Hace unas semanas se celebró en España, concretamente en Madrid, el europeo de básquet. Os acordaréis, claro. Qué putada lo de la canasta que no entró. Joder, me había ilusionado con el equipo. Aunque la verdad es que, recapacitándolo bien, perdimos a la española. Falta un segundo para el final del partido, vamos un punto por debajo, el balón le llega a la estrella del equipo, pumb, salta, zas, lanza y fiu, el balón y la copa salen escupidos hacia terreno ruso. No podía haber sido más español. Pero bueno, somos así, qué se le va a hacer. Palabra de Pau. Punto.
A lo que voy.
Supongo que, al igual que yo, os habréis dado cuenta de que, últimamente, las competiciones deportivas sacan a relucir las más diversas características del fervor patriota. Y los españoles no íbamos a ser diferentes, qué va. Camisetas con toros, los colores cuanto más rojos mejor, las peinetas, los mantones, y toda esa retahíla de modelitos made in Spain. Yo, cuando retransmitían los partidos de la selección, iba eligiendo, conforme salían en la tele, especimenes de la España amplia. Los barrigudos me caen súper simpáticos por la sencilla razón de ser barrigudos. Todos sabemos que los sacan en la tele para que nos echemos unas risillas, pero cuán conveniente es no olvidar que las barrigas, como las risas, son universales. Luego también están los que se enorgullecen de su pueblo cuando están fuera de él, cómo no. Mola ver carteles donde se escriben frases tan poco insólitas como nada originales y en las cuales, los televidentes podemos leer: Biar con España; Desde Vigo con tesón, todos somos selección; o aquellas del tipo: Ana te quiero o Mamá estoy aquí. Sin mencionar esas otras que únicamente tienen como determinación u objetivo que saquen en la tele a la pancarta o a los “pancartistas”. Lo curioso de esto es que todo ese compendio de fauna ibérica siempre sale cuando el partido está parado y los camarógrafos, aburridos ellos de tanto juego (hombre, no podía ser de otra forma), se dedican a pasear su mágico ojo por aquí, allá y acullá.
Claro que si alguien merece la atención durante ese momento, nadie como las cheerleaders. Con sus falditas cortas, sus saltitos y sus bailes, ellas son las encargadas de animar el evento cuando éste entra en descansos o tiempos muertos; y aunque los telespectadores, debido a la obligada publicidad, las vemos poco, siempre me imagino las miraditas que el público de los pabellones debe soltar a las chicas. Pensándolo bien no es que sea muy español lo de las animadoras, no, no es nada español, pero una vez entrados en la globalización, competimos con todo y con todos. Ah y se me olvidaba, lo que sí es muy español es ver la faldita de una cheerleader rota y apañada con un imperdible. Si es que el remedio casero es lo que nunca deberíamos perder. Pero bueno.
Lo cierto, sin embargo, es que de todo lo que vi, lo que más me llamó la atención fue escuchar el himno nacional israelí cuando la selección española jugó contra Israel. Quizás algunos ya lo conocíais pero yo no. Conocía el de Italia, tan alegre y castrense. Por supuesto el alemán con toda su majestuosidad bávara o el ruso que parece aglutinar toda la ferocidad de Los Hermanos Karamazov. Pero cuando escuché el israelí me dije: huevos, aquí hay más dolor que alegría. Y tanto, parecía que se estuviera oficiando un funeral. Así que indagué y volví a escucharlo. Como no hablo ni papa de hebreo me interesó saber qué decían, por ese motivo, busqué en la red y me enteré de su letra: os la pongo aquí junto a su música para que juzguéis vosotros mismos. Es un vídeo que anda por youtube pero yo lo he traído con exclusividad a La Taberna Errante. Ah, claro, he de dar mi juicio, pues, cómo decirlo, bueno sí, a ver: cada vez que escucho el himno y leo su texto sólo me viene una cosa a la memoria: judíos o la supranacionalidad de la que hablaba Joseph Roth.
P.D.: volviendo a lo de animar los tiempos muertos o descansos, estaría bien que para el próximo Debate sobre el estado de la Nación hubiera un pequeño grupo de jovencísimas alocadas danzando entre discurso y discurso. Bueno, tal vez lo consideren sexista, ¿no? Pues nada, solución progre: una mitad jovencitas alocadas y la otra mitad jovencitos alocados (¡jo! alguno se creerá que está en Chueca). Yo creo que la audiencia, así, subiría tanto como las judías mágicas del famoso cuento.
martes, 25 de septiembre de 2007
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1 comentarios:
Gracias por difundir HaTikva. Te diría muchas cosa, pero no tengo tiempo ahora.
Shalom lehitraot.
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