viernes, 16 de febrero de 2007
Las Hienas
En el enfrentamiento habita un ser, atractivo por su cobardía, que camina más atrás que la sombra, a una prudente distancia; y que al igual que las sonrientes hienas, aguarda a que el cansancio de los que se enfrentan aparezca y mezquinamente ofrecer su “ayuda”. Sin embargo, ¿cuál es el cansancio en un “enfrentamiento” si éste es dialéctico, de índole verbal? Respuesta obvia: la inmovilidad ideológica. La cabezonería; la cerrazón casi primitiva que hace que muchos se “inclinen” ante postulados o idearios obtusos y trasnochados, sin la valentía de luchar contra el principio propio y el propio e individual entendimiento. Una Inmovilidad simple por su contenido: no hacer lo que los otros dicen que se haga. A los nombres de unos y otros, el mundo y su historia decidió hace tiempo ponerles apellidos como izquierdas y derechas, conservadores y progresistas, demócratas y republicanos, rojos y fachas (el “apocopismo” español suele ser muy gracioso a veces) y un largo etcétera que, aunque acotado, tiende al infinito. Pero ocurre que ante ésa inmovilidad, la dialéctica sufre y se convierte en un caleidoscopio de la comunicación donde el receptor es el propio emisor y transforma a su vez a la discusión en una partida aburrida en la cual sólo un jugador se divierte. Se antepone, de esta manera, la competitividad individual al placer intemporal de, en este orden, aprender, comunicar y enseñar. Y aunque también es verdad que hay una enfermiza obsesión en el humano por tener razón, lo razonable es, como dice Chesterton, no cerrar nunca una discusión. Pero volvamos a aquel ser cobarde del que hablaba al inicio. Aquél que aprovechará nuestra “inclinación”, nuestro cansancio, nuestra obsesiva competitividad, la indiferencia, nuestra comodidad, nuestra desgracia, nuestro dolor, nuestra necesidad individual y nuestra obligación social para ofrecernos la palabra maldita: ESPERANZA. Pronto olvidará la hiena nuestra esperanza (único tesoro individual, nunca social) para centrarse en su propio interés y se reunirá con otras hienas para formar grupos con los que asegurar sus intereses… y se harán llamar partidos políticos; formarán religiones; serán los salvadores de la humanidad y nos matarán por ello. De nosotros depende diferenciarnos de ellos y con valentía señalarlos.
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