese la concentración con excesiva facilidad. Tal vez &lt;em&gt;La Línea de Sombra &lt;/em&gt;no sea la lectura idónea para este momento, pensé. Cerré el libro, desenchufé los auriculares e intenté dormir, aunque no pude.&lt;br /&gt;Me fue imposible porque mi cabeza, que estaba demasiado despierta, se lanzaba impetuosa a descifrar un sinfín de cuestiones. Algunas tan insignificantes como peliagudas. Otras, absolutamente incuestionables. Intenté también recordar el sueño de la noche anterior porque se me había quedado un regusto alegre de él pero igualmente me fue imposible, así que opté por dejarme llevar por ilusiones del futuro. Todo ello, como de costumbre, zurcido sin ningún orden lógico. &lt;br /&gt;Decidí, como entretenimiento, observar a los pasajeros. Pero con disimulo, claro. Soy un observador pero no un cotilla. &lt;br /&gt;Miré y conté mentalmente: en total, en el coche, íbamos ocho personas. &lt;br /&gt;Me gustó el tono violeta de la chaqueta del señor que estaba sentado junto al pasillo, a mi derecha: un sesentón mulato de más de cien kilos. Tuve la impresión de que el tejido era &lt;em&gt;seersucker&lt;/em&gt; y al dedicarle la debida atención descubrí las múltiples y finas rayas en tonos blanco y marino. Las cuales, al estar pespuntadas verticalmente, semejaban un desfile de pequeños pulgones. &lt;br /&gt;La chaqueta se complementaba perfectamente con la blanca barba que le cubría parcialmente la cara. Una cara alargada, con su piel tan morena y que, debido a ciertas arrugas, parecía esculpida en cobre. Su cabeza era grande y de bellas proporciones. Aun a pesar de su abundante calvicie, el hombre me pareció resultón. &lt;br /&gt;La señora que lo acompañaba era, en contraposición al mulato, de una palidez acuosa. Movía la boca mientras dormía y su barbilla, vibraba como si estuviera a punto de echarse a llorar. Las gafas, caídas sobre la punta de la nariz, contrarrestaban el aspecto distinguido que daban su blusa y collar. Sobre su regazo, una revista sujetada por una de sus manos, se movía frágilmente. &lt;br /&gt;Los otros cuatro pasajeros estaban al fondo. Desde mi perspectiva, se encontraban justo a la derecha de la puerta automática mediante la cual accedes al otro coche. Nunca me han gustado los compartimentos en esa parte del vagón. Allí hay cuatro asientos y yo prefiero los otros, los de dos asientos. Además creo que habiendo gente enfrente de ti es imposible disfrutar de un poco de intimidad, y si te toca el asiento ahí, el viaje resulta mucho más incómodo, sobre todo para las piernas. Pero bueno, afortunadamente mi asiento no era uno de aquellos.&lt;br /&gt;Por cuestiones más que obvias sólo podía ver a los que estaban sentados mirando hacia mí. &lt;br /&gt;Uno era un chico. Rondaba los veinte años. Llevaba el pelo casi rapado y vestía un pantalón de chándal &lt;em&gt;adidas&lt;/em&gt; de color negro, una camiseta llena de diversos y vivos tonos donde predominaba el color naranja y una sudadera blanca con el escudo del Real Madrid reposando en el brazo del asiento. Una de las mangas colgaba a modo de enorme  y estirado chicle seco o como si fuera una de esas figuras surrealistas de cualquier cuadro de Dalí. Junto al chico, un hombre de unos cincuenta años descansaba plácidamente con los ojos entreabiertos. Supuse que sería el padre porque las facciones de ambos eran idénticas. Se diferenciaban en las notables impurezas que, como si fuera polvo, la piel adhiere con los años, pero la prominencia de los pómulos y la fuerza de las cejas eran exactas. &lt;br /&gt;Dos personas estaban sentadas enfrente de ellos y dada la actitud tan natural que mostraban y el intercambio de muecas que se hacían, sospeché que los cuatro formaban una familia. &lt;br /&gt;Lógicamente, como ya he dicho antes, no podía ver quiénes estaban sentados frente al chico del chándal y su padre, pero el pelo de una de aquellas personas, de la que estaba frente al padre, sobresalía por encima del asiento. Un pelo rubio, se notaba muy teñido. También parecía lacado en exceso y peinado, quizás, un tanto &lt;em&gt;demodé&lt;/em&gt;. La madre, me imaginé. &lt;br /&gt;De quien estaba sentado en el asiento del pasillo apenas pude ver algo más que un delicado brazo, el cual, de cuando en cuando, aparecía con hermosos movimientos para desaparecer de nuevo con la agilidad de un relámpago. De su muñeca subían y bajaban pulseritas que se tocaban entre sí con adorable sutilidad. En mi imaginación tintineaban con la elegancia del cascabel. Algo me decía que aquel brazo pertenecía a una niña y claro, deduje que debía de tratarse de &lt;em&gt;la pequeña de la casa&lt;/em&gt;. Hipnotizado por el movimiento del brazo, suponiéndome una hormiga que lo recorriese desde el codo hasta las uñas, me dormí; y si soñé algo, a la fuerza tuvo que quedarse para siempre en el mundo de los sueños o escondido bajo tierra salvaguardado por todas las hormigas del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me despertó el impertinente saludo del revisor. Bueno, creo que ahora se hacen llamar interventores. En fin, me da igual cómo se hagan llamar, me refiero al que comprueba los billetes en el tren. Quería que le mostrara el mío. Yo lo había dejado entre las páginas del libro de Conrad. Lo cogí y sin decir ni pío, se lo alargué. El revisor, un cuarentón feo, demasiado flaco, con la camisa de su holgado uniforme amarilla por culpa de la mala lejía, al examinar mi billete frunció el ceño y entornó de tal manera los ojos que me recordó la cara de una rata guillotinada por un cepo. &lt;br /&gt;Picó el billete haciendo una fuerza desproporcionada tratándose de un simple cartón. Fue como si pretendiera cortarle las uñas a un gorila. Me devolvió el billete con desgana y tras lanzar una mirada al asiento de la ventanilla, donde sólo estaba, enrollada como una piel de naranja, la chaqueta de la chica, me preguntó diciendo literalmente: ¿dónde está la “china”? &lt;br /&gt;A mí qué me dice, le solté con todo el pasotismo y desprecio que pude acumular. Supongo que llegué a parecerle un gilipollas o incluso peor, un maleducado. Pero lo que considerara aquella &lt;em&gt;cara de rata &lt;/em&gt;me trajo sin cuidado y aunque reconozco que tal vez el revisor no me cayó del todo bien desde un principio, creo que después de haber oído su inoportuna pregunta, se merecía, con todas las de la ley, mi actitud.&lt;br /&gt;Se alejó malhumorado y tras de sí, como la cola de una cometa, le seguía un rastro pestilente de sudor agrio. Cuando se detuvo para picar los billetes de la &lt;em&gt;familia&lt;/em&gt;, la puerta automática se abrió y mi compañera de asiento apareció. &lt;br /&gt;Sin que el revisor dijese nada, ella le indicó que tenía el billete en su bolso. &lt;br /&gt;La chica se acercó hacia &lt;em&gt;nuestro&lt;/em&gt; lugar con movimientos rápidos y gráciles producidos por el traqueteo del tren. Quizás habría que decir que eran torpes y fortuitos, pero aquellos movimientos evocaban realmente la belleza del azar. Llegó trayendo consigo un fuerte olor a tabaco e imaginé que venía de echarse un cigarrillo a escondidas. Me regaló una sonrisa y soltó un “hola” con absoluto acento español. Bien, tiene que ser española, pensé. Alargó un brazo y del anaquel agarró su bolso. Sacó el billete y se dirigió de nuevo hacia donde estaba el &lt;em&gt;cara de rata&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;Seguí con mi mirada su caminar, fui algo descarado, lo sé,  pero en aquel momento no me importó, en absoluto, que alguien viera cómo la observaba. &lt;br /&gt;La chica calzaba unas &lt;em&gt;pisamierdas&lt;/em&gt; marrones bastante desgastadas, vaya, y viéndola caminar, sus pies parecían, como suele decirse, las manecillas del reloj marcando las diez y diez. &lt;br /&gt;Por la camiseta que vestía se adivinaba que era una mujer con pocas curvas, y sus delgadas piernas llenaban escasamente aquellos vaqueros elásticos. En cambio su culo, aunque de una redondez asimétrica, era totalmente femenino. &lt;br /&gt;Al andar, la abundante melena negra de la chica caía sobre su espalda con el movimiento de la mar en calma en una noche sin luna. La luz artificial del vagón y la tenue del amanecer, paulatinamente entrando por la ventanilla, se reflejaron en su pelo y consiguieron distorsionar de tal manera la vaporosa realidad que la somnolencia que yo soportaba se transformó, inconscientemente, en una erección matutina. &lt;br /&gt;Me levanté de forma rápida, (¡claro, cómo iba a ser de otra forma!). Pillé la chaqueta y agarrándola con mi brazo la antepuse a mi cintura, semejando, seguramente, un torpe camarero o un acojonado torero. &lt;br /&gt;Como había decidido ir hacia los servicios para hacer tiempo, tuve forzosamente que cruzarme con mi compañera. &lt;br /&gt;Intentando ser simpático le dije, mientras mutuamente nos regalábamos una sencilla sonrisa, que iba al servicio a ver si me espabilaba. Curiosamente, en mi cabeza, la imagen del rostro de la chica se reprodujo de tal manera que hubiera jurado conocerla ya. Tuve la sensación de creer que esa cara había desenterrado una imagen que, en lo más oculto de mi conciencia, yacía fosilizada en mí. &lt;br /&gt;Extrañado me encaminé a los servicios. &lt;br /&gt;La puerta automática se abrió y en el descansillo me topé con el revisor y con su agrio tufillo a sudor. &lt;br /&gt;Anotaba algo en una libreta. &lt;br /&gt;Me miró con aquella cara de rata y volvió, de nuevo, a sus obligaciones con la libreta. &lt;br /&gt;Yo, pasando de su estúpida insolencia, entré al servicio. &lt;br /&gt;Mientras me lavaba la cara y me miraba en el espejo recordaba el saborcillo enigmático que me había dejado el rostro de la chica. Entonces, descubrí que mi erección había desaparecido.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-355596212547567074?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/355596212547567074/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=355596212547567074&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/355596212547567074'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/355596212547567074'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2008/04/tren-de-invierno-2.html' title='Tren de Invierno, 2'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-5615893006162622460</id><published>2008-04-03T16:06:00.001+02:00</published><updated>2008-07-02T13:53:02.652+02:00</updated><title type='text'>Tren de Invierno</title><content type='html'>Aquel día, puesto que a las 7:37 de la mañana me subía al tren, tuve que despertarme más temprano de lo habitual. Era el único que salía a tiempo si, como tenía previsto, quería llegar a Madrid antes del mediodía. &lt;br /&gt;Al sonar el despertador lo apagué y seguí, como si nada, durmiendo a pierna suelta. Cuando volví a abrir los ojos me levanté de un salto creyendo que se me había hecho tarde. Tuve ese extraño convencimiento de creer que ha pasado muchísimo tiempo. No hubiera sabido decir con exactitud cuánto, pero por la profundidad del sueño hubiese jurado que varias horas. Miré el reloj y sólo habían transcurrido dos minutos de tiempo real, del medible. &lt;br /&gt;Me levanté. Me aseé. Y me vestí. &lt;br /&gt;Los ojos me escocían una barbaridad y aunque me esforzaba en mantenerlos abiertos, me desobedecían y seguían casi cerrados; parecían estar vacíos, tanto o más que mi estómago. &lt;br /&gt;Levantarme de la cama me cuesta lo indecible, así pues, el día anterior, antes de acostarme, me había dejado preparada, a modo de equipaje, una pequeña bolsa de deporte. Llevaba lo normal para pasar un solo día: unas mudas, una bolsa de aseo, el cargador del móvil, un par de libros, la documentación con la tarjeta de crédito y unos cincuenta euros en efectivo. &lt;br /&gt;Salí de casa y me encaminé, de manera inconsciente, hacia la estación. A la manera de un sonámbulo, diría, o de un animal moribundo. &lt;br /&gt;Llegué a la estación, fui a la ventanilla. Nadie atendía. Hice notar mi presencia con el carraspeo de una tos fingida y enseguida apareció un señor de tez grisácea y bigote amarillo cuyo aspecto parecía enfermo o con resaca.  Tras su jubiloso saludo (ello me hizo pensar en la resaca), formalizó mi billete. &lt;br /&gt;Eran las 7:00.&lt;br /&gt;La noche había helado, y aunque no hacía más frío que cualquier mañana de noviembre, decidí esperar en la cafetería hasta que anunciasen la llegada del tren. Cogí mis cosas y hacia allí me encaminé.&lt;br /&gt;Al entrar, los olores a café y bollería hicieron estremecer mi estómago. Pedí un cortado y un donut. El camarero y (supuse) propietario, un enorme hombre de unos cincuenta y pico años (tal vez más) con unos inexpresivos ojos y de facciones muy rectas, fumaba un cigarrillo &lt;em&gt;More&lt;/em&gt; mientras leía una revista científica. A primera vista resultaba una relación pintoresca: un grandullón fumando lo que llamábamos en el instituto tabaco de putas y leyendo revistas de ésas. &lt;br /&gt;Caricatura perfecta para una revista de humor. &lt;br /&gt;El tipo pareció leerme el pensamiento y clavó sus negros ojos en los míos mientras estrangulaba el More en uno de los ceniceros. Con ello consiguió a la vez apagar el cigarro y mi estúpida idea. &lt;br /&gt;Ya la hemos cagado. &lt;br /&gt;Probé a poner esa cara tan amable que suele aparecerme cuando intento disimular tensión o disminuir el nerviosismo entre la gente y con la que, otras veces, había conseguido entablar una buena conversación. &lt;br /&gt;De nuevo me funcionó. &lt;br /&gt;¿Quieres un cigarrillo? me ofreció en cuanto acabé el cortado y el donut. &lt;br /&gt;No, gracias. No fumo, contesté sonriendo. &lt;br /&gt;Haces bien. &lt;br /&gt;Retiró los enseres de mi desayuno con lentitud. &lt;br /&gt;Yo lo he intentado dejar mil veces pero siempre vuelvo o, mejor dicho, siempre vuelve. Me recuerda a los trenes. Sí, es verdad, el tabaco y yo somos como esta mierda de estación y los trenes. Se van y luego vuelven, se vuelven a ir y vuelven otra vez. Y lo peor de todo es que se ha hecho totalmente imprescindible para mí. &lt;br /&gt;¿La estación? &lt;br /&gt;No, ja,ja, bueno también, ja,ja. Me refiero al tabaco. Si no fumara me volvería loco. En serio, me volvería loco. Terminaría saliendo en las noticias. Como uno de esos jodidos pirados que matan a sus mujeres. &lt;br /&gt;¿Sabe cuál creo yo que es el problema ahí? &lt;br /&gt;No.&lt;br /&gt;La obsesiva distinción humana entre los hombres por una parte y las mujeres por otra. No se sorprenda cuando ellas también acaben matando a sus parejas. Parece que hay algo en la naturaleza de los humanos que de manera aleatoria produce el deseo de matar. Hoy les toca a unos; mañana les toca a otros. &lt;br /&gt;Por mí que se maten todos y todas, dijo de forma seca. Mi mujer murió hace quince años. Un cáncer de estómago, y mira, no fumaba. Se fue consumiendo. Esa enfermedad endemoniada estuvo durante cuatro meses matándola poco a poco. Y cuánto que hemos…&lt;br /&gt;Las palabras del hombretón, llegado este momento, se desvincularon de su voz como si se hubiera hecho el vacío en la cafetería o como si la voz se hubiera lanzado al fondo de, algo así, como un insondable pozo del silencio. Tan callado estuvo que llegué a preguntarme si la conciencia de un verdugo sería tan muda. &lt;br /&gt;¿Estará deambulando por ese desierto en que se convierte a veces la nostalgia? &lt;br /&gt;Después de unos segundos el hombre siguió hablando con la misma energía. &lt;br /&gt;Jamás hubo problemas entre nosotros, salvo los normales, claro. Me casé a los veintidós años y ella a punto de cumplirlos. Tuvimos una hija, ya está mayor, tiene veinticuatro años. Se parece a su abuela. Si alguien le hiciera daño, si algún hijo de puta le pegara, juro por mi vida y por la tumba de mi mujer que buscaría al cabrón para despellejarlo con mis manos como si fuera un conejo – hacía con las manos el gesto de estar pelando un conejo- y después me entregaría feliz a la policía y ale, que me metieran en la cárcel, pero el sinvergüenza ése ya no respiraba ni un segundo más. &lt;br /&gt;Quizás allí consiguiera dejar de fumar.  &lt;br /&gt;Seguro, dijo entre una mezcla de risas y toses que sonaron como crujir de ramas. Y te haces abogado. ¡No te jode! Aquí te matas a trabajar para pagarle al banco tu propia casa, para pagarles los sueldos a los políticos, y van los asesinos y los ladrones y se sacan una carrera en la cárcel. ¡Pagada por nosotros! ¡Seremos cabrones!&lt;br /&gt;Es la herencia del cristianismo. &lt;br /&gt;¿Cómo? &lt;br /&gt;Sí, ya sabe, poner la otra mejilla, querer al prójimo y todo ese rollo bondadoso de los curas. &lt;br /&gt;Muchacho, no te confundas, en la vida hay que ser bueno, si no, al final lo acabas pagando de una forma u otra. &lt;br /&gt;Pero matar a alguien no parece que sea ser bueno, añadí yo mientras le reproducía el gesto de despellejar el conejo. &lt;br /&gt;Me miró con sus hieráticos y negros ojos y dijo, matar a un hijo de puta, es hacerle a la humanidad el mayor de los favores posibles. Más que pagar tus impuestos o dar dinero a los pobres. Lo otro son las leyes. Y ¿sabes quién hace las leyes?&lt;br /&gt;La puerta se abrió y se quedó callado. &lt;br /&gt;Un señor con un largo abrigo negro entraba decidido a la cafetería. Tras él la puerta se cerró despacio semejando el vuelo de una capa. &lt;br /&gt;Con educación, el señor nos dio los buenos días. Se sentó en la barra, pidió un café con leche y abrió el periódico que traía consigo. &lt;br /&gt;El hombretón preparaba el café mirándome. En sus ojos vislumbré demasiados prejuicios. &lt;br /&gt;Imaginé que se sentía molesto por no haber podido continuar liberando sus pensamientos, esos en los que estaba estableciendo un límite conciso entre el bien y el mal (o entre su bien y su mal). &lt;br /&gt;Obviamente no puedo asegurarlo con certeza. Sólo me lo pareció. &lt;br /&gt;Los minutos siguientes la cafetería pareció estar cubierta por una especie de telo impaciente, semejante al efecto que genera esa pausa que antecede a una mala noticia. Solamente fui capaz de desprenderme de esa sensación gracias al sonido que, de vez en cuando, producía el choque de la taza con el platito y al continuo y sibilante pasar de páginas. &lt;br /&gt;Sonó el altavoz anunciando la llegada del tren y esperé a que el hombre del abrigo negro saliese de la cafetería; entonces, tras pagar lo tomado, me despedí del hombretón.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-5615893006162622460?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/5615893006162622460/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=5615893006162622460&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/5615893006162622460'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/5615893006162622460'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2008/04/tren-de-invierno.html' title='Tren de Invierno'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-4997024256074954116</id><published>2008-02-15T19:31:00.005+02:00</published><updated>2009-02-03T17:31:23.225+02:00</updated><title type='text'>Recuerdos de Nueva Orleans  -Canal Street-</title><content type='html'>Caminando por Canal street. &lt;br /&gt;Una señora negra sale del &lt;em&gt;Walgreens&lt;/em&gt;. Gorda en exceso. Con el pelo recogido y estirado hacia atrás. Camina dando largos pasos, cargada con bolsas. Todas las bolsas llevan las letras rojas de &lt;em&gt;Walgreens&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;Antes de detenerse junto al semáforo, fugazmente, ha pisado el asfalto. Pero ha vuelto a la acera. Sin soltar las bolsas. Parece estar acostumbrada a que por Canal st los coches circulen tan rápido, y tan cerca de los peatones. También parece estar acostumbrada a ir cargada de bolsas. &lt;br /&gt;Los tonos grises de su camisa y pantalón, me doy cuenta al observarla, combinan caprichosamente con las nubes y con el fondo vaporoso del horizonte. El cielo, entonces, me parece una inmensa bóveda de nácar y, pienso que ella, tal vez al vestirse, tuvo todo esto en cuenta. ¿Será posible? En seguida ironizo con la estupidez de mi pensamiento. Pero para mis adentros. &lt;br /&gt;Cuando la luz del semáforo se pone verde, la señora cruza la calle con la mirada distraída, o repasando mentalmente, sospecho, sus quehaceres domésticos. Igualmente parece acostumbrada a esto.&lt;br /&gt;Unos seis chicos, menores de veinte, negros todos, pasan corriendo junto a ella. Ni la han rozado. Ella ni los ha mirado. No parece importarle que coches y niños vayan muy rápido esta mañana, o todas las mañanas. Gira a la derecha por Carondelet st y se detiene. Deja las bolsas en el suelo, junto a sus pies, de forma impaciente. Mete la mano en uno de los bolsillos de su pantalón. El de la izquierda según la miramos de frente. La señora es diestra. Saca un móvil y comienza una conversación divertida, creo yo, por la amplia sonrisa que su rostro muestra. Sus dientes son blanquísimos. Como los globos de sus ojos. También parece acostumbrada a reír de esta manera, tan sincera. En cuanto termina de hablar guarda el móvil y tarda en esconder la sonrisa. Igualmente tarda en recomponer la mirada distraída. La de sus quehaceres. Toma aire. Con agilidad carga de nuevo con todas las bolsas. Se aleja de nuestra vista penetrando en la aglomeración de las calles. Desvaneciéndose, como arena sobre arena. Unos segundos después su enorme cuerpo ha sido engullido por el voraz movimiento de ida y vuelta de la ciudad. &lt;br /&gt;Nosotros cruzamos Canal st. Hacia Bourbon st. Lo hacemos rápido, impelidos por el ritmo de los transeúntes. Todo fluye automatizado, como si formara parte del mismo sistema electrónico que controla los semáforos. Verde y rojo. Ningún movimiento deliberado. Todo encaja por su total independencia. Calculado. Diría que al asunto, así se va. Lo demás no tiene importancia. O sí, pero se relativiza. El objetivo es cruzar la calle. Y se hace. Lo hacemos. Lo hacen. Ajenos a todo y de todo. Ajenos al matiz fosco que adquiere el cielo por el sudeste. Con malas intenciones, casi amenazador. Ajenos al ruido que genera la sirena de una ambulancia. Estridente, chillona. Como un proyectil, así pasa ante nosotros, alejándose calle arriba. Ajena a nuestra mirada, también, ella también. Ajenos. Todos ajenos. Éste, ése y aquél. Éstos, ésos y aquéllos. Ajenos a mi mirada y a mi espionaje. Ajenos  a todo. Menos al semáforo.&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/R71h2VlxXCI/AAAAAAAAAEk/a8xPyoSflso/s1600-h/29-12-2007-040.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://2.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/R71h2VlxXCI/AAAAAAAAAEk/a8xPyoSflso/s320/29-12-2007-040.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5169395533427596322" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la esquina de Bourbon st con Canal st hay un camión aparcado sobre la acera. Mal aparcado. El camión es grande. Más alto que largo, y de color marrón chocolate. Como los de UPS. Bueno, similar. Está lleno de cajas de cartón.&lt;br /&gt;Un grupo de jóvenes de diversas razas descarga las  cajas de manera organizada, metódicamente. Dame, cojo, dejo. Dame, cojo, dejo. Así. Cajas llenas de ropa. Camisetas sobre todo. Camisetas de la &lt;em&gt;Sugarbowl&lt;/em&gt;. Lo sabemos porque las cajas están abiertas y es imposible no fijarse en ellas. Hay tantas. &lt;br /&gt;En cuanto los chavales acaban, el camión arranca y se va de allí, fuera de plano. Se aleja de la escena adentrándose en Bourbon st dejando esta función a medias. Inacabada.&lt;br /&gt;En ese mismo lugar, en la esquina de Bourbon st con Canal st, la noche anterior, una banda de vientos interpretaba extrañas composiciones, o extrañas escalas. No lo sé. Provocaban en la calle un eco virulento, atronador. Trece músicos, adolescentes todos, negros ellos. Una música novedosa, asombrosa. De endiablado ritmo y, en apariencia, sin melodía. El sonido nuevo que uno siempre desea encontrar, vaya donde vaya. Pero mucho más en Nueva Orleans.&lt;br /&gt;La sonoridad de la banda era de escándalo, como si en vez de instrumentos llevaran armas de fuego, y en vez de notas, dieran tiros al aire. Bang, Bang, Bang. Toma este maldito ritmo, toma, parecían decir sin decoro. Sin pudor. ¿No quieres probar? Te sentará bien. Os sentará bien. Toma. Toma. Somos negros, negros afroamericanos. Tenemos al reptil. ¿Temes al reptil?, míralo, no hace nada. Bésalo, no tengas miedo. Bang. Bang. Bang. Sí. Este españolito treintañero tenía miedo, y me avergonzaba. Pero qué importa, quería probar. Quería probar y probé. Tomé su ritmo, besé al reptil y bailé. Bailé. Bailé.&lt;br /&gt;En la esquina de Bourbon st con Canal st no queda rastro de la noche anterior, del singular bautismo. Pero recuerdo la música, sobre todo su ritmo, y su eco, su eco ardiente. Bang. Bang. Bang. Las cajas de ropa ahora ocupan ese lugar, toda la acera, unas encima de otras, apiladas sobre el presbiterio de los hechiceros afroamericanos que desaparecen con el amanecer. En mi imaginación, sólo ahí, veo la sombra del reptil, larga, deformada, como en los dibujos de Tim Burton. Cojo la mano de Carmen y sonrío de manera cómplice. Nos sentó bien. Muy bien. Bang. Bang. Bang.&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/TYQ9iO3k9O0&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/TYQ9iO3k9O0&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt; &lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/R71illlxXDI/AAAAAAAAAEs/OuMg_ebEQyo/s1600-h/29-12-2007-024.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://3.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/R71illlxXDI/AAAAAAAAAEs/OuMg_ebEQyo/s320/29-12-2007-024.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5169396345176415282" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Antes de llegar a Royal st nos detenemos para encendernos un pitillo. Uno cada uno. Lo hacemos ante la puerta de una tienda de souvenirs donde los productos estrella parecen ser las mandíbulas de caimán. La música ahí dentro suena alta. Esos acordes inconfundibles del &lt;em&gt;rythm and blues&lt;/em&gt;. Del puro. Auténtico. La tienda está vacía y la chica, no sé si es la dueña, está en el umbral mirando a la calle, tranquila. Con las manos en los bolsillos del pantalón. Y aunque su mirada está en Canal st, su mente está en la música. Se nota. Sigue la canción, cantándola.  &lt;br /&gt;Aparenta tener unos veinticinco años. Más o menos. Mulata. Bueno, criolla. De rostro simpático y ojos vivaces. Espabilada, diría. Viste una sudadera blanca de la universidad de Loyola y vaqueros desgastados, rotos por las rodillas. Su cara cambia de expresión, repentinamente, cuando la música se interrumpe. ¿Qué ocurre?, dicen sus ojos. El Cd ha comenzado a saltar, dice la respuesta. &lt;em&gt;Shit&lt;/em&gt;. Su tranquilidad se ha derrumbado. Se le nota. Nosotros también lo notamos mientras encendemos el cigarro. Maldice en voz alta, saca las manos de los bolsillos y se vuelve adentro. &lt;br /&gt;Con la primera calada del pitillo la música empieza de nuevo. Esos acordes inconfundibles. La chica esta vez no sale, permanece dentro, en la tienda. Tendrá cosas que hacer. Nosotros cruzamos Royal st y nos dirigimos a Chartres st en silencio, disfrutando y consumiendo el tiempo. A la vez. A caladas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-4997024256074954116?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/4997024256074954116/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=4997024256074954116&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/4997024256074954116'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/4997024256074954116'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2008/02/recuerdos-de-nueva-orleans-canal-street.html' title='Recuerdos de Nueva Orleans  -Canal Street-'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/R71h2VlxXCI/AAAAAAAAAEk/a8xPyoSflso/s72-c/29-12-2007-040.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-6680733332383426882</id><published>2008-01-30T19:42:00.001+02:00</published><updated>2008-02-21T13:47:14.004+02:00</updated><title type='text'>Recuerdos de Nueva Orleans</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/R71jK1lxXEI/AAAAAAAAAE0/PioNSwbQQpI/s1600-h/29-12-2007-123.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://4.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/R71jK1lxXEI/AAAAAAAAAE0/PioNSwbQQpI/s320/29-12-2007-123.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5169396985126542402" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Θ&lt;br /&gt;Era nuestro cuarto día en Nueva Orleans y ya se había instalado en el sentir de los tres, aquello de “parece que llevemos toda la vida aquí”. Ese pensamiento que, ya se sabe, pertenece a casi todos los viajes, o cuando menos a todos los buenos momentos. Así nos lo parecía, efectivamente, y así lo habíamos expresado mientras nos desayunábamos aquella mañana en la cafetería del Hampton Inn. Nuestro hotel.&lt;br /&gt;Igual que los días anteriores, nos habíamos levantado a las ocho de la mañana; nos habíamos duchado y habíamos ido a la cafetería del hotel para desayunar.&lt;br /&gt;El olor a bollería, como cada mañana, predominaba entre los demás olores del desayuno. Justo a la entrada del restaurante, una mesa ovalada de grandes dimensiones y ornamentada con flores secas ofrecía a modo de &lt;em&gt;buffet&lt;/em&gt; todo tipo de alimentos. Magdalenas de chocolate, de pasas, de frambuesas. Pastelitos de crema y hojaldre. Yogures naturales o de sabores. Macedonia de frutas. Rebanadas de pan de molde ordenadas en una bandeja y listas para introducirlas en la tostadora. Tarrinas de queso &lt;em&gt;philadelphia&lt;/em&gt;. Grandes jarras llenas de leche. Una especie de horno metálico y hermético que servía para mantener el calor de platos ya cocinados y que invariablemente, durante nuestros siete días, consistían en: un día huevos, otro, hamburguesas. No recuerdo bien si aquél día había una cosa u otra. Pero no importa, si no eran huevos, por fuerza debía de tratarse de hamburguesas. &lt;br /&gt;En el salón colindante, apoyadas sobre una mesa, estaban las máquinas de café y zumos donde también, libremente, cada uno se servía lo que le apetecía y las veces que quisiera.&lt;br /&gt;El restaurante se ponía a tope a eso de las nueve y algo de la mañana. Como si el verdadero despertador no fuera el tiempo y sí el hambre. Pillar una mesa libre dependía de segundos. Quien saliera antes de los ascensores o pasillos, antes se sentaba. Nosotros tuvimos suerte todos los días porque nuestra habitación estaba en la misma planta que el restaurante. &lt;br /&gt;Mi tía, aquella mañana, se había sentado en una de las mesas más próximas a los ventanales. Afuera, tímidos rayos de sol arañaban con oro las fachadas de los pocos rascacielos de Nueva Orleans. Ella solía mirar indistintamente a la calle o a la gente de la cafetería mientras nosotros íbamos a por los desayunos. Aunque aquí pueda parecerlo, no es que actuáramos como sus sirvientes. Para nada. Lo que ocurría era que ella sólo tomaba para desayunar café con leche y una magdalena. Nada más. Eso le servía, prácticamente, de alimento para todo el día. Carmen y yo, en cambio, hacíamos un buen desayuno. Tomábamos café con leche, zumos, tostadas con queso, magdalenas, yogures. Más o menos. Siempre nos desayunábamos fuerte. Por ello, de ordinario, cuando ella estaba sentada con su café con leche y su magdalena mirando de aquí para allá, nosotros, pareciendo abejas un día de primavera, íbamos y veníamos portando los diferentes platos cargados de comida. &lt;br /&gt;Ese día, en la mesa de al lado, frente a mí, desayunaban, lógicamente como hacíamos todos, una mujer y un hombre de unos sesenta años. El hombre, de tez muy rosada y pelo blanco peinado hacia atrás, iba en silla de ruedas y tenía abierto sobre la mesa el periódico que el hotel ponía todas las mañanas sobre el pomo de la puerta de las habitaciones. El USA Today. Mientras bebía café leía en voz alta una noticia deportiva. Ella –yo sospeché que sería su esposa- masticaba con elegancia una tostada. Mantenía el cuerpo bastante erguido y atendía con indiferencia tanto a lo que veía en el periódico como a lo que decía (supuestamente) su marido. Cuando el hombre acabó de leer, ella le dijo algo en voz baja. Algo imperceptible para nosotros, pero el tipo de la silla de ruedas achinó los ojos, soltó una risita y le agarró la mano. Sin duda ella consiguió lo que pretendía, fuera lo que fuera. Él, entonces, siguió leyendo para sus adentros y ella con la misma elegancia continuó masticando en silencio. Al rato la mujer se levantó, retiró la bandeja del desayuno de ambos, echó los desperdicios a la basura y se dirigió hacia la mesa. Agarró los mangos del respaldo de la silla, la separó de la mesa y condujo al hombre hacia los ascensores. A los pocos segundos una puerta de los ascensores se abrió. Ella y el conjunto unitario que formaban hombre y silla entraron al ascensor, la puerta se cerró y aquella pareja desapareció de nuestra vista y de nuestras vidas para siempre. Nosotros, mientras la realidad se estaba convirtiendo en recuerdo, terminábamos nuestro desayuno hablando de temas superfluos.&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/R71krVlxXGI/AAAAAAAAAFE/x_djrEO5V2M/s1600-h/29-12-2007-111.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://2.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/R71krVlxXGI/AAAAAAAAAFE/x_djrEO5V2M/s320/29-12-2007-111.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5169398642983918690" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                          Θ&lt;br /&gt;Aquella mañana de nuestro cuarto día en Nueva Orleans habíamos decidido ir al Uptown. En esa parte de la ciudad están la Universidad de Loyola y el parque Audubon. Para ir allí tienes que coger el tranvía de St Charles si no quieres darte una caminata de casi dos horas. Por supuesto no teníamos esa intención, así que una vez en la puerta del hotel y después de que Carmen y mi tía esperaran a que yo bajase de la habitación puesto que había subido a por el paquete de &lt;em&gt;Pipper&lt;/em&gt; que habíamos olvidado, fuimos hacia la parada del tranvía de St Charles más próxima y que está a unos cincuenta metros del Hampton Inn.&lt;br /&gt; Cuando llegamos a la parada había gente esperando el tranvía. Casi todos ataviados con las camisetas de los equipos de la &lt;em&gt;sugarbowl&lt;/em&gt;, es decir, la final de la liga universitaria de fútbol americano. No tengo ni idea a qué podría comparársele en Europa. Tal vez a la final de la copa de la U.E.F.A., aunque como digo, no tengo ni idea. La &lt;em&gt;sugarbowl&lt;/em&gt; se disputa allí todos los años el día 1 de enero.&lt;br /&gt;La parada del tranvía de St Charles, la que nosotros cogíamos, está en la esquina de Carondelet street con Canal street. Que para tener más o menos una idea es casi el centro del distrito financiero. Si giraras a la derecha en Canal st y siguieras andando, te toparías con el Missisipi. Si, en cambio, cruzas Canal st, y sigues derecho, te metes en Bourbon street. &lt;br /&gt;La mañana estaba medio cubierta pero a su vez, tenía una tonalidad brillante que se reflejaba en los charcos del suelo como si éstos fueran diamantes fundidos. Grandes nubes que más tarde serían absorbidas por la garganta del cielo volaban en dirección sur semejando aves despistadas. La humedad se notaba mucho más a la sombra, y aunque se sentía el frescor de la lluvia de la noche anterior, el día, como así fue, se anunciaba cálido. Yo, por si acaso, llevaba conmigo el paraguas.&lt;br /&gt;Sacamos tres cigarros del paquete de &lt;em&gt;Pipper&lt;/em&gt; y nos encendimos cada uno un pitillo. Los coches pasaban veloces y un claxon impertinente delató el casi choque entre dos taxis. La tienda de la esquina abría sus puertas en ese momento y un indigente sin dientes pedía limosna junto a la escalera de incendios del edificio de enfrente. Un chico negro bailaba y cantaba a nuestras espaldas. Otro, con ojos sobresalidos y mirada perturbada hablaba sin sentido. Se movía por entre la gente con los inesperados movimientos de un tiburón. Todos temíamos que se dirigiera a nosotros y una suerte de silenciosa sensación se quedó estanca junto a la parada. Yo con el rabillo del ojo seguía sus movimientos. Era igual de imposible mirarlo que no hacerlo. Se detuvo frente a una mujer y pegó sus ojos frente a los de ella. Sin dientes, como el indigente de la escalera de incendios, sus ojos brillaban sobre su negro rostro de una forma muy extraña. Parecía drogado, aunque más de miseria que de coca y más de desgracia que de caballo. Sobresaltado por algún estímulo propio, como un animal asustado, dejó a la mujer y torpemente se arrimó a una señora grande y gorda que tenía de la mano a sus dos hijos. La mujer, acostumbrada a tipos así, pensé por su reacción, no pareció importarle que se agachara y jugara con los niños. El tipo sacó de uno de sus bolsillos unos cuantos dólares. Con una sonrisa torpe dio un dólar a cada uno de los niños. Los niños parecían muy impresionados, aunque no sé si por el dinero o por el tipo. En ese momento la campana del tranvía de St Charles sonó a nuestra izquierda. El negro, los chicos y yo giramos la cabeza a la vez que el tranvía se detenía junto a la parada. Al instante me volví de nuevo a mirar. Quise saber si los niños se habían quedado con el dinero o si su madre había hecho devolvérselos. Pero no pude saberlo y jamás lo sabré. Todos, entonces, habían empezado a subir al tranvía como si quisieran alejarse del lugar donde un tiburón humano daba dólares a los niños y yo, como uno más, hice lo mismo.&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/R71kHVlxXFI/AAAAAAAAAE8/wCClzqboBKg/s1600-h/29-12-2007-105.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://2.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/R71kHVlxXFI/AAAAAAAAAE8/wCClzqboBKg/s320/29-12-2007-105.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5169398024508628050" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-6680733332383426882?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/6680733332383426882/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=6680733332383426882&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/6680733332383426882'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/6680733332383426882'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2008/01/recuerdos-de-nueva-orleans.html' title='Recuerdos de Nueva Orleans'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/R71jK1lxXEI/AAAAAAAAAE0/PioNSwbQQpI/s72-c/29-12-2007-123.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-5866075740224451352</id><published>2008-01-08T16:35:00.000+02:00</published><updated>2008-01-08T19:21:52.900+02:00</updated><title type='text'>Into the Wild</title><content type='html'>Bueno, ya sabéis que hablar de cine no es algo que suela hacer. Definitivamente por la calidad (amazacotada) del que se hace en este país de bandidos, chorizos y falsos intelectualoides.&lt;br /&gt;Pero quiero comentaros acerca de la última película dirigida por Sean Penn y la cual se estrena en enero del 2008 en toda España. "Into the Wild". Está basada en el bestseller de John Krakauer de mismo título. Por cierto, la editorial ZETA está preparando la novela en su primera edición traducida al castellano. Dicho esto, vayamos a la peli.&lt;br /&gt;Lo contado en sí me parece mejor que la propia película. Obviamente disfruté viéndola, y mucho. Además no sería de extrañar que se extiendera ante ella la alfombra roja de los próximos OSCARS. No lo sé. Pero me da que sí. Huele a ello. La historia, basada en un hecho real, situada en el año 1992, va sobre un chico (Chris McCandless, posteriormente se hará llamar Alexander Supertramp) que tras graduarse abandona todo cuanto tiene (familia, novia, futuro claro... si alguna vez el futuro puede ser claro, claro) porque quiere ir viviendo la vida como si ésta fuera un nuevo mundo por descubrir. Decide ir a Alaska. Terreno salvaje. Donde todo está por hacer. &lt;br /&gt;Aquí os dejo el trailer del film.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;P.S. Ah, se me olvidaba. La banda sonora está co-compuesta e interepretada por Eddie Vedder. Le pega, pero mogollón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="355"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/MzF1SBFCuHM&amp;rel=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="wmode" value="transparent"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/MzF1SBFCuHM&amp;rel=1" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="355"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-5866075740224451352?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/5866075740224451352/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=5866075740224451352&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/5866075740224451352'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/5866075740224451352'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2008/01/into-wild.html' title='Into the Wild'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-339291372427958667</id><published>2007-10-05T18:10:00.000+02:00</published><updated>2007-10-30T19:03:08.016+02:00</updated><title type='text'>El efecto hormiga</title><content type='html'>Acababa de despedirme de Carmen en el portal de su edificio y, caminando de forma distraída, me dirigí a casa canturreando mentalmente My Back Pages de Bob Dylan. Bueno, la melodía que entonaba yo no era la de Dylan sino la versión que hacen los Byrds. Me pareció que la luz del cielo, de un añil indescriptible, le iba de perlas a las armonías vocales de Roger Mcguin y David Crosby. &lt;br /&gt;Abstraído, me dejé llevar por mis caprichosos pasos de tal manera que, mientras yo estaba en la parra, o incrustado en el extraño añil del cielo, una y otra vez se repetían en mi mente los estribillos de la canción: &lt;em&gt;I was so much older then, I´m younger than that now. I was so much older then, I´m younger than that now. I was so much older then, I´m younger than that now.&lt;/em&gt;Sinceramente, no sé si estaba distraído por pensar en la canción o fue la  propia distracción la que me transportó a la canción. Sea como fuere, parecía que estuviese paseando por los surcos de un disco de vinilo. De un disco de vinilo de los Byrds, por supuesto. Lo curioso es que en ese momento no me hubiera importado estar así, girando sobre un disco, el resto de mi vida: &lt;em&gt;I was so much older then, I´m younger than that now&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;Aquélla era una de esas típicas noches de octubre sobre la cual podría decirse que el calor y la gente, como si temieran la aparición de un espectro abominable, andan alertas y veloces con el único fin de abandonar las calles antes de la medianoche. Sin embargo, viendo cómo estaba el ambiente, algo me decía que calor y gente no tenían la misma prisa, puesto que, quitando a una pareja de enamorados adolescentes que se acurrucaban sentados en un banco, no me crucé con nadie más, y en cambio la noche todavía era incapaz de refrescar. Ahora, los coches, semejando una enorme cremallera, pasaban pegados uno a otro. Parecía que tuviesen la obligación de cerrar las calles. Y sellarlas a cal y canto.&lt;br /&gt;Yo seguí sumido en la canción, tarareándola una y otra vez, y sin percatarme de que ya hacía un buen rato que había pasado por el portal de mi casa. La verdad es que no recuerdo haber pasado por ahí. Si pasé…, bueno, obviamente tuve que pasar, pero si lo hice con tal distracción, fue porque lo que estaba ocurriendo ante mis ojos debió de ser algo absolutamente superfluo. Tampoco me di cuenta de que, andando como anduve, había pasado junto al viejo motor del agua; tenía frente a mí las luces veloces de la autovía; y ya casi estaba ante la verja por la cual, una vez abierto el candado, accedes, después de atravesar cuarenta y ocho metros cuadrados de grava, maleza, diversos tipos de hierbajos, un coche abandonado junto un alto ailanto y cacas de perro, a la puerta de la casa que sirve, a nuestro grupo, de local de ensayo. Si no llega a ser por Eto, seguro que hubiera seguido andando hasta Dios sabe dónde. &lt;br /&gt;Eto es la perra del local y vive, cuando no estamos ensayando, en esos cuarenta y ocho asquerosos metros cuadrados. No sé cuántos años tendrá el animal, pero intuyo que demasiados. &lt;br /&gt;Gracias a los ladridos alegres de la perra pude librarme del ensimismamiento en que me hallaba recluido y menos mal, pensé, porque parecía que las fuerzas invisibles estaban expulsándome de la ciudad.&lt;br /&gt;Acaricié, metiendo la mano por entre los barrotes de la verja, la cabeza de la perra y le dije unas cuantas tonterías. “Queee, quién anda ahí, a por él, busca, busca, busca al ratolí, la más guapa”, y esas cosas le dije. &lt;br /&gt;Pronto me cansé de la absurda conversación. Además, ahora sí empezaba a hacer  frío y las cervezas que me había tomado con Carmen estaban haciéndome un efecto extraño. Es que llevaba el estómago vacío.&lt;br /&gt;Ya me disponía a regresar a casa cuando observé, con desconcierto y algo de preocupación, cómo, de la ventana de la casa, un resplandor brillaba de forma intermitente. &lt;br /&gt;Sé que materialmente es imposible meter un coche en el local. Si a alguien le diera por intentarlo tendría que desmontar el coche pieza por pieza; después, subir las piezas a través de unas diez estrechísimas y empinadas escaleras; una vez arriba, volver a montarlas minuciosamente y aun así, sería casi improbable que en el local cupiese el coche. Yo creo que sólo unos locos, y con alguna empecinada apuesta de por medio, podrían ser los ejecutores de tal excéntrica estupidez. En fin, como digo, si no fuera porque sé que es imposible, hubiera creído que alguien había encerrado allí arriba un coche y se había dejado las luces de emergencia encendidas. &lt;br /&gt;Intrigado, abrí el candado. Atravesé los primeros metros de grava y hierbajos esquivando las cacas de la perra y teniendo que soportar, también, la alegría descontrolada de la Eto, porque la pobre, emocionada, mientras movía la cola obsesivamente, se alzaba en sus patas traseras y plantaba sus delanteras a la altura, prácticamente, de mi pecho. Normal que esté tan contenta, pensé, a estas horas nunca viene nadie a verla. Espero que hoy no me cueste echarla, me decía preocupado mientras buscaba la llave que abre la puerta de la casa. Y es que la perra, a la que ve que meto y giro la llave, empuja histérica con el hocico como si me ofreciera ayuda para abrir la puerta, y en cuanto logra el objetivo, sube las escaleras con la agilidad de un salmón, buscando el rinconcito de la habitación donde acostumbra a tumbarse sobre un cojín destrozado que hay en el suelo. Luego no hay manera de hacerla bajar. &lt;br /&gt;Pero esa noche, por primera vez (que yo recuerde), la perra no esperaba junto a la puerta ni parecía tener ganas de salir disparada hacia su cojín. Sentada junto al tronco del ailanto, permanecía impasible y sólo cuando yo le decía algo movía la cola en señal de respuesta. Eché una ojeada hacia la ventana mientras abría la puerta y la luz intermitente seguía alumbrando allí arriba. Aunque me esforzaba en no dejarme llevar por fantásticas suposiciones ni por absurdas supersticiones noté que el pulso se me aceleraba. A pesar de ello, me decidí a subir. &lt;br /&gt;Una vez dentro y ante el primer escalón, aquella luz no me pareció tan temible. Resulta que como los tubos luminiscentes que alumbran las escaleras de la casa están fundidos, aquella intermitente luz, de momento, me iba a hacer un gran papel y en consecuencia, podía subir a la habitación con algo de visión. Una visión parpadeante, es verdad, y también inquietante, no lo dudo, pero acostumbrado como estoy a subir al local totalmente a oscuras, esos destellos, por muy ominosos que parecieran, me fueron muy útiles en aquel instante. Era, salvando las distancias, como subir las escaleras bajo la luminosidad del día.&lt;br /&gt;Cuando llegué arriba le di al interruptor y la luz amarilla de la bombilla que cuelga del techo de la habitación sofocó la otra intermitente. Mi corazón y mis pensamientos se relajaron al no ver nada extraño en la habitación. E incluso cuando descubrí que la luz intermitente procedía de un teléfono móvil todo mi ser volvió a su status quo. No es que pensara que iba a encontrarme con un monstruo o con un extraterrestre, no, qué va. En la mente, la lógica ya se encarga de despejar esas incógnitas. Lo que ocurrió es que, simplemente, no tenía la más mínima idea de lo que me podía encontrar, y ante la intranquilidad que se genera en la mente por lo desconocido, la lógica no puede hacer nada.&lt;br /&gt;Ya estaba arriba. En la habitación. Esa habitación hace tiempo estaba limpia y curiosa. Nos servía de sala de descanso cuando, a mitad de ensayo, hacíamos un break. Pero ahora parece, con todas las de la ley, una inutilizada cambra. Está llena de antiguos y estropeados amplificadores además de muchos aparatos electrónicos. Hay, arrinconadas con dejadez, decenas de botellas de cerveza, la mayoría vacías pero también hay algunas con resto de líquido donde se ven flotar colillas y cosas así: éstas desprenden un olor a fermentación que echa para atrás. Apoyados a la pared están los viejos y resquebrajados sillones que no invitan a sentarse, más bien a no acercarse a ellos. Polvo hay para cubrir no una montaña sino una cordillera. Y los rincones y techos de la habitación están repletos, como no podía ser de otra forma, de telas de araña; parece que las arañas sí encuentran la sala magníficamente habitable. A veces cuando entras, si no fuera por el viejo frigorífico que todavía funciona, la habitación parecería mucho más escabrosa que cualquier casa abandonada. Pero bueno, lo que hacemos es no prestarle mucha atención.&lt;br /&gt;El móvil, tirado sobre el sillón, seguía mandando destellos intermitentes.&lt;br /&gt;Supuse que aquel teléfono habría sido dejado en aquella habitación olvidado por alguno de los del local. Pero naturalmente, después de saber que se trataba de un teléfono, un cúmulo de preguntas y pensamientos se me amontonó en la mente. &lt;br /&gt;Este móvil es de alguien, por supuesto. Alguien ha tenido que dejárselo. ¿Cómo se lo deja ahí, en el sillón ese que está tan lleno de mierda? Igual se ha sentado y se le habrá caído. No creo que se haya sentado ahí. ¿Quién iba a sentarse ahí? No recuerdo que nadie se haya sentado últimamente ahí. Ni siquiera la perra. Bueno, quizá se haya sentado alguien. Me extraña, pero quién sabe. Digo yo que la luz será porque alguien le ha llamado. Claro, es el aviso de que tiene una llamada perdida. O un mensaje. No, es una llamada perdida. No me suena este móvil ¿a quién diablos se le habrá olvidado aquí? ¿Dónde tendría la cabeza ese muchacho para dejarse el móvil aquí? Esta habitación no es el lugar más indicado para olvidar algo. Pero por otra parte, cuando uno olvida algo no escoge el lugar donde hacerlo, si no, no sería un olvido. ¡Pero olvidarlo aquí, en este cuartucho! Voy a llamarme para ver si tengo el número y así sabré de quién es. &lt;br /&gt;Agarré el teléfono, marqué mi número y ningún nombre apareció en la pantalla de mi móvil, sólo los nueve dígitos estáticos, como en formación militar. Estaba claro que no tenía registrado aquel número. &lt;br /&gt;Empecé a curiosear el teléfono buscando algún nombre conocido. No es que pretendiera cotillear, sólo que en la situación en la que me encontraba, me veía con todo el derecho del mundo para husmear e intentar descubrir quién era el dueño del teléfono. Se supone que si localizaba al propietario, éste se pondría contentísimo. &lt;br /&gt;Buscaba casi con testarudez, y estando así me hubiera parecido raro no conocer ningún nombre dentro de su guía de registro, pero lo que me pareció verdaderamente raro fue que no tenía ningún nombre guardado en la lista, ni en llamadas recibidas, ni en enviadas, ni en nada, no había ni un solo número: el móvil no presentaba ningún rastro de haber sido usado, y el teléfono no tenía pinta de nuevo. Vamos, de nuevo sí que no tenía nada. Abrí el mensaje de aviso de llamada perdida y marqué, sin pensármelo dos veces, el número que aparecía. Si alguien ha llamado a este teléfono será porque emisor y receptor se conocen, ¿no? &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Sí, ¿quién es? &lt;br /&gt;Hola, me llamo Pascual. He encontrado este móvil en un local que tengo compartido con unos amigos y he supuesto que alguno de ellos se habría dejado el teléfono aquí. Como no tengo ni idea de quién puede ser su dueño y viendo que tenía una llamada perdida me he tomado la libertad de llamarte para que me dijeras tú de quién es el teléfono y así, poder devolverlo… ¿Hola? Tu.tu.tu.&lt;/em&gt;Había colgado. Una voz masculina, quienquiera que fuera me había colgado. O bueno, venga, no pienses mal, me dije, tal vez no me ha colgado, tal vez se ha quedado sin batería y por eso se ha cortado la comunicación. Volví a llamar. Bien, daba línea. Eso significaba, por lo tanto, que persistían todas las posibilidades formuladas: una, no se había quedado sin batería, dos, ya había puesto a cargar el teléfono o tres, en efecto como había supuesto en un principio, sí me había colgado. Esta vez no contestaron. Volví a llamar y volví a llamar. Nadie contestó.&lt;br /&gt;Desistí de llamar otra vez porque ello no me conducía a nada y además, notaba que me estaba mareando. Me proponía a marcharme a casa y a llevarme el móvil del desconocido conmigo. Otro día preguntaría a los del local. Pero de repente el teléfono empezó a sonar. Era el número. Era el mismo número. Bien, estaba llamándome. Tomé aire y el mareo pareció desaparecer momentáneamente.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;¿Sí? ¿Hola?&lt;br /&gt;Hola Pascual.&lt;br /&gt;¿Cómo? ¿Me conoces?&lt;br /&gt;Bueno, me has dicho tu nombre. Antes me has llamado y has dicho tu nombre. ¿No?&lt;br /&gt;Sí, sí, claro. Pero me refería…, nada, olvídalo. Te he llamado porque no sé de quién es este teléfono. Y pretendía devolverlo porque supongo que es de algún colega. Y supongo que se lo ha debido olvidar. Y, pues eso.&lt;br /&gt;Sí, sí, ya sé, te oí decir todo eso antes. Pero yo no conozco a ese alguien.&lt;br /&gt;¿Perdona?&lt;br /&gt;Sí, bueno, digo que yo no conozco a tu colega. Yo no sé de quién es el móvil. Yo no he llamado a ese número.&lt;br /&gt;¡Pero si he visto la llamada perdida! Por eso he llamado.&lt;br /&gt;Pues yo no he llamado. Bueno, y además, a mí este número no me suena de nada.&lt;br /&gt;¿Y por qué me has llamado entonces  tú?&lt;br /&gt;Bueno, pues porque me ha parecido muy extraño lo que me has contado y a la vez interesante.&lt;br /&gt;¿Puede ser que alguien a tu lado haya llamado?&lt;br /&gt;No, estoy solo.&lt;br /&gt;¿Solo?&lt;br /&gt;Sí, estoy solo. Bueno, estoy trabajando.&lt;br /&gt;Tal vez tuvieras desbloqueado el teléfono y al azar se ha marcado este número. A veces pasa, se desbloquea y se marcan números al chocar con cualquier cosa.&lt;br /&gt;Ja,ja me gusta esa hipótesis, pero el móvil lo tengo sobre la mesa de mi escritorio desde hace horas y a no ser, que todo es posible claro, bueno, como digo, a no ser que el azar fuera un ente invisible y trasmitiese por ondas sus intenciones nadie ha podido marcar ese número.&lt;br /&gt;¿No ha podido ser, no sé, algún compañero de trabajo que por gastarte una broma ha marcado una serie de números que han coincidido con el número de este cacharro? Es que me parece muy raro que aparezca tu número y nadie lo haya marcado. ¿No crees?&lt;br /&gt;Sí, bueno, a mí también me parece raro. Pero bueno, yo no he llamado. Llevo horas metido en el trabajo. Estoy  en mi casa, así que, como comprenderás, tengo muy seguro que estoy  solo. &lt;br /&gt;Vaya. ¿Trabajas en tu casa?&lt;br /&gt;Sí, soy escritor.&lt;br /&gt;Hum, qué guay. ¿Estabas escribiendo ahora?&lt;br /&gt;Sí, bueno, aquí estamos. A ver si  la imaginación me echa una mano.&lt;br /&gt;¿Sobre qué estás escribiendo? ¿Es una novela?&lt;br /&gt;Sí, bueno, es una novela. Trata sobre un músico que está a punto de cumplir los setenta años, en constante declive popular desde hace mucho tiempo, olvidado por la crítica, con una fuerte crisis de creatividad, algo desubicado de la escena actual y que busca, desde una perspectiva espiritual, la construcción de un nuevo instrumento musical;  el detonante de tal propósito es un sueño que se le viene repitiendo una y otra vez desde hace años. En el sueño, él está deambulando por un inmenso bosque, totalmente perdido y sin, en apariencia, saber cómo ha llegado hasta allí. No tiene la más mínima idea de dónde se halla, tampoco reconoce el bosque y por ello, no sabe cómo volver a su hogar. Y bueno, como si hubiera estado sumergido en el agua toda la vida, y como si de repente acabara de sacar la cabeza a la superficie, sus oídos parecen poder escuchar cualquier mínimo sonido por muy insignificante que sea. Es capaz de escuchar todo, incluso a las raíces penetrar en el subsuelo. Ante tal descubrimiento, atónito, no hace otra cosa que, como si fuera un niño rodeado de juguetes, prestar atención a todo su alrededor, y de entre todo ese embrollo de rumores y ecos que le rodean, siente una dócil melodía, la cual parece proceder de algún lugar cercano. Es un sonido jamás escuchado por él. Algo en su interior le dice que ese sonido no es humano. No pertenece a los humanos. Y bueno, como el cazador que persigue a una presa, va tras la melodía. Resulta que hasta que consigue dar con el lugar, su oído se le ha ido perfeccionando tanto que es capaz de escuchar incluso el rumor del lejano mar. Y bueno, al final se topa con el lugar del cual procede ese sonido: que no es otro que el interior de una sima. Hipnotizado y seducido se asoma al abismo, y permanece así, embelesado, escuchando el extraño sonido. De repente alguien o algo le empujan por detrás y cae al vacío. A un vacío de esos eternos, de esos de los sueños que  por más que lo intentas no consigues agarrarte a nada. Cae y cae. Igual que el agua de una cascada. Y bueno, como cree que va a estar cayendo así eternamente,  cierra los ojos. Ya sabes, por  eso de ojos que no ven... Y entonces, claro, así, sin ver nada, se siente como si estuviera en la más absoluta serenidad. Sin embargo un tremendo golpe en la cabeza rompe esa mágica paz y pierde el conocimiento. Cuando vuelve en sí se ve  tirado sobre el suelo, apoyado a una roca, en el interior de lo que a él le parece una enorme cueva. Mira a su alrededor y se ve rodeado de enormes hormigas. Tan grandes como él. El músico, aterrado, intenta gritar pero sólo es capaz de emitir un sonido que le recuerda al corcho cuando lo frotas contra otro corcho. Mira hacia arriba y ve, allá en lo alto, la entrada de la sima por donde había caído. Comienza a subir por las paredes con una agilidad que le sorprende. Trepa y trepa. Asciende y asciende y además lo hace de forma rápida. Sube como lo harían las hormigas y entonces, sobrecogido, se mira las extremidades primero, después el resto del cuerpo y comprueba que todo él es una hormiga. Se ha convertido en una hormiga. Despavorido escala veloz hasta la superficie. Al salir de aquel agujero, extasiado y ya en la superficie, se encuentra con un gigante que, sentado en el suelo, toca un insólito instrumento. El instrumento es una especie de enorme percha. La parte superior del instrumento es algo parecido a un arco, del tamaño de un volante, del cual salen tensas, infinitas y minúsculas cuerdas; éstas están ordenadas y agarradas a la parte inferior de la percha en lo que podría pasar muy bien por un plato o por un disco. El supuesto plato está sujeto por los pies y el arco queda a la altura de la cabeza. El gigante golpea las cuerdas como si fuera las de un arpa, pero además, lo hace ascendiendo y descendiendo con sus manos a lo largo de las cuerdas como si tañera campanas. Ese instrumento es el que emite el extraño sonido, el que antes le había embrujado. Conforme se acerca al gigante siente que su cuerpo se le va transformando de nuevo en humano y, a su vez, el gigante va menguando. Ya no le parece tan gigante. Poco a poco el músico va dándose cuenta de que ya no tiene cuerpo de hormiga, vuelve a ser el humano que siempre ha sido. Y bueno, en cuanto recobra su normal apariencia, el gigante que tocaba el instrumento desaparece de donde se encontraba, se ha esfumado haciéndose extremadamente pequeño, casi microscópico. Él, el músico, de nuevo, como al principio del sueño, vuelve a verse totalmente solo en la inmensidad del bosque. De nuevo perdido, como un indefenso cachorro rechazado por su manada. Si bien esta vez sus manos sostienen el instrumento que llevaba el gigante. Aquella siniestra percha. Y bueno, ese es el sueño que le aturde. El músico cree que hay una relación entre su falta de creatividad y el sueño. Así que decide emplear todo su esfuerzo en construir un instrumento igual al del sueño. Se  obstina en la idea de que, además de ser un instrumento polifónico, su sonido debe tener el poder de atraer a las hormigas. Y bueno, se aísla del mundano ruido, como suele decirse. Compra un viejo cobertizo en un bosque lejos de su hogar y deja la ciudad. Abandona a su esposa y a sus hijos, por supuesto. Se dirige al bosque. Allí adentro se entrega al ascetismo. Y bueno, para lograr su objetivo pretende estar, el tiempo que sea necesario, sin el menor contacto humano. Él considera imprescindible que su cuerpo se acostumbre a no escuchar a los humanos, y, lo más importante, a prestar atención a los sonidos de la naturaleza. Pretende revivir el extraño sueño. Y bueno, ocurre que estando allí comienza a sufrir alucinaciones, extrañas alucinaciones, y esas alucinaciones llegan siempre los días de luna nueva cuando cae la noche; siempre tienen un denominador común: una especie de hombre (él cree que es su propio padre) se le aparece en el cobertizo, se sienta en la mesa junto a él, como lo haría un amigo, y le recuerda cosas del pasado. Cosas que tenía totalmente olvidadas y que van volviendo a su recuerdo igual que si estuviera viendo una película. Y bueno, ya no te cuento más que sino ni comprarás el libro ni lo leerás. &lt;br /&gt;Joder, tío. Cuéntame más.&lt;br /&gt;Nooo, que no comprarás el libro. Además, no lo he acabado y estoy pensando introducir aspectos psicológicos, psiquiátricos mejor dicho, aspectos del tipo, cómo decirlo, bueno, digamos que algo relacionado con los abusos del L.S.D.&lt;br /&gt;¿Como si el viejo hubiera tomado L.S.D. en su juventud?&lt;br /&gt;Exacto. Bueno, en realidad el tipo ha tomado L.S.D. en su juventud. Quisiera transmitir la historia de las alucinaciones como un…tu.tu.tu.&lt;br /&gt;¿Hola? ¿Hola? ¿Estás ahí?&lt;/em&gt;¿Qué diablos pasaba? ¿Se había cortado la comunicación? Miré el móvil del desconocido. Estaba apagado. Esta vez no había colgado. Esta vez lo que había pasado era que el móvil se había quedado sin batería. El misterioso móvil se quedó sin batería. Mierda. Tenía tantas ganas de seguir escuchándole. Joder. Joder. Me estaba enfadando por momentos. ¿Por qué se gastarán las baterías? &lt;br /&gt;Lo peor de todo es que no recordaba el número del escritor. Ni siquiera había preguntado por su nombre. ¿Por qué no le has preguntado el nombre? me recriminaba.&lt;br /&gt;Tuve una idea. &lt;br /&gt;Esperanzado pero a la vez cabreado, desmonté el aparato, extraje la tarjeta SIM. Desmonté mi teléfono móvil, extraje mi tarjeta SIM y puse la del otro móvil en mi teléfono. Mierda. No sé el PIN.&lt;br /&gt;Me dejé caer, resignado, sobre uno de los sillones. Sí, ya sé. Están tan sucios que dan asco, pero me daba exactamente lo mismo. Me sentía desanimado. &lt;br /&gt;Sentado, volví a poner mi tarjeta SIM en mi móvil. Lo encendí, marqué mi PIN y la musiquita de encendido se paseó por la habitación como si fuera un gas repugnante. Cogí el móvil del desconocido, miré las paredes, los amplificadores, las botellas de cerveza con el líquido lleno de colillas y las otras cosas, el sillón donde descansaba mi cuerpo, mi mano sosteniendo el extraño móvil. Me pareció la mano de un extraño. La observé atentamente, siguiendo cada uno de sus dedos, imaginando cómo fluía la sangre por el interior de sus venas, mirando, como jamás lo había hecho, las arrugas de los nudillos, las uñas. Era la primera vez que veía mi mano tan diferente. ¿Era en realidad mi mano? &lt;br /&gt;Comencé a sentir náuseas. Las paredes de la habitación empezaban a dar vueltas alrededor mía, o mejor sería decir que notaba cómo yo daba vueltas alrededor de la habitación. Quizá, pensé, me haya convertido en un satélite y estoy siendo atraído por la gravedad del gran planeta en que se ha convertido la habitación, y quizás ambos formamos un universo independiente dentro del vasto universo. Y quizás en ese universo sólo existamos, condenados a girar para toda la vida alrededor de la habitación, mi mano, el teléfono móvil y yo.&lt;br /&gt;Estando así, todo lo que estaba a mi vista se tornó oscuro y me desmayé.&lt;br /&gt;Recuperé la conciencia gracias a mi móvil, cuyo tono sonaba sin parar. Parecía que cien niños estaban chillando a mi lado con el objetivo de despertarme. Al principio, con la confusión del semidormido, creí que se trataba del despertador, pero conforme el tono iba aumentando y yo despertándome, supe diferenciar la musiquita de la llamada de la otra del despertador. &lt;br /&gt;Carmen me estaba llamando. &lt;br /&gt;Contesté. Estaba  preocupada o casi desesperada. Había estado, durante horas, intentando en vano contactar conmigo. &lt;br /&gt;En efecto, tenía diez llamadas perdidas. No sólo de ella. De mis padres, de mis amigos, incluso una de mi hermano. Todos estaban intranquilos.&lt;br /&gt;Comencé a contarle por encima lo ocurrido y mientras le hablaba descubrí, estupefacto, que el móvil del desconocido no estaba. Había desaparecido. No estaba por ninguna parte. La habitación se hallaba igual de desordenada. Los cacharros esparcidos por doquier y la suciedad, junto a las arañas, campando a sus anchas. Pero ni rastro del móvil.&lt;br /&gt;Por un momento dudé de mí, y estuve a punto de pensar que me había dormido en el sillón y que todo había sido un sueño. Incluso así se lo hice saber  a Carmen. Aunque ella sí creyó mi historia. Colgué tras decirle que en cuanto llegara a casa la llamaría y avisé a mis padres para tranquilizarlos.&lt;br /&gt;Me sentía agarrotado así que estiré los brazos y me dispuse para marchar. Antes de apagar la luz de la habitación eché un último vistazo. Ni huella del móvil.&lt;br /&gt;Apagué la luz, descendí las empinadas escaleras. Salí al exterior y la Eto permanecía sentada junto al ailanto, inmóvil como una de esas estatuas egipcias. Cerré la puerta y atravesé los cuarenta y ocho asquerosos metros cuadrados sin percatarme de las cacas de la perra. Cerré el candado de la verja y eché a andar camino de casa. La noche se había vuelto fría y muy oscura. Miré al cielo y en él, las estrellas brillaban con el parpadeo de la purpurina. No había luna. De inmediato me vino a la memoria la historia del escritor. &lt;br /&gt;Aunque me costaba admitirlo, me rondaba la idea de que existía similitud entre lo que pasaba en su novela y lo que me había pasado a mí. Al igual que el músico de su historia, también yo había tenido alucinaciones. También una noche de luna nueva. &lt;br /&gt;Le daba vueltas a la situación y encontraba coherencia entre el cobertizo del bosque y el local de ensayo. No sólo por los hierbajos, sino por el aislamiento que acababa de sufrir. Encontraba, también, coherencia en la aparición. Yo no había visto a nadie, es cierto, sin embargo sí había estado hablando con alguien, y eso también era cierto. &lt;br /&gt;La diferencia con el músico de la novela radicaba en que, quienquiera que fuese el que se le aparecía en el cobertizo, le recordaba cosas que, por lo visto, el músico ya había vivido pero que, por lo que sea, las tenía totalmente olvidadas; y en mi aparición, tan vívida supongo como la que sufre el músico, el escritor no me había recordado nada. Al menos nada que me hubiera pasado. No, nada de eso me había pasado. Ni siquiera un sueño similar.&lt;br /&gt;Un momento. Me quedé quieto sin querer dar verosimilitud a las cavilaciones que rumiaban y rumiaban por mi cabeza y que devoraban, igual que lo haría un millón de gusanos, cualquier respuesta lógica. ¿Es posible que acabara de sufrir un salto temporal? ¿Habría visitado mi futuro? ¿Es posible que no me hayan contado mi pasado, sino mi futuro? ¿O tal vez no mi futuro, sino el futuro de otro? ¿Alguien que conozco?&lt;br /&gt;A ver, piensa, me decía. Solemos sacar conclusiones de nuestras propias experiencias. Así preparamos y también soportamos nuestro destino, ¿no? Bueno, no solo con nuestras experiencias, también con las ajenas. Igualmente las experiencias nos preparan para asumir y digerir los posibles accidentes. Incluso los más fatales. &lt;br /&gt;¿Qué son las experiencias? me pregunté mientras iba camino de casa. Todo aquello que hemos visto, hemos conocido y hemos sufrido; es decir, todo aquello que ha pasado, respondí mentalmente. Y ¿qué ocurre si lo que ha pasado no sabemos con certeza si ha pasado? ¿Es una experiencia? &lt;br /&gt;Mientras reflexionaba sobre todo esto, caminaba tranquilamente hacia casa. Como si no me hubiera sucedido nada. Las calles estaban desiertas. No se oía ni el mínimo rumor. La noche había dejado helados todos los edificios y éstos parecían expulsar un vaho fantasmal. Una cuadrilla de perros cruzó ante mí. Los seguí con mi vista y me acordé de la Eto. Tal vez esté demasiado mayor para ese tipo de aventuras.&lt;br /&gt;Cuando llegué a mi destino me pareció que había alcanzado el portal de mi casa más pronto de lo normal. Al estar caminando entre divagaciones, el paseo se me ha hecho corto, pensé. Abrí la puerta, pulsé al ascensor. Subí. Entré a casa y mis padres, preocupados como no podía ser de otro modo, me preguntaron qué me había pasado. Les dije que había ido al local y que allí había coincidido con Alberto. Estábamos tocando y claro, por eso no he oído las llamadas, fingí. Se lo creyeron porque eso me suele suceder con normalidad.&lt;br /&gt;Me lavé la cara, los dientes, meé, me puse el pijama y me metí en la cama. No tenía ni pizca de hambre.&lt;br /&gt;Llamé a Carmen y hablamos un ratito de nuestras cosas. Apenas sacamos el tema. Era innecesario retomarlo. Había pasado y ya está. Nos dijimos buenas noches y cada uno intentó descansar.&lt;br /&gt;Por supuesto, sabía que iba a costarme dormir. Decidí encender el tocadiscos y puse el disco de los Byrds. Cuando llegó la canción My Back Pages volví a hacerme aquella pregunta de antes: ¿qué ocurre si lo que ha pasado no sabemos con certeza si ha pasado? ¿Es una experiencia? &lt;br /&gt;El disco sonaba y los recuerdos de la extraña aventura se reproducían ante mí a trazos, como si de diapositivas se tratara. La duda de si me había pasado aquello anulaba las posibilidades de entender lo ocurrido, así que llegado a este punto concluí que mi experiencia existió pero era inexplicable. Si había visitado el futuro, ya fuera el mío o el de otro, sólo podría saberlo cuando llegara ese momento, no antes. Y cuando llegara ese momento, si llegaba, no tendría de qué preocuparme puesto que sabría con absoluta seguridad lo que iba a suceder. ¿Acaso no me lo habían contado ya? Y si se diera esa situación, una cosa tendría muy clara: yo no pertenecería al mundo de los humanos, ni al mundo de las hormigas, tampoco al mundo de los sueños. Pertenecería al mundo de las historias. Y significaría que he estado durante todo este tiempo existiendo, tal vez dormido, sólo en la mente de alguien.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-339291372427958667?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/339291372427958667/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=339291372427958667&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/339291372427958667'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/339291372427958667'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2007/10/el-efecto-hormiga.html' title='El efecto hormiga'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-6082181248693423696</id><published>2007-09-25T18:49:00.000+02:00</published><updated>2007-09-26T18:58:16.633+02:00</updated><title type='text'>ISRAEL y su HATIKVA</title><content type='html'>Hace unas semanas se celebró en España, concretamente en Madrid, el europeo de básquet. Os acordaréis, claro. Qué putada lo de la canasta que no entró. Joder, me había ilusionado con el equipo. Aunque la verdad es que, recapacitándolo bien, perdimos a la española. Falta un segundo para el final del partido, vamos un punto por debajo, el balón le llega a la estrella del equipo, pumb, salta, zas, lanza y fiu, el balón y la copa salen escupidos hacia terreno ruso. No podía haber sido más español. Pero bueno, somos así, qué se le va a hacer. Palabra de Pau. Punto.&lt;br /&gt; A lo que voy.&lt;br /&gt;Supongo que, al igual que yo, os habréis dado cuenta de que, últimamente, las competiciones deportivas sacan a relucir las más diversas características del fervor patriota. Y los españoles no íbamos a ser diferentes, qué va. Camisetas con toros, los colores cuanto más rojos mejor, las peinetas, los mantones, y toda esa retahíla de modelitos made in Spain. Yo, cuando retransmitían los partidos de la selección, iba eligiendo, conforme salían en la tele, especimenes de la España amplia. Los barrigudos me caen súper simpáticos por la sencilla razón de ser barrigudos. Todos sabemos que los sacan en la tele para que nos echemos unas risillas, pero cuán conveniente es no olvidar que las barrigas, como las risas, son universales. Luego también están los que se enorgullecen de su pueblo cuando están fuera de él, cómo no. Mola ver carteles donde se escriben frases tan poco insólitas como nada originales y en las cuales, los televidentes podemos leer: Biar con España; Desde Vigo con tesón, todos somos selección; o aquellas del tipo: Ana te quiero o Mamá estoy aquí. Sin mencionar esas otras que únicamente tienen como determinación u objetivo que saquen en la tele a la pancarta o a los “pancartistas”. Lo curioso de esto es que todo ese compendio de fauna ibérica siempre sale cuando el partido está parado y los camarógrafos, aburridos ellos de tanto juego (hombre, no podía ser de otra forma), se dedican a pasear su mágico ojo por aquí, allá y acullá.&lt;br /&gt;Claro que si alguien merece la atención durante ese momento, nadie como las cheerleaders. Con sus falditas cortas, sus saltitos y sus bailes, ellas son las encargadas de animar el evento cuando éste entra en descansos o tiempos muertos; y aunque los telespectadores, debido a la obligada publicidad, las vemos poco, siempre me imagino las miraditas que el público de los pabellones debe soltar a las chicas. Pensándolo bien no es que sea muy español lo de las animadoras, no, no es nada español, pero una vez entrados en la globalización, competimos con todo y con todos. Ah y se me olvidaba, lo que sí es muy español es ver la faldita de una cheerleader rota y apañada con un imperdible. Si es que el remedio casero es lo que nunca deberíamos perder. Pero bueno.&lt;br /&gt; Lo cierto, sin embargo, es que de todo lo que vi, lo que más me llamó la atención fue escuchar el himno nacional israelí cuando la selección española jugó contra Israel. Quizás algunos ya lo conocíais pero yo no. Conocía el de Italia, tan alegre y castrense. Por supuesto el alemán con toda su majestuosidad bávara o el ruso que parece aglutinar toda la ferocidad de Los Hermanos Karamazov. Pero cuando escuché el israelí me dije: huevos, aquí hay más dolor que alegría. Y tanto, parecía que se estuviera oficiando un funeral. Así que indagué y volví a escucharlo. Como no hablo ni papa de hebreo me interesó saber qué decían, por ese motivo, busqué en la red y me enteré de su letra: os la pongo aquí junto a su música para que juzguéis vosotros mismos. Es un vídeo que anda por youtube pero yo lo he traído con exclusividad a La Taberna Errante. Ah, claro, he de dar mi juicio, pues, cómo decirlo, bueno sí, a ver: cada vez que escucho el himno y leo su texto sólo me viene una cosa a la memoria: judíos o la supranacionalidad de la que hablaba Joseph Roth.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="350"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/ZsLZzGW-UIw"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="wmode" value="transparent"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/ZsLZzGW-UIw" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="350"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;P.D.: volviendo a lo de animar los tiempos muertos o descansos, estaría bien que para el próximo Debate sobre el estado de la Nación hubiera un pequeño grupo de jovencísimas alocadas danzando entre discurso y discurso. Bueno, tal vez lo consideren sexista, ¿no? Pues nada, solución progre: una mitad jovencitas alocadas y la otra mitad jovencitos alocados (¡jo! alguno se creerá que está en Chueca). Yo creo que la audiencia, así, subiría tanto como las judías mágicas del famoso cuento.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-6082181248693423696?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/6082181248693423696/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=6082181248693423696&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/6082181248693423696'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/6082181248693423696'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2007/09/israel.html' title='ISRAEL y su HATIKVA'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-376714342543412801</id><published>2007-08-29T16:59:00.000+02:00</published><updated>2007-08-30T12:43:23.537+02:00</updated><title type='text'>Veranidas y venideas: La confesión de un hipócrita</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RtWLw4m2WII/AAAAAAAAAEU/9Oge4CnRi5k/s1600-h/cambiandodecaragb9.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://1.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RtWLw4m2WII/AAAAAAAAAEU/9Oge4CnRi5k/s400/cambiandodecaragb9.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5104139424639637634" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La verdad es que es difícil ponerse a escribir después de las vacaciones. Bueno, difícil difícil no es, dejémoslo en que cuesta más de lo normal; que ya de por sí, no es poco. Cada año –y más cuanto mayor es uno- sentimos que el verano, además de ser una época letárgica, es un momento (si me permitís unir todo el tiempo en un instante) senescente. Anualmente, con el estío, morimos o se nos muere algo. Pero poco a poco y no del todo, claro. Nos ocurre como a las plantas: después del arrogante y bello fulgor primaveral que es la flor, nos volvemos condescendientes y nos dejamos seducir, confiados, por la falsa novedad que es el fruto. ¡Ay, fuera siempre primavera! Qué le vamos a hacer, sólo podemos continuar, así que sigamos pues. Lo que se me ha muerto a mí con el último calor es la complicidad que sentía hacia el pensamiento de cierta gente. O mejor dicho, hacia la intención –enfatizo intención- de ciertas críticas que leía, y que antes consideraba fabulosas – sin ninguna intención lo de “fabulosas”, eh-, simplemente porque, con mucho descaro y poca retórica, sacudían sin piedad a diestro y siniestro, acentuando la hipocresía humana con enormes tildes irónicas. Me encantaba descubrir que existía por ahí alguien que, con el mismo fondo, daba forma a esos ácidos y crueles comentarios que, al abrigo del vino, más de una vez habíamos expresado entre amigos. Creer que tus inconformidades y descontentos coinciden &lt;em&gt;intelectualmente&lt;/em&gt; con escritores, filósofos o pensadores que, día sí y día también, llenan los periódicos, o libros, de parrafadas bienintencionadas, reafirma tus idearios. Pensaba yo, y erraba, porque creer, de sobra sabemos, es lo mismo que dudar. De repente, instantáneamente, igual que aparecen las ideas, me di cuenta de lo equivocado que había estado todo el tiempo. Sí, sí, pero muy equivocado. Este verano ha muerto, y no sé si resucitará, mi simpatía hacia esos postulados y, he de decirlo, un poco, también, mi simpatía hacia esos postuladores. Primero porque estar de acuerdo no es lo mismo que coincidir. Aunque lo pueda parecer. Y estar de acuerdo en algo con alguien es lo más normal del mundo ya sea en gusto – bueno o malo-, ya sea en ideas – buenas o malas-. Segundo porque, si al menos esa &lt;em&gt;coincidencia&lt;/em&gt; fuera dada en el campo del arte, esto es, que, por ejemplo, algún músico relevante (paso de poner “famoso”) compusiera una melodía que había sido imaginada anteriormente por mí, &lt;em&gt;coincidiendo&lt;/em&gt; la tonalidad, la armonía, el compás y el tiempo, pues sí, &lt;em&gt;coincidir&lt;/em&gt; en eso sí que sería la leche y entonces sí se reafirmaría cualquier idea por inestable que me pudiera parecer. Aunque sinceramente creo que lo callaría, no sea que me tomaran por loco o quién sabe si por plagiador. En fin, a lo que voy, que he caído en la cuenta que coincidir con el pensamiento es algo muy complicado o casi imposible, porque el pensamiento jamás es espontáneo, y si no hay espontaneidad nunca habrá coincidencia, sólo similitud y construida a base de mucha reflexión. Y además, ya que esas supuestas coincidencias solían producirse cuando se remarcaban las acciones hipócritas de los demás, tengo que decir que todos, en lo que sí coincidimos es que, en más de una vez, somos algo hipócritas. Porque la hipocresía -en poca cantidad, claro- es como la orina, que nuestro control sobre ella se relaja si a nuestro alrededor escuchamos o vemos un chorrito salpicando. Y ya que comparo a la hipocresía con las gotitas de meada que todos soltamos involuntariamente, formulo lo siguiente: los que alguna vez han hablado de la hipocresía ajena, ¿acaso no lo han hecho actuando de forma ventajista? Si &lt;em&gt;la&lt;/em&gt; están señalando es porque sin duda &lt;em&gt;la&lt;/em&gt; conocen. ¿O no? ¿No será que revienta verse igual a los demás y saber que se es como el resto de la gente? Gente que, por ninguna razón noble, se le ha considerado inferior ética e intelectualmente. Y, claro, eso de verse igual que ellos, igual que los parias, igual que quienes no gozan de las ventajas de la &lt;em&gt;intelectualidad&lt;/em&gt;, es insoportable; ¿verdad? No soportan verse iguales que esos a quienes desprecian, y por esa razón detestan la hipocresía ajena y hablan tanto de la hipocresía ajena: porque los autoproclamados &lt;em&gt;intelectuales&lt;/em&gt; son los verdaderos Hipócritas. Hipócritas que ornamentan sus cavilaciones sociológicas con cinismo bien disimulado. Y por eso mismo, a día de hoy, prefiero el pensamiento de un sincero hipócrita al de un cínico ventajista. Y es que como dice mi tía Mila, el mundo está escaso de &lt;em&gt;entendidos&lt;/em&gt; y cargado de &lt;em&gt;enterados&lt;/em&gt; y éstos últimos son los primeros en diferenciar y señalar en voz alta -o con buena letra- los defectos de los demás. Y ahora si me disculpáis, voy al servicio que llevo la vejiga a tope y no quiero mearme encima.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-376714342543412801?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/376714342543412801/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=376714342543412801&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/376714342543412801'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/376714342543412801'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2007/08/veranidas-y-venidas-la-confesin-de-un.html' title='Veranidas y venideas: La confesión de un hipócrita'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RtWLw4m2WII/AAAAAAAAAEU/9Oge4CnRi5k/s72-c/cambiandodecaragb9.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-7511135497168487190</id><published>2007-08-16T18:34:00.000+02:00</published><updated>2007-08-16T18:54:49.219+02:00</updated><title type='text'>ELVIS VIVE</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RsR-BYm2WHI/AAAAAAAAAEM/SDy5XPbQ0to/s1600-h/elvis69.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://2.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RsR-BYm2WHI/AAAAAAAAAEM/SDy5XPbQ0to/s400/elvis69.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5099339240340609138" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Sin ninguna duda el Rey vive. No hace falta ir a buscarlo a Las Vegas, como alguien señaló; ni mucho menos buscarlo en Marte u otro planeta, como indicaban los raelianos. No, el Rey vive porque su voz existe. Pero además de ello, vive porque su recuerdo es tan mítico como sus canciones...y, al igual que los muertos, mientras son recordados, viven. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;P.D. &lt;em&gt;Since my baby left me...&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-7511135497168487190?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/7511135497168487190/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=7511135497168487190&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/7511135497168487190'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/7511135497168487190'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2007/08/elvis-vive.html' title='ELVIS VIVE'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RsR-BYm2WHI/AAAAAAAAAEM/SDy5XPbQ0to/s72-c/elvis69.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-4038639614166633421</id><published>2007-07-17T11:50:00.000+02:00</published><updated>2007-07-17T11:52:35.375+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RpyRWTLP4bI/AAAAAAAAAEE/kuMVeCRKA20/s1600-h/cerrado.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://3.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RpyRWTLP4bI/AAAAAAAAAEE/kuMVeCRKA20/s400/cerrado.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5088101491312419250" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Me voy de vacaciones.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-4038639614166633421?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/4038639614166633421/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=4038639614166633421&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/4038639614166633421'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/4038639614166633421'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2007/07/me-voy-de-vacaciones.html' title=''/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RpyRWTLP4bI/AAAAAAAAAEE/kuMVeCRKA20/s72-c/cerrado.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-8526196484066609563</id><published>2007-07-06T13:48:00.000+02:00</published><updated>2007-07-06T13:54:59.740+02:00</updated><title type='text'>SUNSET BULEVAR</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/Ro4tjZaiaHI/AAAAAAAAAD8/CuOadI6578E/s1600-h/josemariarey.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://4.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/Ro4tjZaiaHI/AAAAAAAAAD8/CuOadI6578E/s320/josemariarey.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5084051115488733298" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;José María Rey, ex-director del programa "El Bulevar"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Existen diferencias de aparente poca trascendencia entre la interpretación intelectual de País y la de Estado. A priori, y principalmente, todos argumentamos el término Estado - y ahí se suele acabar el desafío dialéctico- con la expresión de: administración o gestión de un conjunto de individuos determinados por intereses comunes –los intereses casi siempre son económicos, pero eso, lástima para la discusión, es otro cantar-. Y en relación al País (prefiero dejar apartado el término Nación), también a priori, decimos que viene determinado por ése mismo conjunto de individuos e intereses pero – y aquí comienza la eterna batalla dialéctica - sujetos a unas firmes condiciones antropológicas, que no obstante, son de discutible objetividad ética: el territorio, el uso lingüístico, la raza, la religión, la sangre, el apellido, las conquistas, las invasiones, etc. Ejemplificándolo a mi modo de ver y procurando no ser superficial, el Estado es una comunidad de vecinos; el País, los diferentes vecinos. No voy a entrar en el juego de dar opiniones o refutar las que conozco, pero sí diré que si los &lt;em&gt;vecinos&lt;/em&gt; se llevan bien y dejan de lado sus rencillas, la &lt;em&gt;comunidad&lt;/em&gt; funcionará perfectamente; si no, el edificio estará siempre ruinoso, parecerá que se va a caer antes o después, y entonces &lt;em&gt;sálvese quien pueda &lt;/em&gt;–condición, también antropológica y así mismo, de discutible objetividad ética-. Se puede decir que no es cuestión de preferir o aceptar una u otra interpretación sino de asumir las carencias que ambas tienen por sí solas. Y que así como un edificio mostrará su esplendor y solidez  cuando todos los vecinos acuerden mejoras y cambios en una misma dirección, un Estado presumiría de estabilidad si todos los Países que lo &lt;em&gt;componen&lt;/em&gt; aunaran sus esfuerzos. Todo esto viene a cuento de qué, diréis. Pues a que los que presiden &lt;em&gt;nuestra&lt;/em&gt; comunidad de vecinos han decidido prescindir, arbitrariamente, de algo que es propiedad de los vecinos y es más una cuestión de País que de Estado: la regulación de RNE y en especial de Radio 3. Puede ser que las razones que manejen (renovación, reforma, paso a los jóvenes) tengan un peso razonable y eficaz dentro de las intenciones gubernamentales (el Estado), pero olvidan que la radio, como medio de comunicación que es, precisa por igual de un emisor que de un receptor, y ese receptor es el País. Y siendo la radio pública como hasta el momento es, o sea, pagada por Todos los Vecinos, podrían muy bien haber tenido en cuenta nuestra disposición y opinión ante su, seguramente, &lt;em&gt;eficiente&lt;/em&gt; maniobra; es decir, podrían haber dejado que los oyentes (el País), que sin ninguna duda somos parte implicada, dijésemos algo al respecto. Posiblemente muchos estábamos un poco hartos o cansados de escuchar la voz de, entre otros, Ordovás, Iñaki Peña o José María Rey (yo de éste NO) y los aires nuevos, como dicen, siempre sientan bien, pero es curioso, insólito y la leche que a partir de los cincuenta años uno no sea válido para poner y hablar de música - ¡con lo que saben!-. Bien &lt;em&gt;mirao&lt;/em&gt;, ya quisiera yo que este tipo de regulaciones laborales llegaran a todos los estamentos del Estado. Empezaría por los políticos, por supuesto: a partir de los cincuenta que se les acabase el chollo, ¿no? Digo yo que si la labor de amenizar notablemente con música a un país es complicada a partir de ésta edad, mucho más deberá ser garantizar las expectativas sociales de ese mismo país, sobre todo si ellas recaen en su mayoría en la inquietud de los jóvenes. Y qué me decís de los jueces. No estaría mal que le dieran el pasaporte a más de uno; así, posiblemente, algún joven juez de los que entrarían, dictaría sentencias controvertidas para los moralistas y sacaría a debate ciertos temas que tanto asustan a nuestros dirigentes cuando toca tratarlos. ¿Y los médicos de la Seguridad Social? Algunos están más para echar la partidita al dominó que para relacionarse con los pacientes. Pero claro, ahí no hacen regulación de tal índole. Ahí ni se atreven a mencionarla. ¿Por qué? Pues porque los grupos que acabo de señalar están muy comprometidos con su gremio y existe entre ellos mucha camaradería profesional, tanta, que si les da por protestar actuaciones que vayan dirigidas hacia sus intereses, se convierten de inmediato en incómodos &lt;em&gt;desestabilizadores&lt;/em&gt; del Estado. ¡Ja! en almorranas de los mandamases, es en eso en lo que se convierten. Y la presión popular es, junto a la rectal, la que peor llevan los capitostes del Estado. Pero el periodismo. ¡Ay el periodismo! Se ha hecho tan dependiente de los poderosos que sus profesionales apenas alzan la voz cuando el patrón ejerce su función y hace y deshace a su antojo. La mayor parte de la dignidad de Radio 3 no sólo está localizada en haber sabido situarse, gracias a su alto nivel músico-cultural, a la cabeza de la vanguardia radiofónica, no, también tiene su &lt;em&gt;status&lt;/em&gt; gracias a no haber fijado como objetivo prioritario los beneficios económicos a final de año. Y es por eso por lo que pertenece al País y no al Estado. Son los vecinos los que han construido y mantienen el jardín donde pasean y divierten y no mejorará por mucho que el capricho jactancioso del presidente de la comunidad así lo pretenda. Sólo los vecinos lo lograrán. Sólo el País lo logrará. Así que aquí os invito a que, al menos por una vez, nos sintamos parte del País más que del Estado y como vecinos, recordemos a quienes han logrado que en España tengamos una de las mejores radio pública de Europa: Radio 3.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-8526196484066609563?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/8526196484066609563/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=8526196484066609563&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/8526196484066609563'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/8526196484066609563'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2007/07/sunset-bulevar.html' title='SUNSET BULEVAR'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/Ro4tjZaiaHI/AAAAAAAAAD8/CuOadI6578E/s72-c/josemariarey.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-3432033650870677894</id><published>2007-06-28T18:19:00.000+02:00</published><updated>2007-06-28T18:31:47.688+02:00</updated><title type='text'>La Red. I Parte</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RoPgQ5aiZ7I/AAAAAAAAACc/HArSEdCAM44/s1600-h/ostri.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://3.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RoPgQ5aiZ7I/AAAAAAAAACc/HArSEdCAM44/s400/ostri.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5081151385498707890" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Existen historias creíbles, pero falsas, que las aceptamos por su simple verosimilitud, así sin más. Y es eso lo que casi siempre nos pasa. Nos tragamos todo sin comprobar nada. Luego, cuando aparece la oportunidad de contar la historia, la repetimos como si fuéramos genios soltando Verdades absolutas, y lo que ocurre realmente, lo mejor de todo, es que somos unos necios y aquél que ideó o inventó la historia es, en verdad, el absoluto Genio. Lo de que el avestruz esconde la cabeza ante el peligro, es una de esas leyendas que se han convertido en casi &lt;em&gt;verdad&lt;/em&gt; porque a nadie nos ha interesado preguntarnos porqué demonios un bicho tan alto y veloz iba a quedarse estático cuando se acojona. El riesgo  -como ocurre con cualquier otro animal- debería acelerar las pulsaciones de tal manera que lo normal es que sintiera la necesidad de salir echando leches como un cohete y que no parase hasta transcurrido mucho tiempo. Y efectivamente, la otra historia dice que el avestruz echa a correr como un loco cuando siente el peligro cerca, y que cuando vemos alguno con la cabeza enterrada no es por miedo y sí, en cambio, por el sencillo motivo de que, al igual que el perro y otros animalejos, esconde su comida sepultándola. Yo hago lo mismo sólo en un supuesto: salgo corriendo en cuanto huelo el peligro. Sin embargo en cuanto a lo de la comida soy un poco más escrupuloso, a no ser que se trate de alimentar mi curiosidad en vez de mi estómago. En ese caso en vez de soterrar el alimento, lo que hago es buscarlo y rebuscarlo escarbando en el suelo más mágico que existe: &lt;em&gt;Internet&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;Darse una vuelta por la red es, muchas veces, más interesante que salir a la calle. En gran motivo porque – tantas veces lo he dicho- en la red todo el mundo te está ofreciendo algo; y a ver quién es el venerable que regala conocimiento o diversión en este mundo sin que pases por caja previamente. La red es una feria universal llena de rincones desde donde ofrecemos y nos ofrecen género; algo así como la biblioteca de Babel imaginada por Borges. Y, lo mejor de todo, también es aquello que detestan los plutócratas y políticos. Pero paso de que los tartufos sean hoy protagonistas de esto. […] Los anglosajones, tan afortunados ellos por la &lt;em&gt;tecnologización&lt;/em&gt; de su idioma – perdón por lo abrupto del neologismo-, ya han enunciado un nuevo verbo: &lt;em&gt;to google&lt;/em&gt;. Cuando quieren que busques algo en google te dicen &lt;em&gt;google it&lt;/em&gt;; significa, más o menos: &lt;em&gt;guguelízalo&lt;/em&gt;. Dicho más claro: búscalo en google. Así que buscando en google uno puede enterarse de que Elvis, además de pasearse por los U.S.A. soltando sonrisas fotogénicas, también pasó por ese fotomatón no tan fotogénico que se llama ficha policial.&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RoPgcZaiZ8I/AAAAAAAAACk/3jTYQ9pGMVk/s1600-h/elvis_mugshot.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://1.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RoPgcZaiZ8I/AAAAAAAAACk/3jTYQ9pGMVk/s200/elvis_mugshot.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5081151583067203522" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt; O ver a Lennon, Yoko Ono y Warhol metiéndose mano (qué sosos pensarán los del orgullo gay).&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RoPgrZaiZ9I/AAAAAAAAACs/va5I8BNqlqE/s1600-h/3some1971.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://1.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RoPgrZaiZ9I/AAAAAAAAACs/va5I8BNqlqE/s200/3some1971.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5081151840765241298" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt; Puedes ver al matrimonio Clinton antes de la elevación presidencial, y en verdad, en los ojillos de él ya había visos de concupiscencia.&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RoPg25aiZ-I/AAAAAAAAAC0/qa71kOA7VtU/s1600-h/bill_and_hillary_clinton70.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://3.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RoPg25aiZ-I/AAAAAAAAAC0/qa71kOA7VtU/s200/bill_and_hillary_clinton70.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5081152038333736930" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt; También enterarte de que el 17 de agosto de 1974 un equilibrista francés, un tal Philippe Petit, anduvo sobre un alambre tensado en las azoteas de las anteriormente conocidas Torres Gemelas.&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RoPhA5aiZ_I/AAAAAAAAAC8/VxAclXb3qQo/s1600-h/wtc-wire.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://3.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RoPhA5aiZ_I/AAAAAAAAAC8/VxAclXb3qQo/s320/wtc-wire.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5081152210132428786" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt; Y junto al equilibrista una prestigiosa marca de coches profetiza apocalípticamente una ciudad de Nueva York sin bahía.&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RoPhNJaiaAI/AAAAAAAAADE/cytIP5rTUtc/s1600-h/nyc1bmw.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://4.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RoPhNJaiaAI/AAAAAAAAADE/cytIP5rTUtc/s320/nyc1bmw.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5081152420585826306" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt; Puedes echar un vistazo al Osario de Sedlec y a sus decorados de huesos humanos en Kutná Hora sin tener que preparar un viaje a la República Checa.&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RoPhXpaiaBI/AAAAAAAAADM/q_pK-sfUaa4/s1600-h/bones01.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://2.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RoPhXpaiaBI/AAAAAAAAADM/q_pK-sfUaa4/s400/bones01.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5081152600974452754" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puedes también merodear por ese pariente de google que se llama google earth y descubrir que a veces el azar es más &lt;em&gt;jodío&lt;/em&gt; que el propio Diablo.&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RoPhm5aiaCI/AAAAAAAAADU/o1Rg9bU2xH0/s1600-h/goog2.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://3.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RoPhm5aiaCI/AAAAAAAAADU/o1Rg9bU2xH0/s400/goog2.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5081152862967457826" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt; O entrar al rastro mundial que es ebay y comprobar que los mangantes y trileros del rastro también hacen su agosto en la red.&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RoPhv5aiaDI/AAAAAAAAADc/hvrC_GOxSF0/s1600-h/biblejesus.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://3.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RoPhv5aiaDI/AAAAAAAAADc/hvrC_GOxSF0/s400/biblejesus.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5081153017586280498" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt; O que el tiburón más grande jamás pescado pesaba más de mil kilos. &lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RoPh5ZaiaEI/AAAAAAAAADk/UVMY6GG-ALU/s1600-h/shark_head.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://1.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RoPh5ZaiaEI/AAAAAAAAADk/UVMY6GG-ALU/s320/shark_head.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5081153180795037762" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;O que una pitón revienta al eructar la digestión de un cocodrilo.&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RoPiE5aiaFI/AAAAAAAAADs/uMlHYNiFjTo/s1600-h/gator_python.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://3.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RoPiE5aiaFI/AAAAAAAAADs/uMlHYNiFjTo/s320/gator_python.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5081153378363533394" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-3432033650870677894?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/3432033650870677894/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=3432033650870677894&amp;isPopup=true' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/3432033650870677894'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/3432033650870677894'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2007/06/la-red-i-parte.html' title='La Red. I Parte'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RoPgQ5aiZ7I/AAAAAAAAACc/HArSEdCAM44/s72-c/ostri.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-2268168717869894714</id><published>2007-06-20T17:03:00.000+02:00</published><updated>2007-06-22T13:17:04.450+02:00</updated><title type='text'>Los Tiempos están cambiando</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RnlCaxSLADI/AAAAAAAAABs/WLynof-Z3ZY/s1600-h/psycho.gif"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://2.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RnlCaxSLADI/AAAAAAAAABs/WLynof-Z3ZY/s400/psycho.gif" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5078163082510532658" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Cuando se es adolescente, la mente, a modo de CPU, almacena todo lo que ve, lee y escucha con la intención de, ante los demás, desautorizar o reafirmar aquello que simplemente le llama muchísimo la atención - más por amor propio que por convicción- y en vez de ayudar a separarnos de la falsa madurez y mantenernos en la cómoda infancia, nos relega a un estado de vulnerabilidad pasional. De sobra sabemos que el espíritu activa un mecanismo para -sólo a sí mismo- parecer maduro, fuerte y de ideas extremadamente firmes, pero la realidad es que te ves sobrepasando el ridículo de forma muy cómica la mayoría de las veces que te imaginas puramente auténtico. Eso me pasó a mí cuando ni siquiera tenía trece años. Corría el año 1985, calzaba &lt;em&gt;booguies&lt;/em&gt; y me tiraba casi media hora frente al espejo lacando mi pequeño tupé. Nunca supe de verdad si parecía un &lt;em&gt;punk-rocker &lt;/em&gt;o un barbilampiño disfrazado de Elvis preparando la fiesta de fin de curso. Me daba igual. Lo que pensara todo el mundo no me importaba y ahí fue donde creo que empezó a formarse mi temperamento indiferente. Bueno, también,  por supuesto, a costa de endurecer mi sentido del ridículo, pero es que muchas veces la indiferencia es una forma de combatir la propia comicidad; y adolescencia y ridiculismo deberían ser, obligatoriamente, sinónimos. Recuerdo que de entre mis compañeros de clase a unos les daba por querer ser delegado y en un futuro abogados o médicos; a otros ya se les determinaban los complejos que han constituido gran parte de su mezquindad o acritud adultas; también existíamos, aunque sólo unos pocos, los que queríamos ser estrellas del rock y aquello nos hacía sentirnos, sobre todo ante las chicas, mejores que los delegados y los acomplejados. Sólo eran expectativas infantiles, vale, pero estaban llenas de ilusión y sueños; y además ha de añadirse a este cóctel fantasioso la llegada de nuevos amigos a los que también les habían inoculado la misma desfachatez. Todo eso hizo que nos convirtiéramos en un espejismo de, a partes iguales, imbéciles e invencibles. Típico de la adolescencia, vamos. Por entonces una de las canciones que me sabía al dedillo, mejor que los nombres de los ríos españoles era &lt;em&gt;Las sombras del autocine &lt;/em&gt;de Sabino Méndez. Interpretada por “Loquillo y Trogloditas”. Gracias a esa canción descubrí a Buddy Holly, pero lo indico aquí porque se grabaron en mi impulsivo corazón frases como “…todas las luces son verdes hoy, y de aquí al infinito” o esta otra de “…quise correr y no pude, esta noche ya no hay tiempo”. Hablaban del anhelo de libertad y de la imposibilidad que muchas veces, más tarde lo supe, existe para alcanzarla. Pero nos sentíamos poderosos por haber elegido el camino del rock. Veíamos por la tele lo que acontecía en Madrid con la &lt;em&gt;movida&lt;/em&gt; y se establecía en nuestro ideario de ensueño un futuro lleno de coches lujosos, noches de desenfreno, chicas que histéricas gritaban y deseaban acostarse con nosotros, cuerpos delgados, drogados y blanquecinos enfundados a la última moda, nuestra moda. ¿Cómo quedarse fuera de tan tentadora actitud si aquello era lo que deseabas con demoledor fervor? Imposible. Estábamos en ese estado que mencionaba antes de vulnerabilidad pasional y es irreal no creer lo que imaginas. Emprendimos gustosos, por tanto, el camino de la autodestrucción y que consistía fundamentalmente en imitar lo que otros hacían o habían hecho, porque aquello era así, de obligado cumplimiento, era el bocado forzoso que todo artista debía dar a la manzana prohibida si quería, paradójicamente, entrar en el paraíso. Ellos ya lo habían hecho antes. Elvis, Little Richard, Jerry Lee Lewis, todos los &lt;em&gt;bluesmen&lt;/em&gt;, todos los &lt;em&gt;jazzmen&lt;/em&gt;...Ellos fueron los primeros, los pioneros, nuestros apóstoles, nuestros revolucionarios. No había Pedros, ni Juanes, ni Pablos, sólo, tal vez, algún Judas de los que siempre habrá. Tampoco había Maos, ni Ches, ni siquiera Kennedys de los que también siempre habrá... No era que quisieras arreglar el mundo, no; lo que querías era arreglar tu propio mundo. Diseñar tu futuro a ritmo de esas canciones que desvelaban aquella otra vida que nadie había osado mencionarte y que se abría precisa ante ti como una flor misteriosa llena de colores juveniles y aromas embriagadores donde todo iba a ser posible. Sí, todo, incluso el desfallecimiento y la decepción que es adivinar que la adultez iba a romper en mil irrecuperables pedazos aquella perfecta armonía inicial. Comenzabas a fumar no porque te gustara el tabaco, qué va; lo hacías porque Ellos lo hacían. Bebías porque emborracharte es el primer peaje a pagar en esa autopista sin límite de velocidad que es la autodestrucción. Las drogas (ilícitas) llegaron algo más tarde, llegaron cuando la mente había consolidado y fortalecido insulsamente la idea de resistencia y victoria junto a la de presunción y orgullo. ¡Qué placer tan profundo era saber que lo habías hecho! El efecto, en cambio, era lo anodino. Lo que importaba es que habías saltado al vacío y en la caída, aparentemente - que es lo primordial en esa edad- no te habías roto nada. Así se repetía cada fin de semana. Mezclábamos todo eso con la búsqueda adicional del ingrediente perfecto que sería el dulce cuerpo (o tal vez algo más) de la chica deseada. Así recibimos la década de los 90 y así continuamos hasta casi su finalización. Porque si el final de los 80 nos había marcado con la influencia anárquica y contestataria del &lt;em&gt;punk&lt;/em&gt; –en España, como no podía ser de otra forma y para nuestra fortuna, con unos años de retraso- la entrada en escena –ahora sí a la vez que en el resto del mundo- del &lt;em&gt;grunge&lt;/em&gt;, que en menor medida era continuista del &lt;em&gt;punk&lt;/em&gt;, nos sacó de las barricadas desobedientes para situarnos involuntariamente en las trincheras de la contemplación pasiva y relajada de una vida llena de vicios, la nuestra. Fue en ese camino autodestructivo de contemplación cuando comprendí, por primera vez, que la poesía es la que iba a mostrarme la verdad de todo, de la misma forma que mitigaría crudamente su significado mediante el sufrimiento de la soledad. La soledad es terrible a cualquier edad, pero en la adolescencia es cruel, y sufrirla, una puta mierda. Pero de toda situación incómoda –y la soledad posiblemente es la mayor- uno debe sacar conclusiones positivas, al menos para intentar que ciertas situaciones no vuelvan a sucederle. Y cuando se tiene veinte años los errores pueden ayudarte igual que destrozarte, pero no hay que olvidar que queda todo por hacer, y ¿el margen de respuesta no es mucho mayor que si el error es cometido a los cincuenta? No voy a enumerar aquello que se sostenía débilmente en mi vida por aquellos años de los noventa –cada cual recordará las suyas-. Pero, como podéis imaginar, estaba pendiente del amor, atado al desencanto, a la desesperanza, al desasosiego y la zozobra. Mas en cambio, sí supe ver o comprender o tal vez simplemente recordar, aquellas situaciones que antes me habían desbordado la emoción y que, no obstante, estaban acompañadas de una buena dosis de sensatez. La música, las letras y la propia vida -mi vida y todo su alrededor como un universo único, claro-. ¡Vaya tres fuentes del entendimiento! Por un lado estaba la música -y su fuerza social- que me hizo vislumbrar que aunque imagines con ejemplos manifiestos algo que crees que podría llegar a pasar –ya sabéis, eso que dicen que es la política-, la calle y su expresión artística, rebelde y primitiva te sacude siempre con algo tan inesperado y espontáneo que sólo te queda hacer una cosa: disfrutar o huir. En un lugar conjunto a la música estaba, y sigue estando, la palabra y su mejor contenedor, los libros. ¿Cómo iba a ser de otra manera si fueron las metáforas de libertad que antes mencioné las que me descifraron el enigma de la vida? ¿Acaso no ahondan los poetas una y otra vez en el mismo objetivo? Si os dais cuenta es inevitable halagar las letras sin enunciar interrogantes, ¿a qué será debido? ¿A la búsqueda insaciable de respuestas? Y por último, como principal fuente, está la propia vida. El caos perfecto donde uno se enfada y se divierte a partes iguales. Y donde todavía está, y siempre estará, todo por hacer. Donde incluso la autodestrucción tiene su sentido porque es imperecedera y pertenece, mira por dónde, al vividor; también donde el adolescente siempre se encontrará desamparado y ansioso de ubicar sus intenciones con la única finalidad de sentirse parte de la gran manada que le rodea. Y el adulto lo que debe saber y entender es que siempre, como dijo Bob Dylan, &lt;em&gt;Los tiempos están cambiando&lt;/em&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-2268168717869894714?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/2268168717869894714/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=2268168717869894714&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/2268168717869894714'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/2268168717869894714'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2007/06/los-tiempos-estn-cambiando.html' title='Los Tiempos están cambiando'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RnlCaxSLADI/AAAAAAAAABs/WLynof-Z3ZY/s72-c/psycho.gif' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-4306711455733054142</id><published>2007-06-15T13:29:00.000+02:00</published><updated>2007-06-18T11:12:57.132+02:00</updated><title type='text'>Adalides de la Cultura</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RnJ5dBSLACI/AAAAAAAAABk/WMhMJ3BtMVc/s1600-h/picasso.gif"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://4.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RnJ5dBSLACI/AAAAAAAAABk/WMhMJ3BtMVc/s320/picasso.gif" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5076253269467791394" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pasado sábado charlaba con Carlos Zapater sobre los &lt;em&gt;Adalides de la cultura&lt;/em&gt;; y aunque más bien he de decir que yo únicamente escuchaba sus endemoniadas protestas, no le sobraba, para nada, ningún sentido a su cabreo. No voy a profundizar sobre la charla ni tampoco entrar a detallarla (ronda lo superfluo) porque el hecho polémico es tan insignificante para vosotros como plausible para la lógica. Pero sí me quedé, de entre todo su circunloquio, con lo que él llamó &lt;em&gt;adalides de la cultura &lt;/em&gt;y que en realidad no son otra cosa que arribistas de los que el mundo y en especial este país está rebosante. Gentes que necesitan halagarse intrínsecamente para, primero erigirse en defensores u opositores de un debate intrascendente para los demás, y segundo para creerse que su opinión enriquece y por lo tanto siempre enriquecerá lo opinado por ellos. Estos especímenes, de sobra lo sabéis, abundan en el mundillo de la opinión cultural. Si el crítico que en vez de arriesgarse a realizar su propia interpretación de la Realidad y que ha optado por el análisis (algunas veces acertado) de las interpretaciones ajenas no es más que alguien con complejo de artista, los arribistas no son más que gente con complejo de todo. No ya porque ansíen ser protagonistas de la cultura, no, qué va. Tan sólo lo hacen porque ansían inflamar su petulante ego y porque cuando se escuchan a sí mismos, la vanidad se les hincha como el buche de un palomo en celo. &lt;br /&gt;Siempre se ha hablado, y con mucha razón, del peligro de institucionalizar la cultura. Sabemos el riesgo que corre el cine por gestionarse en su mayoría por la Administración, más en estos momentos que la nueva Ley obliga a exhibir una peli española por cada tres foráneas. También conocemos el peligro de que &lt;em&gt;neoburgueses&lt;/em&gt; del tipo Ramoncín ejerzan de tutores de la difusión musical. Afortunadamente el teatro ha resbalado de las manos de éstos (los verdaderos piratas) porque el dinero que genera es ínfimo e irrisorio para la avaricia plutócrata. La pintura no corre peligro porque jamás sabremos bien cuál es su dimensión dentro del arte. Pero si, como vemos y sabemos, es delicado que la cultura se institucionalice peor es que la opinión sea expropiada por &lt;em&gt;intelectualoides&lt;/em&gt; de postal que se acompañan de mendrugos (gracias Blanca por recuperarme esta palabra) y que creen que su función es tan necesaria en la cultura como lo es el agua en la vida. Sobre todo porque amparados en su ilusoria idea acabarán por infectar de banalidad lo que antes creímos talentoso. Pero, ¿algo a temer de ellos? Nada. Igual que sabemos distinguir el agua limpia del agua estancada por el hedor que desprende ésta última, sabemos y podremos distinguir la opinión rancia de los arribistas de la opinión acertada de la gente corriente. Porque les guste o no, la cultura y en especial el arte, no es relativo, más bien todo lo contrario: Eterno. Es por eso por lo que no pertenece ni al tiempo ni a los de su tiempo sino a quien sepa ver la característica extranatural que por ser arte posee.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-4306711455733054142?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/4306711455733054142/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=4306711455733054142&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/4306711455733054142'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/4306711455733054142'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2007/06/adalides-de-la-cultura.html' title='Adalides de la Cultura'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RnJ5dBSLACI/AAAAAAAAABk/WMhMJ3BtMVc/s72-c/picasso.gif' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-3023566865030334415</id><published>2007-06-04T10:23:00.000+02:00</published><updated>2007-06-04T17:53:12.100+02:00</updated><title type='text'>Mi último adiós</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RmPNSp3sqvI/AAAAAAAAABU/ay1A3xLhS-4/s1600-h/jeffbuckley.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://4.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RmPNSp3sqvI/AAAAAAAAABU/ay1A3xLhS-4/s400/jeffbuckley.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5072123325710117618" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El día 29 de mayo de 2007 se cumplieron diez años de la muerte de Jeff Buckley. Posiblemente el músico con menor legado que más ha influido en los últimos años. Aquel día de hace diez años, mientras esperaba a que sus músicos se reunieran con él en Memphis (Tenessee) donde estaba grabando el que iba a ser su segundo, y a la postre último álbum &lt;em&gt;My Sweetheart Drunk &lt;/em&gt;(llamado después &lt;em&gt;Sketches For My Sweetheart Drunk&lt;/em&gt;) salió con un amigo para contemplar la puesta de sol sobre el río Wolf. Llevaban junto a ellos un stereo en el que oían música. Sonaba &lt;em&gt;Whole Lotta Love &lt;/em&gt;de Led Zeppelín cuando Jeff se zambulló, totalmente vestido, en el agua. Su colega reía y le daba caña al volumen; Jeff cantaba a voz en grito. Un barco de esos que hacen la travesía a lo largo del río generó olas que pusieron en peligro el stereo. El compañero de Jeff pilló el compacto para que no lo petara el agua y fue en ese fatídico momento que daba la espalda al río cuando Jeff desapareció. Su cuerpo fue encontrado, después de cinco días, a más de cien millas río abajo en Beale Street, una de las cunas del blues. &lt;br /&gt;Recuerdo la primera vez que escuché &lt;em&gt;Grace&lt;/em&gt;. José Luis me lo grabó en una cinta junto al &lt;em&gt;To Bring You My Love &lt;/em&gt;de P.J. Harvey. Era éste último el que más quería oír. Me tumbé en la cama de mi cuarto; bueno, vivía por aquel entonces en Orihuela, era mi segundo año de carrera, año 95-96. Me tragué todo el disco de la P.J. disfrutándolo un montón, que no veas cómo suenan las guitarras de ese álbum. Acabó el disco y la cara A de la cinta: era una T.D.K de las de siempre pero de noventa. Le di la vuelta, puse la cara B y los armónicos que rompían la ondulación en do mayor de &lt;em&gt;Mojo Pin &lt;/em&gt;me atrajo tanto que cuando la voz casi susurrante de la primera estrofa apareció – &lt;em&gt;Well I´m lying in my bed / The blanket is warm / This body will never be safe from harm / […] (Bien, estoy tumbado en mi cama / la manta caliente / este cuerpo no estará nunca a salvo del dolor / […]&lt;/em&gt;- me quedé dormido. Desperté a los cinco o diez minutos, apenas fue una cabezadita… pero se vio que hacía mucho tiempo que no me cantaban una nana tan especial. Después de aquel día fui escuchando una y otra vez el disco, memorizando los riffs, percutando los ritmos, gritando el “Did you say 'no, this can't happen to me,'” de &lt;em&gt;Last Goodbye  &lt;/em&gt;o el “and forget with this kiss” de &lt;em&gt;Grace&lt;/em&gt;…o el “eternal life is now on my trail”...¡joder cómo lo flipaba!…José Luis y yo tocábamos las que podíamos… conseguimos el &lt;em&gt;Sketches For My Sweetheart Drunk&lt;/em&gt; y los directos… todo era una obsesión &lt;em&gt;buckleyiana&lt;/em&gt; y por supuesto, ahora que han pasado diez años me sentía con la obligación de escribir estas miserables líneas en su recuerdo, pero no con una obligación moral ni espiritual, no nada de eso. Me veía con la obligación o mejor dicho, el deber, de decir bien alto que la muerte es una ruina, y peor cuando golpea al talento, y que además de que putea que desaparezca alguien tan creativo es que, además, le echo de menos. Echo de menos las que hubieren sido sus nuevas canciones, esas que el río nos robó para el goce de otros, las que nunca conoceremos y que se han quedado estáticas como su propia eternidad. Y le despido con sus propias palabras:&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“No hay tiempo para el Odio, sólo hay preguntas: ¿dónde está el amor? ¿Qué es la felicidad? ¿Qué es la vida? ¿Dónde está la libertad?” &lt;strong&gt;Eternal Life &lt;/strong&gt;del álbum Grace, editado por Columbia en 1994&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-3023566865030334415?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/3023566865030334415/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=3023566865030334415&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/3023566865030334415'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/3023566865030334415'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2007/06/mi-ltimo-adis.html' title='Mi último adiós'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RmPNSp3sqvI/AAAAAAAAABU/ay1A3xLhS-4/s72-c/jeffbuckley.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-167877167038467181</id><published>2007-05-16T12:40:00.000+02:00</published><updated>2007-05-16T16:18:23.765+02:00</updated><title type='text'>SUPERSTICIÓN</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RkruBt-qBfI/AAAAAAAAABE/FVMw-KMoVfk/s1600-h/gatonegro.gif"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://1.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RkruBt-qBfI/AAAAAAAAABE/FVMw-KMoVfk/s320/gatonegro.gif" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5065122444221220338" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Dicen que si el humano se ve solo, qué sé yo, tal vez perdido en el bosque, entregado al retiro, quizás convertido en solitario como el esteta que desea corregir la belleza propia más que la propia belleza, o prisionero de cualquier persona o sentimiento,  dicen, como digo, que si se encuentra solo, lo terrenal, lo superfluo, lo material, desaparece de nosotros independientemente de que la naturaleza de uno sea bondadosa o malvada, piadosa o vengativa; y que es en ese estado, que casi podríamos llamar de vuelta a la inocencia, cuando la superstición se presenta convertida en advertencia sensorial, y que ni siquiera la erudición te libera del temor a la incertidumbre. Curioso. Aparecería para advertirnos de aquello que, aunque antes hubiéramos conocido, ahora estaríamos siendo testigos de ello &lt;em&gt;in situ&lt;/em&gt;. Si lo piensas, es lógico. El peligro existe y éste trae consigo temor, que no veas si existe. Es normal que si las indicaciones previas al temor se repiten, uno concluya que dichas indicaciones son el propio peligro. ¡Y qué son las supersticiones si no indicaciones subjetivas del peligro! &lt;br /&gt;Los niños no son supersticiosos. No lo son porque su temor y sabiduría aún son superficiales, entendiendo la superficialidad aquí como estado de pueril indiferencia. Están preparados para atravesar, si hiciera falta, un pasillo en llamas con sólo sentir la mano segura de sus padres y no se atisbaría en ellos vacilación alguna. Son el público idóneo para contar la más terrorífica de las historias a única condición de que no se la terminemos nunca o se la repitamos una y otra vez – ejemplar paradoja-. Pasarían por debajo de una escalera sin temor a que ésta se cayera. ¡Por qué habría de caerse si la ven apoyada a la pared! Antes deberían temer que se cayera la propia pared que parece no estar apoyada a nada. No entenderían que les dijésemos que no derramen la sal porque da mala suerte cuando nos ven tirar día sí y día también comida a la basura. Y qué me decís de los gatos negros. ¡Pero si por el momento no conocen los nombres de los colores! Lo que sí inquietará y/o divertirá al niño será ver cómo el adulto va a buscar desesperadamente algo de madera para tocarla, o cómo agarra una dedada de sal para lanzarla hacia atrás, o cómo acaricia tres veces seguidas los botones de su camisa para contrarrestar el mal agüero.&lt;br /&gt;Está claro que los adultos, pues, somos los supersticiosos. Ya sea por ignorancia, costumbre o soledad, decidimos buscar en beneficio propio la intervención mágica de la naturaleza o la mediación divina. Y lo que también está claro es que los humanos, al igual que las hormigas, nos orientamos, con la cabeza gacha, siguiendo el sendero marcado por anteriores humanos y que cuando levantamos la cabeza y la mirada, también como las hormigas al despegar sus antenas del suelo, es cuando somos libres (aunque sólo un momento) de las exigencias del hormiguero y también es cuando, si tuviéramos valentía y nada que nos atara, podríamos marcar nuevos senderos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-167877167038467181?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/167877167038467181/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=167877167038467181&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/167877167038467181'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/167877167038467181'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2007/05/supersticin.html' title='SUPERSTICIÓN'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RkruBt-qBfI/AAAAAAAAABE/FVMw-KMoVfk/s72-c/gatonegro.gif' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-2766775948385083356</id><published>2007-05-08T13:03:00.000+02:00</published><updated>2007-05-08T17:30:34.512+02:00</updated><title type='text'>Radio S.O.S. Internet City</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RkBZshDo9VI/AAAAAAAAAA8/QUZFK7RPstY/s1600-h/radio.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://1.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RkBZshDo9VI/AAAAAAAAAA8/QUZFK7RPstY/s320/radio.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5062144602487190866" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Hoy sería fácil escribir de lo que fuera. Con echar un vistazo a lo que sucede o ha sucedido en el mundo tendría para llenar páginas y páginas. Con agarrar a cualquier politiquillo de poca monta, de ésos que empadronan a fantasmas para conseguir votos, tendría más que suficiente para que se abrieran polémicas y para que -seguro estoy de ello- vuestros comentarios fueran muchos y fundamentados. Podríamos comenzar con el rollo pesado y soporífero de las listas de Batasuna… que digo yo que si no nos gusta invitar al borracho que nos suele aguar la fiesta de disfraces que celebramos cada cuatro años, no “habría” que invitarlo aunque su disfraz pasase totalmente desapercibido para los dueños de la casa. Y si lo invitamos, no deberíamos rasgarnos las vestiduras cuando nos haya jodido la fiesta y roto algo de la casa. Podríamos hablar también del nuevo “Rey” de Francia y de cómo los españoles parece que le damos importancia a las elecciones gabachas porque las siglas de los partidos son &lt;em&gt;casi&lt;/em&gt; idénticas a las de los dos de aquí. La verdad, no me veo yo al Zapatero diciendo lo que dijo Ségolenè Royal de que los colegiales cantaran la Marsellesa antes de entrar a clase. Ni me veo al Rajoy… bueno, no lo veo. Tampoco voy a mojarme y decir que esa victoria refleja lo que sucederá en España. Aunque, en verdad, sí lo parece: no, no me refiero ahora a los políticos, me refiero a la liga de fútbol. ¿Vencerá la rigidez clásica al romanticismo libre? Unos parecen ahora fiables. Otros demasiado burgueses. Pero no, no quiero hablar de todo esto. Quiero hablar de la radio, o mejor dicho, de la intervención gubernamental sobre la radio en Internet. Y de su futuro más o menos incierto. Cualquiera que haya entrado estos últimos días a www.live365.com se habrá encontrado con una advertencia que en inglés viene a decir, más o menos, que el gobierno estadounidense va a sacar una Ley por la que “sólo” se permitirá emitir radio por Internet a aquellos que tengan licencias (¡a que os suena esto!). Es que hay que pagar royalties, cánones, derechos y todo ese rollo burocrático. Los estados, como siempre, interviniendo por intereses de asociaciones enquistadas en la sociedad. Con lo fácil que sería dejarnos en Paz y dedicarse a aceptar que fuera de las instituciones se tienen mejores ideas. En España va a ocurrir igual. La S.G.A.E. debe estar brincando de alegría con las medidas norteamericanas. En fin. &lt;br /&gt;El nuevo reto de las radios se centra en la interacción: una radio que no sea interactiva estará, si no a corto plazo sí a largo, condenada a desaparecer. ¿Por qué? Pues porque el usuario quiere escoger y la red ofrece esa posibilidad. Si deseas escuchar cierto tipo de música, la escuchas; y además si pagases, incluso te librarías de la insoportable y a veces insultante publicidad. Si deseas disfrutar del magazín que te agrada, no necesitarás tener que estar pendiente de la hora que lo emiten, &lt;em&gt;clickarás&lt;/em&gt; en una ventana y estarás oyéndolo. ¿Y las noticias? Pues ni qué decir, ¡pero si se escriben en la prensa digital al momento! Las hemerotecas eran necesarias y están muy bien, pero si ahora queremos enterarnos de cosas vamos directamente a la red; y ése es un servicio que las radios no deben pasar por alto.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-2766775948385083356?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/2766775948385083356/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=2766775948385083356&amp;isPopup=true' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/2766775948385083356'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/2766775948385083356'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2007/05/radio-sos-internet-city.html' title='Radio S.O.S. Internet City'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RkBZshDo9VI/AAAAAAAAAA8/QUZFK7RPstY/s72-c/radio.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-9090271829578387080</id><published>2007-04-30T18:13:00.000+02:00</published><updated>2007-04-30T18:46:51.138+02:00</updated><title type='text'>El espejo de la escritura</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RjYXxRDo9UI/AAAAAAAAAA0/hWlOBMgs3k0/s1600-h/Couple_in_the_Mirror.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://2.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RjYXxRDo9UI/AAAAAAAAAA0/hWlOBMgs3k0/s400/Couple_in_the_Mirror.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5059257366557029698" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy es el último día de abril y quiero escribir este artículo con la intención de superar mi tope mensual: en el mes de febrero publiqué cuatro artículos. He conseguido (estando como estoy en &lt;em&gt;ahora&lt;/em&gt; me suena extraño el &lt;em&gt;pasado&lt;/em&gt;) que abril sea el mes en el cual sobrepase la media de, más o menos, un artículo por semana; así que con éste ya son cinco. &lt;br /&gt;Escribir es al pensamiento lo que el espejo al vestirse. Uno primero elige, siempre con dudas, qué ropa es la apropiada según el tipo de acción. Si se va al trabajo, si se va al teatro, si se va al campo o si se va a la playa - aquí sí que sin ningún tipo de duda- escogemos lo adecuado… Hoy he elegido lo que leéis… Tras la elección viene el experimento: ver que tal camisa vaya con tal corbata; o los pantalones, no obstante de excelente lino, vayan bien con los zapatos de &lt;em&gt;serraje&lt;/em&gt; italiano; cerciorarse de que el tiempo es prudente asesor; y ese largo etcétera que todos de sobra conocéis: el cedazo bajo las ideas que dejará sobrevivir lo realmente personal… Pues bien, he elegido lo que leéis… Luego del experimento viene la tentativa, o tentativas, puesto que como no somos río podemos probar diferentes caminos las veces que nuestra voluntad quiera y la paciencia desee. Si la primera tentativa es satisfactoria estaremos en lo que los artistas llaman &lt;em&gt;estado de gracia &lt;/em&gt;y nuestras ropas parecerán realmente modernas, únicas además de útiles e impulsarán nuestro ego tan arriba que la hermosura será nuestra propiedad privada. Lo normal es que no seamos tan &lt;em&gt;artistas&lt;/em&gt; y necesitemos varias tentativas, bien porque el estado de gracia es cualquier cosa menos estado, o bien porque casi siempre accedemos a la hermosura mediante allanamiento de morada. Pero bueno, el caso es que con nuestra sencillez también superamos la tentativa y ya vestidos, nos enfrentamos con el que muchas veces es nuestro mejor amigo y otras más, el peor enemigo: el espejo. Ante el espejo se produce la comprobación, la verdadera demostración que nos reconocerá que la elección si no fue la mejor, al menos estuvo acertada; justificará mejor que un psicoanalista nuestro experimento; ayudará a olvidar las penurias de las tentativas y comprobaremos que lo reflejado no ha escapado mucho del rigor ideado.&lt;br /&gt;Se ha conseguido escribir, se ha conseguido vestir. Contentos de refrendar nuestro ideario nos enfrentaremos a las miradas y lecturas, que siempre son juicios o prejuicios, de los demás. Tendremos “amigos” que alegrados por nuestra elección dirán con entusiasmo “qué elegante vas hoy”. Otros callarán porque no suelen fijarse en las ropas. Habrá aquellos que reirán, o criticarán, o analizarán nuestros experimentos sin que sepamos seguro si ríen, o critican, o analizan por ocultar su falta de atrevimiento. Éstos últimos olvidan algo importantísimo en la vida. Ellos saben de sobra que hay que elegir bien. Todavía saben mejor que el experimento es tan necesario como las tentativas. Sin duda la comprobación sería lo que mejor sabrían hacer. Pero jamás saldrán a la calle con seguridad, puesto que les faltará la experiencia de repetir y repetir y repetir algo. La experiencia de mirarse una y otra vez al espejo. La experiencia de leerse una y otra vez el pensamiento.&lt;br /&gt;Y bueno, parece que he cumplido mi objetivo y ya son cinco los artículos este mes (añado que el &lt;em&gt;pasado&lt;/em&gt; ahora no me ha sonado tan extraño).&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-9090271829578387080?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/9090271829578387080/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=9090271829578387080&amp;isPopup=true' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/9090271829578387080'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/9090271829578387080'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2007/04/el-espejo-de-la-escritura.html' title='El espejo de la escritura'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RjYXxRDo9UI/AAAAAAAAAA0/hWlOBMgs3k0/s72-c/Couple_in_the_Mirror.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-3083575720703373869</id><published>2007-04-27T13:47:00.000+02:00</published><updated>2007-04-27T16:07:11.282+02:00</updated><title type='text'>A Mstislav Rostropóvich</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RjHjmhDo9SI/AAAAAAAAAAk/i3febKKYGXI/s1600-h/ROSTROPOVICH.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://2.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RjHjmhDo9SI/AAAAAAAAAAk/i3febKKYGXI/s320/ROSTROPOVICH.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5058074107361948962" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Мстислав Леопольдович Ростропович (27/03/1927 - 27/04/2007)&lt;br /&gt;A tu memoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Esta noche el viento vibrará con acordes estelares&lt;br /&gt;utilizará el arco de la luna  &lt;br /&gt;y en armonía con la media luz&lt;br /&gt;interpretará con belleza la sinfonía del recuerdo.&lt;/em&gt; (Pascual Pérez)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-3083575720703373869?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/3083575720703373869/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=3083575720703373869&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/3083575720703373869'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/3083575720703373869'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2007/04/mstislav-rostropvich.html' title='A Mstislav Rostropóvich'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RjHjmhDo9SI/AAAAAAAAAAk/i3febKKYGXI/s72-c/ROSTROPOVICH.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-3403248567857028737</id><published>2007-04-25T18:33:00.000+02:00</published><updated>2007-04-26T13:43:18.914+02:00</updated><title type='text'>El Periodista</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/Ri-GDRDo9RI/AAAAAAAAAAc/uaIwwJnj5Uw/s1600-h/Sanchez2.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://3.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/Ri-GDRDo9RI/AAAAAAAAAAc/uaIwwJnj5Uw/s320/Sanchez2.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5057408297236755730" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;17 de abril de 2007: &lt;em&gt;El periodista independiente cubano Oscar Sánchez Madan fue condenado en un juicio sumarísimo a cuatro años de prisión por "peligrosidad pre-delictiva", informó hoy una fuente de la disidencia interna.&lt;br /&gt;Sánchez Madan, de 44 años y licenciado en Ciencias Políticas, escribía regularmente para el servicio de noticias disidente "Cubanet", desde la localidad de Unión de Reyes, en la provincia occidental de Matanzas, según un comunicado de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN).&lt;br /&gt;La nota firmada por el portavoz del grupo, el activista Elizardo Sánchez, cita informes familiares según los cuales Sánchez Madan fue detenido el viernes 13 de abril y condenado poco después.&lt;br /&gt;El periodista ha sido internado en la prisión Combinado del Sur, ubicada en la periferia de la ciudad de Matanzas, unos 100 kilómetros al este de La Habana.&lt;br /&gt;De acuerdo con la CCDHRN, considerada ilegal por el gobierno, con la detención y condena de Sánchez Madan suman 25 los periodistas encarcelados en Cuba.&lt;br /&gt;La Comisión calcula que unos 270 presos políticos cumplen condena en cárceles de la isla…&lt;/em&gt; Así expresa la noticia www.cubanet.org. &lt;br /&gt;La verdad, no creo que sea necesario añadir en este blog que la Libertad de expresión en Cuba está más prohibida que la Democracia y que, salvo algún inclinado de fuertes convicciones hipócritas que le encontrará sentido a la sentencia de “peligrosidad pre-delictiva”, todos estaremos de acuerdo en que esa actitud sólo pertenece al despotismo.&lt;br /&gt;En realidad y muy a mi pesar, he de decir que lo que ocurre en Cuba también acontece en el resto del mundo -con la diferencia que, de momento, en los estados asentados democráticamente no te mandan a la cárcel por potencial “peligro”-. Pero ojo y al tiempo; los Estados con Democracias no van a mandar a nadie a la cárcel, no, no lo van a hacer pero sí en cambio prohibirán opinar libremente (lo llamarán regulación informativa o cosas así). De hecho, el proyecto de Ley que pretende sacar el actual Gobierno concerniente a un hipotético estatuto regulador del periodismo es algo, sino totalitario, un tanto mandón: se centra casi exclusivamente en que el Estado expida licencias a los periodistas para poder opinar. Esto significa, crudamente, que si al Aznar de turno le cae mal la opinión de cierto informador o periodista…zas, se eternizará la licencia y durante un período no podrá trabajar… si al Zapatero de turno no le gusta la rabia con la que se expresa determinado personaje periodístico…zas, la licencia se retrasará y el amo tranquilo porque así el informador, que no tiene el carné (es la leche), en caso de “informar” estaría incurriendo en una (¿grave?) falta y los jueces, entonces sí, podrían “castigarlo”.&lt;br /&gt;Obviamente los primeros damnificados serán los blogs. Pero como dice la tonadilla: nos queda la esperanza de hecha la ley hecha la trampa. &lt;br /&gt;El gran mal del periodismo es el propio periodismo y el gran triunfador de este mal será, también, el periodismo. Esto que parece una paradoja sin sentido no lo es. Rápidamente lo explico. Por una parte está la información maniqueísta, mamporrera de las ideologías, que, teniendo el derecho y/o tal vez la sabiduría, se creen con el deber de adoctrinar la futura cultura: he aquí el gran mal, la podredumbre del periodismo. Por el contrario, está la información aventurera que, teniendo el mismo derecho y/o tal vez sólo la subjetividad ética, se aliará con la cultura con el fin de prepararse juntamente para el futuro, sea cual sea: he ahí el ungüento.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-3403248567857028737?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/3403248567857028737/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=3403248567857028737&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/3403248567857028737'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/3403248567857028737'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2007/04/el-periodista.html' title='El Periodista'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/Ri-GDRDo9RI/AAAAAAAAAAc/uaIwwJnj5Uw/s72-c/Sanchez2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-8527676186668376467</id><published>2007-04-20T13:36:00.000+02:00</published><updated>2007-04-20T13:52:59.332+02:00</updated><title type='text'>¿Es importante?</title><content type='html'>En España, como sabemos, es imposible hablar de política sin percibir cómo alguien (suele ser casi siempre únicamente el inclinado)se convierte, a modo de mártir voluntario, en centro ficticio de las críticas que por derecho toda conversación o charla política debe tener.&lt;br /&gt;No voy a hablar aquí de política pero en el apartado &lt;em&gt;comentarios&lt;/em&gt; de este artículo he incluído una serie de correos que salieron de mí, volvieron respondidos a mí, salieron otra vez de mí y volvieron de nuevo a mí. Se iniciaba con un comentario que hizo la escritora Almudena Grandes en el que aseguraba literalmente: "Yo fusilaría a dos todos los días". Y bueno, no sigo. Si alguien quiere participar que deje su comentario.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-8527676186668376467?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/8527676186668376467/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=8527676186668376467&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/8527676186668376467'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/8527676186668376467'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2007/04/es-importante.html' title='¿Es importante?'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-7036683717667880079</id><published>2007-04-03T18:55:00.000+02:00</published><updated>2007-04-04T11:04:02.675+02:00</updated><title type='text'>¡Que llueva!</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RhNp-qqxIpI/AAAAAAAAAAM/N3ldF-yshwM/s1600-h/paraguas.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://1.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RhNp-qqxIpI/AAAAAAAAAAM/N3ldF-yshwM/s320/paraguas.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5049496132538933906" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Parece que hoy no lloverá. Lástima. Bueno, yo digo lástima porque me gusta la lluvia, aunque hay mucha gente que única y exclusivamente la desea por el sensato motivo de la necesidad hídrica, y por tanto consideran molestos esos días. Molestos o fastidiosos que viene a ser lo mismo. Que si las calles son obstáculos difíciles de atravesar por culpa de las ordenadas ramblas; que si los coches, multiplicados esos días, olvidan su educación y parecen ir a la caza de charcos con su correspondiente calado en la sociedad; que si el pelo se ondula por el exceso de humedad; que si hay riesgo de que la luz se vaya y lo que conlleva para el continuo funcionamiento de la vida (esto es una chorrada que no se sostiene ni un segundo pero como se arguye lo incluyo); que si no tal; que si no cual. Pues sí ya sabemos: nunca llueve a gusto de todos. Pero sabemos que esos inconvenientes lógicos se pueden contrarrestar con su misma lógica y así, argumentar con fondo ético y moral todos los convenientes. No, no os preocupéis, no pienso echar un rollo de adoración a Zeus para convenceros de lo bueno que es la lluvia. A quien le guste bien y a quien no le guste también. Os quiero hablar de lo divertido que es la lluvia. Bueno, en realidad os quiero hablar de lo divertido que es, cuando llueve, ver a la gente bajo la lluvia. En especial la que va agarrada al paraguas: el utensilio más ridículo y útil que jamás inventaremos. Los hay grandes, pequeños, de colores, blancos, negros, estampados, feos, bonitos, de propaganda, de señora, de caballero,… seguro que algunos esconden en el puño un sable o un estilete de matarife, o alguna carta secreta, incluso las escrituras de propiedad de algún viejo castillo enrolladas y ocultadas en el vacío bastón del paraguas.&lt;br /&gt;Supongo que de este invento se habrá hablado muchísimo y por eso no pienso seguir contando posibles modelos ni posibilidades de disimular cosas en el paraguas. Quiero hablar de la gente; de cuando vamos agarrados al paraguas como si fuéramos tranvías o coches de choque. De lo extraordinaria que se convierte la vida en los días que vamos agarrados a ellos… a veces ves a dos o más personas dentro de un minúsculo paraguas, introduciendo la cabeza para salvaguardarla del agua pareciendo a vista cenital enormes insectos… si el viento sopla fuerte puedes ver paraguas del revés mientras el propietario lo sujeta como si fuera un perro enorme y fiero que tira de la cadena con el mismo deseo de libertad que el propio viento… a veces la caballerosidad se acentúa con la lluvia y al ir con el paraguas cedes el paso con una gentileza propia de otros tiempo, levantando el paraguas como si fuera el sombrero, para permitir que alguien pase por tu lado… a veces ves a alguien pasear bajo su paraguas como si lo hiciese bajo un sol tibio y primaveral, suele caminar despacio, apenas se preocupa de su alrededor, acompaña su caminar silbando un pasodoble o tal vez &lt;em&gt;I´m singing in the rain&lt;/em&gt;, rueda el bastón de su paraguas para que gire como un carrusel y si no lleva una gabardina a conjunto del paraguas no es porque no lo haya querido así…&lt;br /&gt;También están los que no llevan paraguas ya sea por vergüenza o por olvido... algunos van pegados a los edificios como si fueran salamandras y aprovechan la cubierta que ofrecen los balcones para certificar lo innecesario del paraguas… a veces ves correr a gente (sobre todo jóvenes) cruzando las calles como si fueran gatos temerosos del agua… quizá haya algún niño que calzado en katiuskas salte de charco en charco con la inocente intención divina de separar las aguas…también resulta simpático ver a los que sorprendidos por la furia de los cielos agarran lo primero que tienen a mano y se lo enfundan a la cabeza, ya sea una bolsa de plástico, la chaqueta o una silla.&lt;br /&gt;Pues sí, lástima que hoy no llueva. Hoy volveremos a estar en la calle con la normalidad de nuestro clima y sólo algún precavido llevará su paraguas cerrado en su mano. Tal vez no sea sólo su paraguas y enrollado al puño de su bastón esconda un mapa en el cual diga dónde diablos se han escondido las abejas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-7036683717667880079?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/7036683717667880079/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=7036683717667880079&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/7036683717667880079'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/7036683717667880079'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2007/04/que-llueva.html' title='¡Que llueva!'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RhNp-qqxIpI/AAAAAAAAAAM/N3ldF-yshwM/s72-c/paraguas.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-7703415394203632531</id><published>2007-03-28T18:50:00.000+02:00</published><updated>2007-04-04T11:06:05.237+02:00</updated><title type='text'>MAÑANA</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RhNqdqqxIqI/AAAAAAAAAAU/x51CxaWhsHA/s1600-h/ancianos.bmp"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://1.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RhNqdqqxIqI/AAAAAAAAAAU/x51CxaWhsHA/s320/ancianos.bmp" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5049496665114878626" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Con el paso de los años, dicen que el pensamiento se relaja y que, junto a ese camarada moribundo que es la vejez, toda ideología se modera. Yo admito, con titubeos, que lo de la relajación del pensamiento y lo de la moderación de la ideología puede ser posible, pero añado, categóricamente, que existe algo que no se relaja con el tiempo ni mucho menos se modera, sino que, a mi juicio se acentúa y además, aparenta hacerse más agrio que el vino malo: hablo, por supuesto, del temperamento. Sin embargo, creo que coincidiremos en que debe ser divertidísimo, para un anciano, a ojos de la juventud, parecer de cuando en cuando un viejo cascarrabias. Tiene que ser como travesear como un niño sin ser recriminado sabiendo, por la sabiduría que te da el cansancio, que el joven es tonto por naturaleza; debe ser como si te convirtieras en invisible y le patearas el culo a todos los gilipollas del mundo; o como ganar la última partida yendo de farol… Es posible también que toda esa espontánea mala leche sea solamente un fingimiento, o una astucia parecida a la del perro dócil que a la vez que ladra, mantiene la distancia y ofrece un acuerdo implícito de mutuo respeto. Sea como fuere, prometo – y deseo- reflexionar realmente sobre esto cuando llegue mi turno.&lt;br /&gt;No es tanto la fortuna como la capacidad para oler problemas y huir de ellos lo que ha hecho que los longevos vivan en más y mejor armonía con sus coetáneos que el resto de la especie. Por supuesto siempre hay excepciones y si no las hubiera sería terriblemente extraño y preocupante.&lt;br /&gt;Yo no conviví con mis abuelos. Mi abuelo paterno murió unos meses antes de que yo entrara a escena. Lo que sé de él es mucho, pero como no puedo echar de menos aquello que no he conocido, diré que me hubiera gustado disfrutar de su música. Oírle tocar el violín o el requinto es algo que me habría llenado muchísimo: sólo mi imaginación me regala parecida sensación. Estoy convencido de que parte de su alma se quedó junto a su nombre en mí. A mi abuelo materno sí lo conocí, pero tengo el recuerdo de un hombre enfermo y postrado a una silla de ruedas que me regalaba sonrisas los días que lo visitaba: casi todos los días. Es paradójica esta vida; mi abuelo se pasó la juventud sobre ruedas de motos y bicicletas y la vejez la pasó sobre unas ruedas no tan veloces. Parece como si el cansancio vetusto le hubiera hecho un guiño diabólico. Murió cuando yo apenas tenía 8 o 9 años. Me hubiera gustado verle sobre su Royal Enfield viajando a Francia junto a la que sería madre de mi madre: quiso enseñarle París. Hablo de principios de siglo pasado cuando el gramófono del tiempo a duras penas empezaba a acelerar sus revoluciones. Pocas carreteras. Pocos automóviles. Mismas ilusiones. Mismo deseo de incierta felicidad.&lt;br /&gt;Afortunadamente tuve un tercer abuelo. El tío de mi madre. José Joaquín Catalán Martínez. El hombre que más claro me ha hablado en esta vida y a quien le debo el vicio de la lectura. Los recuerdos que tengo de él son infinitos. Su magisterio hacia mí ni las lecturas de &lt;em&gt;Chateaubriand&lt;/em&gt; pudieron superarlo y sus historias eran más entretenidas que cualquiera de &lt;em&gt;Dickens&lt;/em&gt;. Pero lo que más recuerdo fue el adiós que su mujer, mi tía-abuela, le dio una vez muerto. El cuerpo yacía en una habitación de la casa. Eran tiempos, no muy lejanos, donde el cuerpo se velaba en casa. Todavía la modernidad fea de los tanatorios no estaba extendida en toda España. Como digo, el cuerpo yacía preparado para el punto final y mi tía-abuela pidió estar a solas con él. Yo no obedecí del todo y me quedé escuchando escondido en el pasillo. Sus palabras entre lágrimas eran estas: “Cariño, ¿te acordarás de lo felices que hemos sido?”. Asomé la cabeza para verla. Quería verla. Y la vi besando el rostro de mi tío a la vez que le decía “te quiero”.&lt;br /&gt;Os cuento esto porque la lluvia me trae recuerdos. Recuerdos que de forma extraña son de futuro. Del futuro, que siempre será pasado anhelado. Un romanticismo que se ancla al alma en el fondo más envidiado del humano: la Felicidad.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-7703415394203632531?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/7703415394203632531/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=7703415394203632531&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/7703415394203632531'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/7703415394203632531'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2007/03/maana.html' title='MAÑANA'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_yzBO16GLb2o/RhNqdqqxIqI/AAAAAAAAAAU/x51CxaWhsHA/s72-c/ancianos.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-3005462576134154262</id><published>2007-03-08T19:21:00.000+02:00</published><updated>2007-03-09T15:00:32.945+02:00</updated><title type='text'>Requiem por el Humano</title><content type='html'>Los humanos, de lo que consideramos propio, hemos generado una defensa, en apariencia sutil y callada, más feroz que la defensa de lo verdaderamente propio. Lo que consideramos propio no es tangible por sí mismo, está en el interior de cada uno; libertad, derecho, amor, felicidad y ese largo etcétera que, indefinido físicamente, revela algo más fundamental que la individual existencia.&lt;br /&gt;Puesto que la mencionada consideración no podemos verla ni tocarla, ni mucho menos comprarla en unos grandes almacenes, pretendemos alcanzarla, apropiándonos de ella, con el simple hecho de intuir su significado; y es al intuir su significado cuando le otorgamos indirectamente un rango superior a su inane condición: una especie de &lt;em&gt;supraidea&lt;/em&gt; aparece entre los humanos para ordenar nuestro sentido en la vida, y dejando al margen el fondo y la forma de la &lt;em&gt;supraidea&lt;/em&gt;, Todos percibimos Su esencia porque es humana, únicamente humana, y  en consecuencia, propia.&lt;br /&gt;Ocurre que en la defensa de lo que consideramos propio, de las &lt;em&gt;supraideas&lt;/em&gt;, existe un ideal antagónico que de modo espontáneo aparece para convertirse en la única forma de afirmar lo intangible: es entonces cuando arremetemos feroces contra lo que consideramos enemigo de la &lt;em&gt;supraidea&lt;/em&gt;. Así, nos creemos esclavos cuando advertimos que la Libertad no nos pertenece, sentimos Odio cuando nuestro Amor salta por los aires, “decretamos” una Obligación en el momento que alguien se “excede” en sus Derechos, y consolamos a nuestra Felicidad con la Tristeza o Miseria de los demás. Todos los días vemos que, gracias al ideal antagónico, somos capaces de mostrar indignación o vehemencia a la hora de defender términos como Paz, Democracia, Igualdad (lo que acabamos de definir como &lt;em&gt;supraideas&lt;/em&gt;)… pero no usamos el mismo ímpetu cuando llega el momento de defender algo tan propio, o más, como puede ser el sostenimiento de los bosques, la caza indiscriminada de animales o el mantenimiento de los monumentos artísticos (estos términos son tangibles, &lt;em&gt;infraideas&lt;/em&gt;, no necesitamos intuir su significado porque, realmente, los conocemos de sobra, y por esa ridícula circunstancia, no merecen, salvo para unos pocos “locos”, nuestra defensa colérica). &lt;br /&gt;En ese largo tren de disposiciones y contraposiciones humanas, las sociedades, en su organización &lt;em&gt;política&lt;/em&gt;, para asegurar la estabilidad de la comunidad, necesitan desestabilizar a este antagonismo de la &lt;em&gt;supraidea&lt;/em&gt;. Para tal fin escogen, paradójicamente, un ideal antagónico; han adoptado de forma equivocada –tal vez por llana debilidad- la arbitraria justicia del Castigo, malinterpretando a modo de oprobio divino, de deshonra a la especie, cualquier situación “injusta” para la “mayoría”. Ya Dios, cuando era temido, expulsó del paraíso a los humanos castigándoles con un rencor excesivo a juicio de cualquiera, (teniendo en cuenta que sólo cometimos una desobediencia); además sabemos que Dios ha perdido para la Razón toda su ferocidad. Pero ¿para qué sirve el castigo? ¿Para recordarnos que no debemos hacer algo prohibido? Absurdo, ya sabíamos o sabemos que lo prohibido, vaya perogrullada, no debe hacerse. ¿Para “pagar” a la sociedad posibles fechorías? Absurdo, si se comete fechoría alguna es porque la sociedad y su moralidad importan un pimiento. ¿Para demostrar que la Ley de los humanos es fuerte, poderosa y equitativa? Absurdo, la Ley siempre se arrima al fuerte y al poderoso y por esa razón nunca será equitativa. Entonces si existe ¿para qué sirve? Sencillamente para suavizar o calmar el rencor humano ya que éste necesita ver el castigo ajeno para satisfacer su anhelo de Justicia; y porque además, en nuestra debilidad, no somos capaces de apropiarnos, de considerar como propia, la gran &lt;em&gt;supraidea&lt;/em&gt; que se defiende del Castigo por sí sola. Aquella que nos convertiría en más Humanos y, como dijo Oskar Schindler, en realmente poderosos. Esa &lt;em&gt;supraidea&lt;/em&gt; es el Perdón. Pero como el perdón precisa del sentimiento de culpa y la Culpa hace tiempo que dejó de ser humana, esta gran &lt;em&gt;supraidea&lt;/em&gt; sólo es concebible en el individuo que reconoce su culpa. El perdón, pues, pertenece a los honestos en particular y no a la especie humana en general; y por consiguiente, el Castigo pertenece a la especie humana y no a los honestos. De esta manera, el Castigo formará parte de la sociedad por siempre jamás. Pero ¿cómo conseguir que la defensa de las &lt;em&gt;supraideas&lt;/em&gt; humanas no conduzca a la institucionalización global del mayor de los castigos? Aquí entra en juego un factor importante en el humanismo que merece ser clasificado por encima de las &lt;em&gt;supraideas&lt;/em&gt;, y se trata de la Conciencia. Ella es la raíz desde donde debe sustentarse la defensa de las &lt;em&gt;supraideas&lt;/em&gt;. Desde la Conciencia, la Libertad no necesitaría defensa pues no habría Esclavitud. No aparecería Odio en la ausencia de Amor porque nos mitigaría el dolor y daría esperanza a nuestros deseos. No necesitaríamos Obligaciones ni Derechos porque la Conciencia es ambas cosas. Y no buscaríamos las Miserias ajenas para reafirmar nuestra Felicidad porque la Conciencia tranquiliza nuestra impaciencia. ¿Es posible que el Castigo desapareciese con una concienciación humana? A mi entender no. Pero sí tengo claro que el Perdón aparecería mucho más.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-3005462576134154262?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/3005462576134154262/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=3005462576134154262&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/3005462576134154262'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/3005462576134154262'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2007/03/requiem-humano.html' title='Requiem por el Humano'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-4647684971529429674</id><published>2007-02-28T20:03:00.000+02:00</published><updated>2007-03-01T17:37:30.390+02:00</updated><title type='text'>PARIDAD</title><content type='html'>Últimamente, no hay conversación donde no se oiga alguna que otra vez aquello de “todos los hombres son iguales”, o en su caso, “todas las mujeres son iguales”. Debo añadir también que en el tópico masculino, éstos, a menudo y sobre todo en temas de despecho pasional, suelen cambiar el plural “iguales” por otro más feo que dejo a la imaginación del lector. Y claro, no me extraña que ante tanta palabrería que se suelta por el bien de la igualdad, de la paridad y de toda esa ¿nueva? moda, se acabe generalizando y nos metan - os metan- a todos en el mismo lote. Y ¿a qué viene todo esto? Pues a que he leído que un estudio (¿?) realizado por  el Instituto de la Mujer desvela que el machismo, lejos de menguar en los últimos años, se ha incrementado y según dicen, bastante. Supongo que a tenor de la cantidad de noticias que diariamente nos inundan sobre la violencia doméstica/de género, y si aceptamos que las noticias son un reflejo social, parece que el estudio acierta plenamente. Sin embargo, a la hora de buscar responsabilidades, que no responsables, digo yo que algo tendrá que ver el papel que ciertas asociaciones desempeñan intentando lograr la ansiada igualdad. Echar la culpa a los hombres es fácil. Qué digo fácil, es facilísimo, pero nada difícil de refutar. Voy a ejemplificarlo de un modo vulgar (machista dirán algunos): la culpa de que un equipo de fútbol pierda, no sólo la tienen los delanteros que no meten goles, sino también los defensas y portero que, se les supone, algo deben hacer para que no se los cuelen; y si extendemos el símil, también tiene responsabilidad el entrenador, y no digamos el presidente del club.&lt;br /&gt;Lo que ocurre con estos temas tan triviales es que quienes deciden realizar un estudio estadístico para determinar posibles incidencias a corregir, son los principales interesados en que el resultado sea el adecuado y por supuesto, el esperado por ellos. Y como dice J. S. Pí, eso es dibujar la diana después de lanzar el dardo. Yo tengo muy claro que si se hiciera un estudio en busca del feminismo exacerbado, casi &lt;em&gt;misandrio&lt;/em&gt; o mejor dicho andrófobo, que pulula libremente en estos tiempos, estaríamos en condiciones de asegurar y sostener científicamente (¿?) que la igualdad es imposible. Yo ofrezco mi ayuda, y no se rían. ¿Por qué no proponemos los hombres cambiar palabras femeninas (me refiero al género no al sexo)? Ante juez y jueza, ¿por qué no saxofonista y &lt;em&gt;saxofonisto&lt;/em&gt;? Ya que existe médico y médica, ¿qué tal futbolista y &lt;em&gt;futbolisto&lt;/em&gt;? Con perito y perita (ésta es genial) ¿les gusta artista y a&lt;em&gt;rtisto&lt;/em&gt; o cineasta y &lt;em&gt;cineasto&lt;/em&gt;? &lt;br /&gt;Siempre que se localizan las miserias ajenas se hace la vista gorda en las propias y eso, que sí es miserable, es más insoldable que nuestras diferencias sexuales. Así que, como siempre, os propongo manteneros al margen de las generalidades y bueno, claro, porqué no, utilizarlas siempre que sea para compartir unas risas con mujeres y con hombres. Para reírnos los unos de los unos, los otros de los otros y los unos de los otros. ¿O acaso alguno o alguna tuvo al nacer la oportunidad de escoger su sexo?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-4647684971529429674?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/4647684971529429674/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=4647684971529429674&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/4647684971529429674'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/4647684971529429674'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2007/02/paridad.html' title='PARIDAD'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-5717287457516466934</id><published>2007-02-21T13:50:00.000+02:00</published><updated>2007-02-21T14:11:01.978+02:00</updated><title type='text'>Vino para todos</title><content type='html'>Acabo de leer en la prensa digital que la Ley de Prevención del Alcohol ha pasado a mejor vida; humm, qué perfección, ya lo creo, nunca mejor expresada tal locución. Estaba por la labor de poner en el encabezamiento de este blog, acompañando a la permisión de fumar, “se permite beber vino”, pero la sensatez de la resaca parece que no ha sufrido cambio alguno y podremos emborracharnos sin notar a las espaldas el dedo acusador y &lt;em&gt;señalador&lt;/em&gt; de los bienpensantes. Ay, es que no hay manera con estos nuevos pastores del post-cristianismo, quieren cuidar tanto de nosotros que en vez de proponer subidas de salario, reducción del horario en el trabajo, más jornadas festivas, facilidad para acceder a una vivienda (no, no me refiero a ampliar las puertas); como digo, en vez de hacer todo esto, les da por prohibir algo tan sustancial y humano como el vino. Nuestro infortunio es que a estos insurrectos se les &lt;em&gt;ha concedido el poder para remodelar la civilización, a golpe de decreto, a la medida de sus sueños de armonía universal&lt;/em&gt;. «Lo que choca en ellos», dice Dalroy en la novela de la cual este blog ha escogido su nombre, «es que siempre quieren ser sencillos y jamás despejan una sola complicación. Si les toca escoger entre el bistec y los pepinillos, verás que suprimen el bistec y se quedan con los pepinillos. Si les toca elegir entre un prado y un auto, sacrifican el prado. [...] Ve a comer con un millonario que pertenezca a una liga prohibicionista y no verás nunca que haya suprimido los entremeses ni los cinco entrantes, ni siquiera el café. Pero habrá suprimido el oporto o el jerez, porque los pobres lo beben como los ricos. Sigue observando y verás que no suprime los cubiertos de plata, pero en cambio ha suprimido la carne porque a los pobres les gusta... ¡cuando pueden hincarle el diente! Luego verás que no ha abolido los jardines lujosos ni las mansiones suntuosas. ¿Por qué? Porque son cosas vedadas a los pobres. Pero presumirá de levantarse temprano, porque el sueño es un bien que está al alcance de todas las fortunas. Es prácticamente lo único que todo el mundo puede disfrutar. Pero nadie oyó decir que un filántropo renuncie a la gasolina, a su máquina de escribir o a sus criados. ¡Ni loco! Sólo se priva de las cosas simples y universales. Renunciará a la cerveza, a la carne o al sueño... porque esos placeres le recuerdan que no es más que un hombre.». Y Santiago Alba Rico en el prólogo de la misma novela, resume: La cuestión gastronómica dirime una cuestión social, una especie de lucha de clases epicúrea y, más allá, un insoslayable problema antropológico. En la guerra entre los ricos y los pobres, entre la falsa y la verdadera sencillez, son los pobres los que representan la cultura humana y la civilización. Ese es el secreto que oculta la cruzada de los ricos contra los placeres del hombre ordinario. ¿Por qué renuncian en realidad a la cerveza, a la carne, al sueño? El portavoz irlandés de Chesterton lo explica con una frase lapidaria: «no sacrifican más que lo que les une a los demás hombres». Lo que les uniría a los demás hombres, lo que une en general a los hombres son los «lugares comunes»; y de entre todos los «lugares comunes» el más universal, el más accesible, el más democrático es la taberna. Yo añadiría a la formidable sentencia del señor Alba, que el bien más común que tiene el hombre es el vino.&lt;br /&gt;Así que no me queda otra cosa más que añadir. Acompaño con alegría esta decisión, no sin temer a que los mediocres zafios, una vez pasadas las elecciones autonómicas, retomen de nuevo la iniciativa. Y aunque no brindaré hoy con vino, me guardo un brindis a la salud de su existencia.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-5717287457516466934?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/5717287457516466934/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=5717287457516466934&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/5717287457516466934'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/5717287457516466934'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2007/02/vino-para-todos.html' title='Vino para todos'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-4520183259150613481</id><published>2007-02-19T10:33:00.000+02:00</published><updated>2007-02-20T14:49:47.646+02:00</updated><title type='text'>La Paz cuesta mucho...dinero</title><content type='html'>Pues sí, la querida España, o el conjunto de realidades nacionales que configuran el estado español, contará en su armada con misiles Tomahawk, "guau ou llea". La verdad es que después del desplante (perdón, desentada) de aquel desfile de las fuerzas armadas a la bandera de USA, parece muy sorprendente que les compremos misiles como si  fuéramos a por mazorcas de maíz, por cierto muy en crisis en España. Aunque un subterfugio será que las buenas relaciones entre USA-SPAIN nunca se habían enfriado y que somos países amigos, la otra lectura es clara: en estos momentos no hay ningún país que no esté comprando armamento militar; algunos reforzando su equipo nuclear (China, Corea, Irán); otros siguen comprando armas aun teniendo el equipo nuclear reforzado (Israel, Francia, UK); la OTAN reafirmándose, que esto suena como cuando el presidente de algún equipo de fútbol sale a la prensa a dar el total apoyo al técnico y&lt;br /&gt;ya sabeis que eso significa que a los dos días está el entrenador en la puta calle, pues ojo, ojo con la alianza atlántica que hay países como Alemania y Francia ( los nuevos amigos de España) que están deseando romper la OTAN y de una vez por todas (llevan años diciéndolo) crear el Ejército Europeo. Y digo yo, ¿es que se avecina&lt;br /&gt;algún tremebundo altercado bélico y los jerifaltes lo saben y se están preparando y no nos dicen nada y prefieren hacer su labor a la chita callando mientras nos cuentan bolos inútiles para entretenernos como si fuéramos galgos corriendo tras una inalcanzable liebre?&lt;br /&gt;Pues sí, ya sabéis que la PAZ cuesta mucho... dinero&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-4520183259150613481?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/4520183259150613481/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=4520183259150613481&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/4520183259150613481'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/4520183259150613481'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2007/02/la-paz-cuesta-muchodinero.html' title='La Paz cuesta mucho...dinero'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5689326178584423174.post-1189155475525130779</id><published>2007-02-16T15:01:00.000+02:00</published><updated>2007-02-16T17:06:31.917+02:00</updated><title type='text'>Las Hienas</title><content type='html'>En el enfrentamiento habita un ser, atractivo por su cobardía, que camina más atrás que la sombra, a una prudente distancia; y que al igual que las sonrientes hienas, aguarda a que el cansancio de los que se enfrentan aparezca y mezquinamente ofrecer su “ayuda”. Sin embargo, ¿cuál es el cansancio en un “enfrentamiento” si éste es dialéctico, de índole verbal? Respuesta obvia: la inmovilidad ideológica. La cabezonería; la cerrazón casi primitiva que hace que muchos se “inclinen” ante postulados o idearios obtusos y trasnochados, sin la valentía de luchar contra el principio propio y el propio e individual entendimiento. Una Inmovilidad simple por su contenido: no hacer lo que los otros dicen que se haga. A los nombres de &lt;em&gt;unos&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;otros&lt;/em&gt;, el mundo y su historia decidió hace tiempo ponerles apellidos como izquierdas y derechas, conservadores y progresistas, demócratas y republicanos, rojos y fachas (el “apocopismo” español suele ser muy gracioso a veces) y un largo etcétera que, aunque acotado, tiende al infinito. Pero ocurre que ante ésa inmovilidad, la dialéctica sufre y se convierte en un caleidoscopio de la comunicación donde el receptor es el propio emisor y transforma a su vez a la discusión en una partida aburrida en la cual sólo un jugador se divierte. Se antepone, de esta manera, la competitividad individual al placer intemporal de, en este orden, aprender, comunicar y enseñar. Y aunque también es verdad que hay una enfermiza obsesión en el humano por tener razón, lo razonable es, como dice Chesterton, no cerrar nunca una discusión. Pero volvamos a aquel ser cobarde del que hablaba al inicio. Aquél que aprovechará nuestra “inclinación”, nuestro cansancio, nuestra obsesiva competitividad, la indiferencia, nuestra comodidad, nuestra desgracia, nuestro dolor, nuestra necesidad individual y nuestra obligación social para ofrecernos la palabra maldita: ESPERANZA. Pronto olvidará la hiena nuestra esperanza (único tesoro individual, nunca social) para centrarse en su propio interés y se reunirá con otras hienas para formar grupos con los que asegurar sus intereses… y se harán llamar partidos políticos; formarán religiones; serán los salvadores de la humanidad y nos matarán por ello. De nosotros depende diferenciarnos de ellos y con valentía señalarlos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5689326178584423174-1189155475525130779?l=tabernaerrante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/feeds/1189155475525130779/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5689326178584423174&amp;postID=1189155475525130779&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/1189155475525130779'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5689326178584423174/posts/default/1189155475525130779'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://tabernaerrante.blogspot.com/2007/02/las-hienas.html' title='Las Hienas'/><author><name>Pascual Pérez</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04618294867116248964</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
